17.7.11

El cerro del Chapulín


Compré unos chicles y crucé la calle para parquear la bici. Miré el reloj, C llevaba cinco reveladores y extraños minutos de retraso. Al rato me encuentro con B y confirma mi teoría: total ausencia de licor en el concierto. El caso es que el destino, de manera anticipada, trajo a mi presencia a la segunda invitada de la noche, alguien perfectamente enterada de mi encuentro con la chica que no terminaba de llegar.
—Oiga, y su amiga?
—Hablé con ella hace quince, dijo que llegaba en diez
—Se va a encontrar con esta chica que vino de Guayaquil cierto? …me lo contó su amigo.
—No, es otra.
—Uy pero usted sí que ha sido terrible marica. Oiga y hasta cuándo va a estar así?
—Así como.
—Así como quien no se decide
—Pues la verdad es que no se si esté listo para otra cosa.
—Vea marica yo de usted me iría a España. Allá se pasa increíble marica. Si va por Ibiza me llama y yo le digo en dónde encuentra de todo. Cambiando de tema le cuento que me estoy devolviendo para Medellín.
—Y cómo así…
—Es necesito estar haciendo plata marica. Tengo una deuda y viniéndome para acá me gasté un huevo marica. Además, estoy pagando la mitad del arriendo de la casa en la que vivo.
—Pero no llegaste recién la semana pasada?
—Es que yo me vine para montar un negocio de caterin marica pero la empresa se disolvió y nos quedamos sin el contacto...
—Chuta, mala onda
—Lo peor es yo aquí no conozco a nadie; para empezar un negocio de estos se necesita invertirle mucha plata. Ahora yo vengo de Bogotá tratando de dejar montando uno pero está difícil marica. En Medellín yo sé dónde hago las vueltas y le consigo todo más barato.
—Qué van a hacer más luego?
—Supongo que a dar una vuelta por la zona y ustedes?
—Vine en la bici, voy para mi casa.
—Qué le pasaría a su amiga marica?
—Ahí la veo llegando...
Se quedó del otro lado de la calle y me acerqué a saludarla. Traía el cabello perfectamente alisado. Le conté que me había encontrado con unas amigas y les hice un gesto para que se nos una. Caminamos hacia la tarima y nos detuvimos donde aún se gozaba de espacio. La música no estaba tan mala pero escucharla así, en seco, no ayudaba. Recordé la vez de un concierto cristiano al que me llevaron sin prevenirme. Algo que no me simpatizó en nada.
—Una chelita ha de ser...
—De ley.
—Dios nos libre de los abstemios.
—Oigan, nos vamos a ver chelas, nos esperan o qué onda?
—Les acompañamos, esto está muerto marica.
Caminamos a ver chelas en la Madrid y al volver seguíamos sin poder enchufarnos. Nunca lograré entender cómo es que en una ciudad tan fría como ésta hayan tantos grupos de reggae y ska, no se hable de ese 'rock latino tipo costa' que me cabrea. A, contó de su entrevista en la radio, J, de su marca de ropa y entre idas y venidas nos encontramos con muchas personas, entre ellas, y llegando hasta compartir un porro con él, un punkero que además de conocer a todas mis acompañantes, resultó ser el hijo de un profe de la U. Ya entonados y con Sal y Mileto en escena asomó otro amigo de C a quien J también conocía.
—Oh, marica, yo usted lo conozco. Usted es el que se vino a dormir a mi casa. Como era que le decíamos… Chapultepec.
—Como me hace la foca esta man.
Luego de muchas risas J me llevó a un lado y me sigió contando:
—Chapultepec! qué cague marica... este man me salvó una vez que yo no tenía como regresarme a la casa. Usted sabe que yo no conozco mucha gente acá y el tipo estaba del otro lado de la calle así que le ofrecí para que duerma en mi casa. Pero no pasó nada. Durmió con la cobija de mi hijo. Al otro día me despierta y le digo: oiga y usted quién es marica! y claro… era Chapultepec.
El plato fuerte recordó viejos éxitos y en la parte más próxima al escenario la multitud giraba como si alguien hubiese tirado la cadena. En el último tema, el vocalista marchó al estilo romano para terminar con la infaltable mandada a la verga a los chapas. Luego, el anuncio de la última banda de la noche y el disgusto general.
—Estos organizadores son una mierda. Vamos a la zona y le seguimos a las chelas.
—Estoy en la bici. Mándame un mensaje cuando sepas en dónde vas a estar.
—Acolítame a la puerta entonces.
Y eso hicimos. Al rato me encontraba camino a casa cortando el viento a ritmo de death metal. Todo estaba muy claro; así debía terminar la noche, sin embargo...

3 comentarios:

So dijo...

Uhh... no se guardó mi comentario :( Preguntaba si, al final, sin embargo te decidiste.
Y te decía si dejaste los puntos suspensivos abiertos, mientras escribes la segunda parte, como esas series de televisión viste, que les gusta cerrar con una escena de suspenso. O si acaso, debemos completar la frase, como a nuestra imaginación mejor le parezca.

Mercurius ter Maximus dijo...

los dejé porque sucedió algo después,,, cuéntame, qué crees que pudo haber sido?

Ana dijo...

Me gusta su relato, marica...Al ritmo del death metal, quedan pendientes esas cervezas, Merucrius... besos
C