10.1.13

inmature


—Me pregunto ¿hasta cuándo vas a seguir jugándote barcelona?
—Soy un reflejo de mis acciones, pero al menos soy portador de una identidad definida, tú no eres más que una suma de cantaletas.
—Regodéate mientras puedas. No aguantarás mucho sin nosotras.
—Lo lamento mucho, pero no puedo fingir más en medio de tanto absurdo.
—El hecho de que no funcione para ti no quiere decir que sea malo para la mayoría. Este camino que has escogido... ¿lo recomiendas?
—En realidad me vale un pepino. Ya déjame tranquilo ¿qué no tienes nada mejor que hacer?
—Que pierda el tiempo contigo no significa que no tenga nada que hacer.
—Podrías haber tomado vacaciones y seguiríamos en lo mismo.
—Eso es injusto. Aunque te niegues a admitirlo hemos progresado un tanto.
—Eso dices, pero volverás a fracasar. Lo mejor para ambos es que te olvides de este asunto por un tiempo, ten por seguro de que si cambio de opinión, sabré dónde buscarte. Pero eso nunca va a suceder. A menos que...
—¿A menos qué?
—A menos que vuelva a nacer. ¿Puedes arreglar eso?
—Lo siento mucho, pero no dejaré que te salgas de esta sin darte tu merecido.
—Es una verdadera lástima, disfruté mucho haciéndome a la idea de empezar todo de nuevo; pero eso sí, me habría gustado discutir nuevamente los  términos. 
Tu necedad no tiene precedentes, pero no basta para llevar a cabo el absurdo que traes entre cejas. Tarde o temprano cambiarás de opinión, y ya veremos qué inventas. 
—Digamos que tienes razón, digamos que un día de estos, pero hasta entonces me gustaría que te relajes.
—Oh, qué considerado de tu parte. Lo tomaré en cuenta.
—Me harías un gran favor.
—Eso ya lo veremos.

4.1.13

Fuego


Nos resistimos a reconocer a nuestros ancestros como seres desamparados. Imaginamos sus pasos en la oscuridad y no dejan de resultarnos forasteros; gente que en su momento fue tan real como nosotros, gente cuya naturaleza se vincula indisolublemente a la nuestra; muy a pesar de los siglos que puedan separarnos. El fuego que vemos es el mismo que fascinó a la humanidad de hace cien mil años. Antiguamente se pensaba que el fuego era una sustancia imponderable y misteriosa que formaba parte de los cuerpos combustibles. Este principio inflamable tomó el nombre de flogisto. Cuanto más de esta sustancia tuviese un cuerpo, mejor combustible era; el aire, por tanto, intervenía por simple acción mecánica. El principio químico de la combustión no fue entendido sino hasta el siglo XVIII gracias a Lavoisier y a la Ley de Conservación de la masa. Solo entonces, se pudo deducir que el fuego es posterior a la tierra y al oxígeno de las plantas fotosintéticas. Contrario hasta lo que en su momento pudo haber parecido obvio, el Sol no está hecho de fuego, sino de plasma incandescente. La antigüedad clásica consideraba que el fuego, junto al agua, la tierra y el aire, eran los elementos de los que estaban constituidas todas las cosas. En la antigua China se clasificaban los fenómenos naturales y sus interrelaciones mediante una Tabla de los Cinco elementos. Madera, fuego, tierra, metal y agua, en continuos ciclos de generación y dominación. El Feng Shui, por su parte, parte del estudio de estos elementos bajo la creencia de que existen flujos energéticos que influyen sobre la vida de las personas. Fuego, de Aarón Birnberg no es más que otro intento por descifrar los misterios de la naturaleza. Es como si de alguna manera, el fotógrafo quisiera decir: En el principio fue el fuego, y personalmente, lo tengo muy claro, observo las fotos y siento que no me atrevería a negarlo. En eso radica el arte, hacer pasar la verdad por mentira, o viceversa, buscando provocar en el espectador, como fue en mi caso, más de una vez y más de un segundo el asombro de descubrir a una bailarina o un paracaidista en medio de las llamas; más aún cuando la perplejidad toma la suerte de nuestros antojos y libres de todo prejuicio nos vemos fantaseando con las imágenes como en la infancia. La serie de fotografías que dan nombre a esta muestra son parte de un proyecto más amplio. Un registro de los elementos desde una concepción ‘clásica’. La química, y su implacable método, ha complicado las cosas al punto de heredarnos, como parte de lo que se ‘debe’ saber, una complicada Tabla Periódica que pocos llegan a entender como se debería. Este conocimiento, producto del poder y de la evolución del pensamiento analítico, es sin duda más exacto y confiable pero a la vez, más lejano al entendimiento que en ningún momento de la historia. Al ser un visionario y crítico de la vida y sus acontecimientos, encontré la forma perfecta para mostrar mis emociones y dar una mirada de lo cotidiano en no convencional y no tradicional. A través de esta muestra fotográfica, titulada “Fuego”, estoy demostrando que el arte se encuentra oculto en la naturaleza y hay que dejar que ella sea quien se encargue de mostrárnoslo. En la escritura china, el Fuego se representa con un trazo quebrado en medio de dos trazos continuos; el símbolo central, utilizado solo, representa a la persona, los trazos continuos, como dos pequeñas lenguas de fuego, denotan la habilidad o la posesión de este poder especial. El dominio del fuego fue un importante avance para la humanidad, tan importante que no hemos dejado de adorarlo. Tal es el caso de la llama olímpica, tal el caso de los miles de velas que se encienden todos los días en iglesias o improvisados altares. Pero hay algo que es seguro y es que el fuego seguirá fascinándonos y recordándonos nuestros orígenes, al menos hasta que el oxígeno o el combustible en la tierra se agoten, o en su defecto, hasta que la plaga humana desaparezca del planeta.