4.10.21

Denegri's dream


Me levanté asustado por el sonido de dos voces. Lo curioso es que estaba soñando: soñando que soñaba y que me despertaba.

No pude ver mi cuerpo en la cama. Quizá sea porque es tabú en sueños: un recurso del cerebro para que no te asustes y te despiertes por la impresión de verte ahí acostado, exánime y con las manos sobre el pecho, como un difunto.

¡Y si te vieras abrir los ojos! ¡Eso sí que daría susto! Como si en un acto de rebelión, el continente reclamara con celo su contenido: como si contener fuese su razón primera y estar hasta el borde su estado apetecido.

Habiendo alguien ahí ¿Quién, o qué, vendría a ser uno? Es por esta razón que no me esperaría algo de esta naturaleza; además, porque acabo de atribuirle voluntad a algo que no la tiene.

Ahí estaba la esquina y con algo de imaginación, la cama y la colcha de Bob Esponja, pero, simplemente, no se podía mirar (insisto en este detalle porque ansiaba reconocer mi cuerpo para tomar conciencia del sueño).

¿Un velo de maya?, ¿un bug de la matrix[1]?, ¿Una incepción casera e ingenua?, quizás algo de todas las anteriores, quizás ninguna: ¿Cómo abrazar la originalidad en un mundo en el que todo está dicho?

Acostumbro a evocar las escenas, los sucesos y el simbolismo que la maquinaria onírica despliega con la luz verde del inconsciente. Contrario a lo que pueda parecer, tengo tantos deseos reprimidos como cualquiera. A pesar de ser tabla por ambos lados, no soy de palo, y fantaseo en sueños como el resto de los mortales.

A veces caen mal los que… ¡Ah!, dejémoslo así.

Estaba, y al mismo tiempo, no estaba ahí. Había abierto la jaula de la experiencia corpórea en el umbral de la maquinaria onírica, y desplegando mis alas, incursioné en una mecánica de corte astral canalizada a través del inconsciente.

Ahora que lo pienso bien, en Inception[2] despiertan de un sueño para entrar en otro. Di Caprio podrá decir que saqué estas ideas de ahí, pero nones. En la película, el salto de un sueño a otro es puramente instrumental, además que de astral no tiene nada.

Hay quien afirma que la conciencia reside en el plano astral, cosa que no comparto, sin embargo, he tomado prestado el término con fines didácticos, una licencia para poder hacer visualizar al lector, con algo que le es familiar, algo muy difícil de explicar en otras palabras. Si esta experiencia “astral-onírica” no tiene nada de novedosa, ¡qué se le va a hacer! Y si algo tiene, y la posteridad me hace justicia por el neologismo, pues muchas gracias.

Escuché voces y fui hasta la sala para ver de quién se trataba. Sentados alrededor de la mesa, encontré bebiendo a tres personajes, así que me apuré a decir:

Señores, me van a disculpar pero no puedo descansar tranquilo con ustedes aquí.

Entre los asombrados intrusos, reconocí nada más y nada menos que a Don Aurelio Denegri[3]

¿Eres Denegri, el lingüista? le pregunté.

Denegri tomó un sorbo de licor de un minúsculo vaso azul y movió afirmativamente la cabeza. Puse mi mano en su hombro para que no se levante y custodié a los otros dos hasta la puerta, quienes me rogaron que les deje estar, pero fue inútil. Antes de irse, ofrecieron volver con unos culitos.

Bueno, bueno… ya veremos respondí.

Tener borrachos en casa, especialmente si me voy a echar a dormir, es algo que solo me pasa en sueños, sin embargo, nunca es mal momento para una buena cátedra de lingüística. Especialmente cuando compras recargas de tres dólares para tener internet y tienes que racionar los datos.

Denegri estaba bebiendo con fatalidad andina, su aura tenía el color de quien ha perdido el amor de una manera injusta. Al principio, acompañé su pesadumbre en silencio, y pensé en Lima: en la belleza de Miraflores, en la arquitectura colonial del centro histórico, en el muro de la vergüenza, el parque de los gatos, en el nada pacífico océano que baña la costa en el Callao; el Hotel Roma, las papas a la huancaína, la cerveza cuzqueña, y un poco hasta ahí llegaban mis recuerdos porque apenas estuve unos días.

Después recordé lo hablador que era Denegri en sus programas y pensé que si en efecto le habían roto el corazón, de seguro tendría interesantes referentes etimológicos para comparar su sufrir y reflexionar.

No creo que tenga nada de extraordinario exigirle a un lingüista de ese talante a usar la lengua para que haga brillar con ese acento limeño tan neutro, el castellano.

Oiga,Denegri, ¿qué es lo que tanto le aflige?

Pero Denegri seguía pensativo, ensimismado. Fumaba y exhalaba bocanadas de humo azul. El pequeño vaso, cautivo entre sus nudosas manos, parecía contener la respuesta a todas sus preguntas. El hombre quería beber hasta perder la conciencia, pero eso no iba a pasar porque un Denegri dormido no me servía para nada.

Ya, cuénteme Denegri.  ¿Quién le hizo tanto daño? Pero el hombre no lograba expresarse, al parecer, le faltaban palabras.

La sala estaba en penumbras y el momento se tornó aburrido y decepcionante. Yo era el dueño de casa y me había hecho expectativas, sin embargo, Denegri daba sorbitos a su vaso y se iba encogiendo en la silla de a poco.

No se encoja Denegri, mejor, cuénteme algo.

Acerqué mi silla, y puse los codos en la mesa. Viéndolo de cerca, Denegri lucía rejuvenecido y un chance manaba.

¿Eres realmente Denegri?

El viejo no dijo palabra, pero luego se reanimó un poco y volvió a asentir con la cabeza

Me contuve otro largo rato, pensando en respetar su momento, parecía sufrir como alguien con pensamiento profundo, pero al rato se me volvía a tornar inconsistente, así que lo tomé de las solapas lo levanté de su asiento y empecé a agitarlo como a un muñeco.

Diga algo, Denegri, por favor. ¡Oh!, un momento… Acabo de recordar… ¿Acaso Denegri no está muerto ya? A ver, a ver, ¿Quién es usted? ¿Cómo llegó a mi casa?

Denegri, se dejaba zarandear. Cuando me cansé de agitarlo lo tomé del brazo y lo saqué por la puerta sin certeza de si era mismo, o no, mi admirado Denegri.

Hecho esto, y listo para volver a mi cuerpo, me percaté con asombro que Denegri seguía sentado a la mesa con su inseparable vasito azul que brillaba como si el director de fotografía del sueño hubiese apuntado hacia él, una luz especial.

¡Ah!, eres un fantasma” sentencié.

Pero el tonto de Denegri no articulaba vocablo. ¡Habrase visto algo más desesperante!

Lo volví a sacar y volvió a aparecer en la mesa. Y así, tal como lo cuento.

Entonces me entraron unas ganas de mear de otra dimensión, y cuando entro al baño, el piso estaba colmado de arena de gato y la taza tapada igual. Como no me pude aguantar, no me quedó más remedio que apuntar a la ducha. Dirigí el flujo a una esquina y cuando se formó una lagunita, apunté a un lado seco, y así una y otra vez. La evacuación era tremenda y no parecía detenerse, así que empecé a jugar con el chorro, haciendo ir y venir las olas de la micción enturbiadas con arena.

El líquido empezó a evaporarse. Si hubiese despertado en ese momento… Pero no, la noche fue larga como una buena digestión.

Acordándome del farsante, pude sacar la cabeza del baño para espiar mientras ponía la otra bajo resguardo.

Para mi asombro, la casa estaba llena de gente y por la puerta entraban más.

Pude reconocer a los que acaba de echar y en efecto habían traído culitos y entonces, sentí el terror de los solteros cuando les cae una visita sorpresa.

Denegri me había hecho la casita y les había abierto la puerta.

Les pedí a todos que bajen la voz y que nadie entre al baño hasta solucionar el problemilla. Pero eso no se iba a solucionar así no más, ¿Quién era toda esa gente?  Habían tantos que no encontraba por dónde empezar para sacarlos a todos.

El primer grupo me puso carita de plis, como si de una buena fiesta se tratase; de hecho parecía una buena fiesta, se notaba a leguas que yo no la había organizado.

Caminé al cuarto y encontré a uno hablando a voces. Bofeteé al extraño y le dije que si no se comportaba lo echaba a la calle, el resto de personajes se estaban drogando, pero sin hacer ruido.

Resignado, volví al baño para ver qué podía hacer pero encontré la puerta cerrada.

Todo esto es su culpa, Denegri murmuré entre dientes mientras lo buscaba entre la multitud.

Cuando la situación no podía empeorar, ya con un pie en la sala, apareció uno de mis clientes, quién, al parecer, había regresado de golpe a la ciudad, y detrás sus tres hijas. Como no pude detenerlos, una idea entró a mi cabeza haciendo olvidarme de golpe de todas las demás: ¡Tenía que matar a Denegri!

Busqué al lingüista en todo el apartamento pero era como si se hubiese esfumado.

Cuando lo di por perdido, me percaté que junto al baño había aparecido una puerta, así que con el mentón bajo y los puños cerrados di tres trancadas y traspasé el umbral para sorprenderlo. Pero ni rastro de él, en cambio, ahí estaba Federica, peinando arena con un rastrillo japonés sobre una mesa de luz, y a su lado, completamente a la vista, aunque aislado por un grueso panel de vidrio, el baño de la inmundicia.

Mi cliente, habiendo constatado lo bien que me la pasaba en su ausencia, a pesar de las frecuentes quejas con que lo mortificaba por lo poco que ganaba en sus encargos, se marchaba ya por las escaleras.

Lo alcancé en el descanso para disculparme, y sin dejarme hablar, dijo que me había traído algo. Dirigí mi vista hacia donde apuntó su índice y mi vista aterrizó en el patio de abajo. En principio no pude ver nada, pero fijándome mejor, pude ver dos animales moviéndose rápidamente. Eran dos pollos negros.



[1] Concepto surgido de las ideas del mito de la caverna de Platón, supone una alegoría acerca de vivir creyendo que lo irreal y falso es la verdad. Además de una clara referencia a la filosofía cartesiana sobre la imposibilidad de distinguir el sueño de la vigilia, siendo la mente y la conciencia del "Yo" lo único que permanece en ambos estados.

[2] Inception es una película británica-canadiense-estadounidense de ciencia ficción escrita, producida y dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por Leonardo DiCaprio (Wikipedia).

[3] Marco Aurelio Denegri Santa Gadea2​ (Lima, 16 de mayo de 1938-Ib., 27 de julio de 2018)3​ fue un intelectual, polígrafo y conductor de televisión peruano. Si bien es conocido por sus trabajos sobre la sexología, también abordó la crítica literaria y la lingüística —especialmente— la gramática y la lexicografía. Fuente: Hélard; Estrada, Dorian; Valencia, S. (2018). 

2.9.20

Last frontier

Tiempo atrás, cuando la hierba aún traía semillas, hice uso del buen sentido en su forma más común, y puse a germinar unas cuantas (las más gorditas y compactas) entre capas de algodón, dentro de una lata de sardinas. Algunas lograron superar la inconstancia con la que humedecí sus camitas y echaron raíces. La mujer de aquel entonces me animó a etiquetarlas. Es una lástima que no recuerde los nombres. ¡Qué alegría da cuando los tallos empiezan a bifurcarse! Y hasta ahí todo iba muy bien, pero fase posterior demandó algo de logística. Conseguí una maceta de buen tamaño  y trasplanté los retoños. Lastimosamente, solo dos se adaptaron. Un amigo que pasó a saludar me dijo que fue por la tierra. Tierra del patio era. Poco tiempo después, cuando apenas empezaban a tomar altura, sorprendí al gato comiéndose una y le metí tal puteada no le quedaron ganas de intentarlo con la otra (por el vuelo en el que andaba se asustó el doble). La ultimita se agarró con la uñas y dientes a la maceta y empezó a desarrollarse. Le puse todas las cáscaras que salieron de la cocina. De vez en cuando le decía: ¡Oye estás flaca!  …a pesar de haber leído en internet que no definen el sexo hasta que no se las deja en completa oscuridad  por ‘x’ horas al día por ‘x’ semanas, llegado el tiempo de germinación, ¿o es de maduración?, ¡Ah!, ¡da igual!, la verdad es que no lo entendí entonces y tampoco lo entiendo ahora. Mi planta no se parecía en nada a los enmoñados ejemplares de las revistas, la pobre no tenía mucha presencia, carecía del abrigo de enmarañados filamentos y no devolvía reflejos de tornasolados cristales. Su paleta de color se reducía a los verdes de un pantalón militar. Pero a pesar de su aspecto corriente, la desecada ramificación plantiforme atesoraba en sus fibras la fórmula de su consagración: Esa química infalible tan ancestral como la risa. Cuando alcanzó buena altura sentí la necesidad de presumir como se presume de un hijo. Pero no eran tiempos de redes sociales. Llegado el momento, despachó unos modestos cogollos y empezó a disipar sus esporas. Cuando el olor empezó a llegar hasta El Cremor Tártaro supe que su tiempo había llegado. Sentí algo en pecho cuando la arranqué de la tierra. La tuve colgada del techo una semana. Y después, ¿cómo explicarlo?: fue maravilloso. De camino a Santiago, llené hasta reventar una pipa grande y dejé el resto con la novia de entonces, en un tarrito navideño con olor a chocolate. A quince minutos de la frontera entre Perú y Chile, me entró el pánico con los pacos de la frontera. Cualquier perro entrenado me habría detectado esa pipa apestosa. Así que aprovechando la parada, me fui detrás de una gasolinera y carburé hasta que solo quedaron cenizas. Escondí la pipa bajo unas piedras y regresé bien tostado al autobus pensando en que la recuperaría en el camino de vuelta. Cuando la policía de migración me preguntó qué llegaba a hacer a Chile no pude contener la risa.



6.2.20

Despertares


En la cresta de la sensación
de un dolor insufrible
parece que se vive dos veces

previo al descanso con que premia la muerte
parece que la vida, desafiando su propia magnitud, se dilata

golpes de gracia y estocadas finales
a veces proféticas
y otras veces sarcásticas

profundidades en las que nos hundimos
cornisas en las que resbalamos
flujo inagotable de los sueños
que por la conmoción, no se recuerda

y entonces volvemos
y la vida nos parece un regalo
que al instante, se diluye

8.1.20

Terror bajo el sol


Miraba tres musas proyectadas en un sofá cama, decidiendo cuál estaba más regia. Y como pasa cuando se nos obliga a escoger entre dos cosas igual de buenas, me estresé y pedí en voz alta por la dueña de casa. Al instante estaba, aunque dudo que de vuelta, en la sala, meditando sobre mi lentitud y rumiando las fibras de una tenebrosa sospecha. Entonces apareció ella, fresca y olorosa como acabada de salir del baño. Sus dotes de anfitriona hicieron brillar el momento y me sentí amado y feliz bajo las sábanas que aparecieron, como por arte de magia, para envolvernos, mientras jugueteábamos en los sillones. Como lo bueno dura poco y lo muy bueno dura mucho menos, algo en medio de esa diversión se quebró. Me levanté, y disimulando buscar en donde arreglarme las mechas, caminé hasta el lustroso mueble de roble al que habíamos estado dando las espaldas. Como ya temía, no pude verme en el reflejo de sus cristales. ¿Para qué me habré salido del cuarto en un principio? me pregunté con furia: ¿tan mal acostumbrado estoy a la felicidad? ...Y no, señor, ya habría querido yo que esta fuese una historias de vampiros y contarles que ese mismo rato le había saltado al cuello a la una y que luego había ido al cuarto a hacer lo mismo con las que quedaban, total, con el alboroto, el orden no me habría importado. Pero no, preferí dar unos pasos de costado y verificar que no haya sido un efecto óptico o una falla ocular por la incipiente iluminación. Hecha la comprobación, supe que tenía un veredicto, así que como buen comedido, le dije a mi acompañante que estaba en uno de mis mis sueños y que si quería podía irse. ¿Irse? ¿que no estaba yo en su casa? Así que recuerdo haberle dicho: !Podemos hacer lo que queramos!, pero el efecto era obvio, ¿no habíamos dejado ya de hacer lo que allí se hacía?, sin lugar a dudas aquello no tenía futuro, y yo sabía muy bien por qué.


Reaparecí en una urbanización a la que me gustaba llevar mis pasos, por allá temprano, en la infancia. Dos niños caminaban conmigo. La niña me hablaba de muchas cosas, el niño se mantenía cerca pero no decía nada. No consigo recordar nada de la charla: sé que filosofamos y que reflexionamos hasta llegar a una especie de cuarto de lavandería. En este punto, la conversación fue cambiando de tono y el niño empezó a no quitarme la vista de encima. Mi sexto sentido onírico (que funciona como un reloj atómico) me mandó un aviso: algo va a suceder !prepárate!, y como canchero que soy, y como Juan sin miedo que soy, decidí esperar a ver qué pasaba. La pequeña rubia me hablaba cada vez más cerca ¿Qué me decía? No lo sé y creo que no quiero saberlo. Si hubiese sido una peli de miedo, se habrían escuchado las disonantes notas que anteceden a los momentos más terroríficos, pero no; ese pequeño patio soleado no asustaba a nadie, ...a nadie que no haya flipado con el grotesco-sublime de Linch. La niña se fue acercando hasta quedar muy cerca, y como ya mencioné, no recuerdo lo que decía. Ya me esperaba algo raro, lo admito, mi inconsciente me había venido alertando. Contenía la respiración y me preparaba para lo peor. Entonces, ante mi cuerpo paralizado, la niña estiró su boca y luego todo su rostro para envolverme. La miré como quien no teme la muerte hasta que tapó por completo mis ojos, y cuando todo se hizo negro, le escuché decir: Nosotros no somos los demonios de este universo.

1.11.19

Más escaleras



Sueño uno. Estoy pasando hambre en una vereda de Londres. Alguien me regala un pastel con mucha azúcar. Me lo empiezo a comer y camino hacia una alameda. Alguien dice: Miren, una alpaca! ...miro a la alpaca, la alpaca mira mi pastel, se me acerca y me lo roba. Sueño dos: Estoy en situación de pánico, mirando desde lo alto de unas escaleras. Por alguna extraña razón, tomo conciencia del absurdo y concluyo que se trata de un sueño (ayer por la tarde, mientras almorzaba, vi un capítulo de Dragon Ball en donde Gokú y Krilin, como parte de una prueba impuesta por el maestro Roshi, son transportados a un lugar en donde decenas de Cells, Napas, Freezers, y etcéteras aparecen y reaparecen según los van eliminando; así hasta que se dan cuenta que son sus propios demonios y que deben controlar su ki para hacerlos desaparecer). Entonces, recuerdo repetirme: esto es un sueño! esto es un puto sueño! y en súbito acto de valentía, o de fe, dar un salto al vacío para comprobarlo. ..Guardo la sensación de un espectacular descenso, y ...ah! ...ahora recuerdo! ...llegaba tarde al trabajo, estaba en un centro comercial, y aún quedaba un obstáculo por delante. Pueden imaginarse cuán canchero hay que sentirse como para lanzarse de cabeza contra una pared con intención de atravesarla? ...porque eso es lo que hice, y llegué puntualito!

19.10.19

Escaleras


Invitación a colarse en una fiesta, busetazo al sector, comida rápida y charla insustancial. El que nos va a colar está por llegar, las bielas hidratan la espera. Finalmente llega un loco con un tambor y caminamos en grupos hasta el edificio. En el piso más alto, luces de colores orbitan como sirenas. La música resuena, la noche promete. Una puerta lateral y muchas escaleras. El tipo del bombo suda a mares. "...nos van a tocar las doce en estas putas escaleras" le digo, y ansioso, le quito el peso y apresuro el tranco. Arriba, frente a una puerta de vidrio de doble hoja, nos amontonamos mientras llegaban los resagados. Como salido de una sesión de crosfit, apareció finalmente el invitado por la boca de las escaleras, se puso a la cabeza del grupo y empezamos a entrar. En la primera estancia, con la típica facha hipster de camisa a cuadros, pantalón de domingo, y antejos, un tipo me clavó la vista con cara de asustado, "...le faltan los tirantes", pensé, "seguramente está temiendo que se le caigan los pantalones", pero no pude haber estado más equivocado ya que no resultó ser un curioso ni tampoco un metido. A dos pasos de hacerme humo en la multitudinaria orgía que se abría ante a mis narices, se interpuso en mi camino y dijo: "Qué pena con ustedes, panas, pero mi mamá me acaba de decir que hay mucha gente y yo a ustedes no los conozco". "No me conoces, pero me vas a conocer", le dije, y mientras era sujetado por raimundo y medio mundo, desperté con la violenta sensación de no poder presumir lo bailado.

9.8.19

Oe!


Estaba comiéndome una arepa y hablando amenamente con una pareja joven y algo ligera en prendas que había conocido; y como me suele pasar cuando estoy despierto, olvidé sus nombres. Masticaba y empezaba a perder la atención, y en una suerte de placer asonognósico-gástrico (puedo jurar), sentí ese par de conjuntos de letras bajar por el esófago bien aglutinados con la carne mechada. Entonces aparece el tipo este de Wix, así tal cual, como si hubiese saltado del canal de YouTube al establecimiento. ¡Vaya que me impresioné!, ¡lo odio tanto! El cuerpo me mandó un aviso, y una paloma hecha de números con un efecto rotoscópico se me posó en el hombro a susurrarme: a ver hijito, ¿no has tenido bastante?. Intenté reincorporarme con naturalidad sobre el taburete, pero una punzada me devolvió a la charla. Me agarré la panza (en el sueño tenía una, culpa de la arepa supongo) y empezaron a jalarme de la manga de la camisa y a preguntarme: ¿Entiendiste? ¿Entendiste? ...Tomé aire y miré al costado, el tipo de Wix estudiaba los precios con cara de emprendedor. Me sacudí el brazo y me acerqué para verlo mejor. Al darse cuenta de mi presencia, este tal señor Z me plantó el rostro en un ángulo nunca antes visto ...y yo, desconfiando aún de su autenticidad, y así como quien no quiere la cosa, le pregunté: ¿Oye...y tú qué haces? ...y me apegué bien para escucharlo de nuevo.

10.10.18

monster Inc



Ocurre que a los monstruos les gusta volver con tiempo a sus portales; de cuando en cuando, algo inesperado puede empujar de manera prematura las oscuras alas de la noche. Todos los que usamos estas puertas debemos saber tres conjuros. El primero es muy simple, natural e intuitivo, y no se puede enseñar ni transmitir porque para todos es diferente. Sin recurrir a metáforas, abrir la primera puerta te da acceso a lo inaccesible. Girar el pomo es como usar la llave. El mundo de las puertas funciona según las leyes de la física. Los monstruos deben mantener el equilibrio. Nada se crea, nada se monstruye. Si una puerta se abre se debe cerrar otra. Una puerta abierta es como una válvula abierta, como una fuga que hace perder presión en alguna parte del sistema. Dejar abierta una puerta supone alteraciones en los mundos y es por esto que para cerrarlas también se necesita un conjuro. Por último, dispones de la facultad de invocar un defensor, (o un defensor/atacante dependiendo del caso). Este conjuro funciona como un seguro de vida y te lo enseñan cuando dejas la ogrolescencia. La mayoría de los monstruos recurren a este hechizo cada noche, incluso hasta por joder. Los que hacen de escudos, de magos, y todos aquellos de los que, podría decirse, forman parte de la fuerza bruta del clan, se viven quejando por ser invocados cuando no se los necesita, ...y que la tan otrora apreciada capacidad en el arte de la persuasión se había venido abajo desde que algunos fantoches escalaron, de manera dudosa, en clanes aún más dudosos. Entendidas las leyes de la monstruodinámica y con ese trío de ases bajo la manga es de muy tontos meterse en problemas. Las puertas se abren en el lugar que llevas en mente y se cierran cuando dejas de pensar en ellas, con un detalle importante; si olvidas un lugar, pierdes la posibilidad de volver. ¿Lugares recurrentes? Mirad al monstruo que no puede sacarse un momento de la cabeza. Su portal es amarillo de tanto entrar y salir. En contraposición, ogros de corbata que sólo verás una vez. A primeras horas de la mañana, los pasillos del Ogro-Domo, por poner un ejemplo fantástico, se infestan de personajes de todas las condiciones monstruonómicas. El Ogro Dromo es una bella colmena de egos zumbantes haciendo fila para llegar a casa. En el sindicato tenemos un lema: de hombres suponemos, de monstruos no sabemos.


30.9.18

Contrarréplica


Te escribo porque hablé con mi broder, le conté de la huevada, y me pasó el contacto de un loco de la poli para que me de averiguando las claves de los mails, del face y de tales. Total, este loco, un personaje. Supe de un vistazo que me ayudaría y que no me costaría un huevo como estaba pensando, de hecho, el precio es vergas para lo que me ahorraré. Le hice el depósito al tipo este ayer, y adivina, anoche mismo me envió todo lo que le pedí! ¡qué clase de freack, bro! ¡tengo las pinches claves de todas sus pinches redes sociales! …y lo que me encontré mi hermanito, ni en mil años hubiese podido elucubrar ni la mitad de lo que me vine a encontrar. Ya me lo había dicho el Tote hace miles de fus …y ese otro broder …ese man que se hizo folder, ¿cómo era que se llamaba…? en fin. Una vez me enviaron una foto suya con el tonto ese de la piscina. Anónimamente, of course! La foto no era muy buena, pero claro, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Ahora que he podido ver las truculencias en sus cuentas, ya no me queda la menor duda que siempre fue ella. Y he pasado pensando en puras huevadas y es que, a pesar de que vos seas su hermano, me atrevo a asegurarte que tú tampoco la conoces. ¿recuerdas que me contaste que no tienes memorias antes de los seis años? pues bien, he pensado que tal vez, en ese tiempo, tu verdadera hermana, pudo haber sido reemplazada por esta que conocemos. Entiendo que no caches nada, pero para eso mismo te escribo, para que caches, y para pedirte que vengas a la función que tendrá lugar en nuestra casa, esta misma noche. ¿Detendrá el tiempo y desaparecerá ante mis ojos?, ¿se hinchará hasta reventar como el muñeco diabólico?, ¿se le voltearán los ojos y empezará a repetir líneas de código como una replicante defectuosa? ¿se abrirá por la mitad para descubrir su naturaleza insectoide? No lo sé. Con suerte, quizás, no me devore, y se limite a decir que se casó conmigo por pura insensatez, que siempre me tuvo lástima y que, de todas formas, ya había tenido pensado marcharse. Te estoy adjuntando unos cuantos mensajes para que veas que no te estoy mintiendo. Puedes pensar que soy un enfermo (y no te culpo) por haberme dado el tiempo de leer tanta basura, pero de ahora en adelante ya no le comeremos más el cuento hermanito querido. No tienes una idea de lo que le ha sabido decir de nosotros a sus amigas. Y yo creyéndome eso de agrio, de mal comediante, y vos, pensando que no te daban bola por ser artista, pero ya verás …y no pasa nada, cierto es que se nos ha pasado un poco el arroz pero si lo pensamos bien, nunca es tarde para nada en esta vida, así que las buenas noticias, y si es que aún te quedan ganas, es que ya me contarás cómo estuvieron los polvos con la Guillermina.



17.4.17

Chapat


Chapat ya trae esa mirada. Agobiado en su propio territorio y a merced de su incontrolable necesidad de fisgonear. Chapat podría quedarse quieto, y ahorrarse una que otra paliza, pero algo se lo impide. Como cualquier persona sensible, me alarmé mucho cuando le descubrí la hilera de mordiscos que le propinó un rival: algunos muy profundos. Quien haya bañado un gato se dará cuenta la dificultad que supone curarlo. Por esas cosas de la vida, mientras tuve que ausentarme de la ciudad, me fui enterando de las nuevas heridas de parte de quien se hizo responsablemente cargo. El caso es que para cuando llegué ya lo había venido curando algunas veces. Quién más podría ser sino ese gato blanco y cabezón, que sabía aparecer, erguido y altanero, por un lado como por otro de la casa. Sin duda un gato más viejo y experimentado. El asustado Chapat otrora era un gato dinámico y atrevido. Cuando era más pequeño y flaco le hacía correr a la Sukini de aquí para allá; a la Sukini que ya vivía con miedo desde que se cayó desde el tercero y se quedó bizca. Pobre suki también. Las visitas siempre coincidieron en que el Chapatio era súper veloz en sus acrobacias y veíamos los largos saltos que daba con sus largas patas y decíamos: “este cabrón, tarde o temprano, va a ser el puto amo de este territorio”. Pero no. Hoy estos gatos viven asustados hasta de sus sombras; entrando y saliendo con el pecho a tierra para pasar por la puerta que se abre al descanso. Mirando nerviosamente de un lado a otro como sintiendo el acecho perpétuo de un demonio invisible o hasta de la misma muerte. Qué pasará por sus cabezas, yo no lo sé. La única costumbre que Chapat no ha perdido (antes se subía a la piedra más alta a tomar el sol) es la de saltarle a la Sukini por la espalda para luego perseguirle hasta los matorrales. Y es en estos actos que parece que entonces, sintiéndose de repente tan macho y tan temido, busca repetir acción similar con quien no debe, ya que su vecino Freezer sabe muy bien cómo cuidarse las espaldas. Pobre Chapat, ahora trae esa mirada que lo refleja todo: mitad curiosidad, mitad dolor. Las vendas caen en los lugares más insospechados del patio, viejas heridas cicatrizan mientras nuevas se abren como bocas. Pobre, pobre Chapatio, mientras no deje de perseguir así la vida, la brisa de una nueva tunda seguirá soplándole los bigotes.

24.10.16

pseudo-rich nonsense





Cualquier cosa que pueda escribir sobre ellas, o sobre lo que hacen, siempre será impreciso, ya que como sucede a nivel subatómico, al sentirse observadas, cambian de curso o desaparecen; al instante en que intento detallarlas, ya se han pintado el pelo o han perdido las gafas. A fin de mes, desde el fondo de la fosa, alguien abre una escotilla y todo se inunda de luz, y yo, cual principito con dos planetas, y con dos flores, planeo, alucino y sueño con un punto intermedio entre lo que me toca y lo que se supone que hay que alcanzar. Entonces rebobino y alucino para ver si de tanto darle forma a la idea se termina por decorar un poco la sobriedad, no corriente, del que no llega a aspirar a nada mejor que encontrar una caldera de oro a la mitad de un camino sin arcoíris; y contrariamente, sentirse vigilado en el pozo ciego de la neurosis, o saltando del avión de la cordura al vacío de la paranoia. ¿De dónde proviene el odio hacia la mano que nos alimenta? Hace unos minutos acabé de saludar al nuevo de la empresa; venía un poco arrugado y despeinado de La Troncal (quizás más lejos). Pártame un rayo pero para mí que viéndole lo gordito buena gente, ella lo fue a saludar con ojos de amor, como viendo en sus no-divinas proporciones el volumen de aumento a las aspas de su negocio. A la gente la cambia el clima; no se diga el poder del dinero que aclimata el gusto del más inestable de los termo-sensibles. Las curvas en movimiento lo estupidizan. Si pasa en la carretera, pasa en la vida. Con frecuencia nos dejamos arremeter, atropellar, trasquilar y presumimos en la bohemia de nuestras cicatrices, de nuestros tatuajes, de nuestras heridas abiertas, como si sufrir fuera el propósito y ser desdichado el acto final de la puesta en escena. Este lugar, en cambio, se ha ido llenando de gente. Un buen número de costeños, dos que tres serranos. Todo el resto extranjero, blancos, altos y bien puestos, ¿ónde estavam eles? ¿Onde os outros? nossos outros. Por aquí no se vio ninguno. Miento, hubo uno; americano. La horas pasan con la cabeza abajo, como si el futuro no fuese un destino cierto. Los días son eternos, el fin de mes es un espejismo, un oasis que se aleja en la medida en la que se avanza. Y las noches son cortas y el espacio se dilata y el cerebro se olvida de lo que alguna vez fue vital y referente. El ego se abraza a sí mismo y de tanto auto censurarse ahora no es más que una bolita que de tierna engaña lo madura. La edad desaparece a la voz de mando del instructor: Atentos niños, que viene el jefe! Y los viejos son tratados sin respeto ya que sus ollas son cada vez más costosas de llenar porque el tiempo pasa y la necesidad se multiplica. Y todos esos raros, precoces talentos, no son garantía de devolución de los auspicios y patrocinios, porque a medida que les da un tanto, les niegan buen pedazo, y por eso, mientras más obtienen, menor agradecimiento sienten. Sí, porque para “los otros” se permite la mediocridad; y (cosa graciosa) contrario a lo que debería suceder; se promueve al fulanito de tal por ser tal y no por otra cosa, ya que a veces, para subir, no basta con trabajar de sol a sol ni con tener la boca cerrada. Como la palabra ante la inmensidad se fatigan los males en las jaulas de oro, modestos condominios que por ser modestos no se privan de tener piscina, gimnasio, área social, juegos infantiles y cancha de soccer. Insuflado de falsa felicidad (algo parecido al orgullo) camino por las “piazas” y los “moles” y miro con timidez hacia donde ayer no me atrevía a mirar. Camino con un rostro nuevo. Desayunar bien siempre ayuda.

Denegri's dream

Me levanté asustado por el sonido de dos voces. Lo curioso es que estaba soñando: soñando que soñaba y que me despertaba. No pude ver mi cue...