29.5.11

Rainbow


Acabo de reconocer los beneficios de una maravillosa aspiradora. El olor rancio, antediluviano, ha desaparecido por completo y el pelo de gato /omnipresente sobre objetos, paredes y pisos/ parece un mal recuerdo. Tener limpia la casa escapa tanto de mi rutina que cuando lo logro me gusta compartirlo. La falta de cortinas ha jugado un papel esencial ya que al sentirme observado he tenido que prestarle especial atención a mi faceta más superficial para poder sentirme mal y pensar en hacer algo al respecto. La otra noche, los ocupantes de los pisos altos de la iglesia de enfrente se reunieron para exhibir unos ridículos sombreros y deambular de un lado a otro del departamento en vez de bailar como la gente normal; más tarde, los descubrí agrupados en la terraza, mirando hacia mi casa como si hubiesen pagado por ello o como si me estuviesen lanzando una plegaria. Al no poder evitarlos /a menos que apagara las luces/ decidí ignorarlos. Me pregunto cuál será su reacción ahora que todo está libre de mancha, pero claro, es imposible saberlo ya que de un tiempo acá no permito que esa gente me dirija la palabra.

23.5.11

Mientras más se moja la cucaracha, más duro se pone el pajarito.


-Cómo te vas a meter al parque a estas horas. Estás loca!
-No vuelvas a llamarme loca. Mejor dame un beso!
-Lo siento mucho pero sabes muy bien que eso no es posible.
-Entonces me largo!
-Te llevaría a bailar o a comer pero no tengo dinero, en estas instancias de la vida, lo mejor que puedo hacer por ti es dejarte en un taxi. Con ese escote no llegarás muy lejos.
-Pues qué le vamos a hacer. Nos vemos en el infierno.
-No tan rápido. Por si no lo sabes, soy responsable de tu persona desde que tus amistades nos abandonaron. Es seguro que me echarán la culpa y no hablemos de tu amante porque si ese se entera de que estuviste conmigo no quedo ni para el cuento. ¿Quieres cagarme la vida, eso es lo que quieres?
-Lo que quiero es que me digas por qué me rechazas. Mírame bien, alguna vez has estado con una mujer como yo? Seguramente tienes miedo de quedar mal. Sí, eso debe ser, no me cabe la menor duda. Mírame bien porque te juro que nunca más tendrás la suerte.
-No te dejaré hasta que nos encontremos en un lugar seguro. Si te doy un beso me acompañarás.
-A dónde piensas llevarme?
-A la parada para dejarte tomando un taxi.
-No puedo creer que seas tan puto rogado de mierda.
-Puedes insultarme lo que te dé la gana, te pondré a salvo te guste o no. Mañana me lo agradecerás.
-Cuando tengas los pantalones.
-Dale mis saludos a tu benefactor cuando lo vuelvas a ver, y la próxima vez, para evitarnos problemas, intenta disimular un poco delante de sus amigos.
-Qué haces?
-Me largo
-Si te vas se lo diré a todos...
-Volverás como un fantasma a contar que te hiciste matar del despecho?
-No sabes de lo que puedo ser capaz empezando por ahora mismo.
-Escúchame bien, te propongo lo siguiente: que tal si vamos a mi casa, te invito a un café y cuando te sientas mejor llamamos un taxi.
-Eso suena mejor, pensé que nunca lo dirías.

***

-Dame un beso.
-Que no.
-Oiga señor taxista, le parezco atractiva? (…) Es natural porque a usted si le funciona el cerebro, no como a este sujeto. Sólo por curiosidad, hace cuanto que no estás con una mujer?
-Es a mi?
-Tú eres tú y él es usted. No sea bobito.
-Bueno, la verdad es que no me ha ido muy bien últimamente pero me siento tranquilo.
-La felicidad es vivir el presente. Señor taxista, le importaría detenerse en esa licorería?
-Qué vas a comprar?
-Cualquier cosa estará bien, no vaya a ser que te vea mejor y se me vaya el encanto.
-Si eso sucede seré el primero en celebrarlo. Qué tal si mejor me invitas a comer un shawarma?
-Tú pide que ya veré cómo me lo cobro.

***

-Me gusta la literatura que refleja el lado oscuro de la vida. Lo mismo me pasa con la música, los verdaderamente grandes mueren jóvenes y hermosos. Por eso tengo prisa en estar contigo, por eso nunca te resultaré una molestia.
-La vida está llena de oportunidades pero hay que saber diferenciar. Cuando es sí, aunque te quites. Cuando es no, aunque te pongas.
-Cuál es tu tipo de mujer? o debería preguntar…
-Me gusta la gente inteligente, especialmente porque no hay que repetirles las cosas.
-Te lo digo porque me parece muy probable que tu experiencia se limite a adolescentes. ¿has estado alguna vez con una mujer de verdad? No dudo que en esos círculos puedas pasar de sofisticado pero te aseguro que si no fuera porque te estoy ayudando no sabrías cómo llevarme a la cama.

***

-Voy a poner agua para el café.
-Mejor trae hielo y acabémonos el whisky.
-Lo mejor es enfriar las cosas, y en este caso, no creo que el hielo nos sirva.
-Vas a beber conmigo o vas a seguir haciéndote el digno.
-Deja-vú.
-Quién te hizo tanto daño?
-Soy así desde que tengo uso de memoria.
-Algún back up has de tener por ahí, a mí no me engañas.
-Quieres que te cuente mis andadas?
-Es posible que me aburra, mejor cuéntame cuál es tu tipo de mujer.
-Desde que aprendí a ver la belleza en la imperfección mi vida se ha vuelto sencilla.
-Nadie va a enterarse de lo que pase, te doy mi palabra.
-Te manejas por intereses, a otro perro con ese hueso.
-Voy a tomarme esta botella asumiendo que no he escuchado nada...
-Si necesitas acostarte puedes hacerlo, lo mejor es que te quedes aquí. Es peligroso salir a estas horas.
-Quiero acostarme contigo, es posible?
-Sólo hay una cama así que a menos que quieras que duerma en el sillón es inevitable. Voy a enviar unos correos y luego te alcanzo, total mañana igual tengo que levantarme temprano.
-Voy a descansar entonces. Si cambias de parecer tienes el permiso de despertarme.

17.5.11

#2

El hombre relega al animal
a la periferia del mundo,
y aquello que fuese su virtud,
hoy se arrastra sobre sí mismo,
sediento de bendiciones,
lejos del perdón o del criterio de los otros,
sin sueños de los cuales despertar,
contemplando los deshechos del ayer,
que se revelan en fétidas sacudidas,
cada vez que se engorda el ojo ciego
con el fruto permanente de la colmena diabética,
regentada por los pulpos de la conciencia
y cajeros automáticos
ávidos de desperfectos e impurezas,
en cuestionadas descontemplaciones,
donde la sustancia se reduce hasta desaparecer la esencia
en ridículos períodos de gracia,
que patéticamente y con la virtud del pánico,
reclaman y rechazan la rigidez de lo irremediable,
fingiendo condescendencia,
mientras desaparecen las pruebas,
en brillantes bolsas de basura.

5.5.11

El arribo tardío de Mr. X: ¡Árbitro hijueputa, queremos jugar a la pelota!


Nos colocamos como parte del ritual dominical y saltamos al campo de juego. Uno de los contrarios parecía contento, me propuse ver su expresión al final del partido pero lamentablemente me despisté con las celebraciones. El árbitro también se reía; explicó que el saque lateral es con bote, que el arquero no debe pasar de la media, que no se harán expulsar de gana que a lo que se viene es a hacer deporte, etc. Una ráfaga de viento levantó el polvo y balón se puso en movimiento. La primera patada no se hizo esperar, y el juecito, poco acostumbrado al fútbol espartano de nuestra noble institución exhibió la primera amarilla. Mientras protestábamos por la mala decisión arbitral, apareció Mr. X para completar el equipo. Poco después, en un contraataque por la derecha, X se encargó de colocar el balón en la red contraria. El grito de gol ensordeció el sonido del pito en la oreja del colegiado. El segundo resultó de una pared y luego otro más a cargo de Mr. P (adquisición reciente de las inferiores del planeta robot) pero claro, éste ya se celebró como si fuese cosa de todos los días. Después empezaron los túneles y las provocaciones. El marcador final fuede 5 por 0. Salimos a tomar cerveza en un emprovit y comentamos sobre la cara que puso el unito al recibir el balonazo o la del otrito luego de la tercera galleta. Al cabo de media hora, los padres de familia se fueron retirando seguidos por los amarrados para terminar por los tutores de mascotas y los dueños de nadie. Me despedí de C y tomé un taxi a mi departamento. Encontré unos niños jugando en el patio del edificio, y como si supiesen lo que había venido haciendo, o como si me conociesen de algo más que compartir el ascensor, dejaron de patear el balón y se acercaron a saludarme. Así que, como quien no quiere la cosa, les dediqué unas palabras mientras posaba mi mano de finalista sobre sus cabezas. Los grandes logros en el fútbol son producto del esfuerzo colectivo, les dije; el balón es como una novia a la que hay que estar dispuesto a compartir, y para terminar; no hay peor partido que el que no se juega. Recuerden estas tres máximas y llegarán a tener un equipo como el mío. Cuando quise reanudar mi camino, el más bajo preguntó. Oye! y cómo se llama tu equipo? Así que arranqué una hoja de mi libreta de calamar, anoté el nombre, y me fui a casa para pensar en las finales.