28.7.09

Scherzo interrumpido


La otra noche tocaron fuertemente a mi puerta. Me levanté de la cama y miré por la pequeña ventana. Un hombre pequeño esperaba impaciente en patio interior de la casa, al pie de la puerta de entrada. Como si presintiese mi presencia, el extraño miró hacia el lugar desde el que le estaba observando y me agaché para que no pudiese verme; unos segundos después, se escuchó el inconfundible sonido metálico de puerta del parqueadero. Tragué saliva y volví a mirar. El extraño esperaba detrás de la puerta con los brazos en la cintura y mirando al cielo. Shakespeare, el perro del edificio, daba vueltas a su alrededor, tal como lo habría hecho conmigo. Busqué algo que calzar y, sin encender la luz, me dispuse a averiguar de quién se trataba. Saqué la cabeza con el brazo apoyado en el marco y la mano fuertemente asida al pomo de la puerta. —¿Quién es?— pregunté en alta voz. El extraño hombre tenía puesto un pasamontañas que no me permitió ver su rostro. Caminando directamente hacia mi posición, expresó algo con ayuda de los brazos y de lo cual apenas pude entender una palabra: «Guayaquil». Se detuvo a tres pasos de mí y acto seguido descubrió su rostro. Para mi asombro, el tipo me resultó conocido pero lejos de parecerme familiar, dicho de otro modo, aún después de haberlo reconocido no sabía de quién se trataba y menos aún pretender saber qué hacía afuera de mi casa a las cinco de la mañana. Lo miré perplejo, y él, como disfrutando del momento sin llegar a ser descortés, repitió —Discúlpeme vecino, vea, es que acabo de llegar desde Guayaquil trayendo una mercancía para el restaurante, no sea malito, présteme la llave y enseguida se la devuelvo». A fin de cuentas y a pesar de la molesta aparición pude reaccionar como a quien no le importa nada, incluso luego de esperar en calzoncillos y con la puerta abierta a que me las regrese. Pero claro, ahora que han pasado unos meses desde el asalto nocturno, ya han sido tres las veces en las que me he visto en la necesidad de molestar al vecino con eso del azúcar. No sé que piense él pero si no quiere correr el riesgo de perder su próxima caja de calamares, ha de tener que sonreir hasta que se me pase el susto, o en su defecto, a que se acabe el café o el gas, lo que pase primero.

Manual deLingüística Aplicada (Babel)


La genialidad es una sutil mezcla de factores y atributos. Una cosa es ser genial y otra muy diferente parecerlo. ¿Cuantos cerebros se habrán oxidado a la sombra de un arbol, por falta de estímulo o de alimento? Los genios no son tan diferentes a nosotros como podría pensarse, básicamente, están tan preocupados por sus tareas, que se conforman con tener un lecho en el que pasar la noche y dinero necesario para comer, comprar materiales o darse un gustito de vez en cuando; los famosos, por otro lado, no podrían vivir sin sus tigres ni sus piscinas bioclimatizadas ni sus botellas de champagne en las rocas. Los genios —al menos lo que de genialidad se puede intuir en la calle o, de manera superlativa, en la TV— suelen deambular por el mundo sin levantar la cabeza, su nivel de pensamiento los abstrae de la realidad circundante y pareciera que ninguna de las delicias que bien o mal puede ofrecer el mundo les causa el menor interés. Ahora a lo que voy: el éxito y la fama no siempre vienen de la mano, son muy distintas las pulsaciones que las convoca. Si el genio busca el éxito, es, de alguna manera para poder despreocuparse de sus gastos y poder dedicarse de lleno a lo que le gusta, y, aunque la historia esté repleta de plagios y mentiras, la fama no les hace muy bien. En defensa de la inestable naturaleza del artista-genio, aparece un personaje con innegables aptitudes de interpretación y grandes deseos de figurar, se la pasan buscando genios a los cuales apegarse como parásitos. Este tipo de personas son los que realmente pueden llegar a ser realmente famosos, ya que cuando los genios lo logran, suelen encontrase reposando en sus tumbas, o con suerte, agonizando en sus respectivos lechos de muerte. Pero ojo, haciendo excepción a la regla, y, con la ayuda de lo que ha podido contar la historia, se sabe de la existencia de los genio-parásito; individuos que logran ser famosos con las idea de otros para después mantenerse exitosamente y extensos períodos de tiempo, en la boca de todo el mundo. Sobre esta clase genio solo existe una categoría y su naturaleza me es de alguna forma indescriptible. Del genio común hacia abajo, habemos clases, yo lo sé, de las más variadas como sofisticadas clases de virtud, inclinaciones y gustos, maneras entrenadas, etc., pero claro, tampoco se puede pasar por alto, lo puramente físico, lo netamente químico, o, lo declaradamente caótico. Hablando se entiende la gente y ya sabemos que los genios no lo hacen muy bien. Poder expresarse depende del hecho como del atributo y tanto de la virtud como del contexto. Este giro no es circunstancial, saber hablar es saber pensar y pensar no es tan difícil como parece, además, y, a fin de cuentas, ahorra tiempo, ...como bien dice el dicho, más vale maña que fuerza. Solo existe una forma de experimentar la vida, desde uno mismo, y lo que hacemos con nosotros es de nuestra exclusiva competencia, por esta razón es que para entender el lenguaje hay que entender el respeto. Callar es de sabios. La especie humana inconmensurable-emocional, es víctima de su propio asombro, tiene tantas ocupaciones-información en su cabeza que no le queda tiempo para reflexionar-meditar, sobre el estado de sus cuerpos o el color de su espíritu.

23.7.09

Manual de Lingüística Aplicada (intro)


El idioma es un tesoro y debe ser cuidado. Conocer el lenguaje es un importante recurso para el desenvolvimiento social, ya que la forma en la que nos comunicamos, evidencia nuestro nivel cultural y educación. Reza un conocido dicho popular «Callar es de sabios» pero...¿De qué le sirve a la sociedad un hombre que no comparte lo que sabe? ¿Qué diría Kant? ¿Qué diría Lennon? A continuación, —y como amante del conocimiento per se —he pensado en presentarles un curioso remix de voces populares a modo de introducción. En las próximas entregas de este manual, se pretende analizar a fondo cada una de ellas ya que mediante una correcta aproximación a estos términos, podremos profundizar en el conocimiento de la lengua. Cabe aclarar que la fuente está en inglés y que todo lo que sigue a continuación es una interpretación más que una traducción literal del original; un consistente libro de bolsillo titulado Webster´s NewWorld Best Book of Aphorisms, —gracias a Mr. Douglas y Mr. Strumpf—. Los dichos están clasificados y definidos como sigue: (...) Adagio: sentencia breve comúnmente aceptada y de contenido moral; Anécdota: relatos curiosos de sucesos irrelevantes a modo de ejemplo o entretenimiento; Aforismo: sentencia que se propone como regla dentro de una doctrina; Apotegma: dicho breve y sentencioso; Axioma: Proposición admitida universalmente sin necesidad de demostración; Bromide: una expresión carente de originalidad por estar en voz de todos; Cliché: un lugar común de frases sobre usadas; Dictamen: juicio emitido acerca de algo; Máxima: opinión o pronunciamiento claramente admitido por las disciplinas que lo profesan; Motto: una palabra o frase famosa que expresa los objetivos de un grupo o nación; Proverbio: sentencia relativa a experiencias cotidianas; Quip: comentario o respuesta ingenioso o sarcástico; Saying: dichos breves con mensajes confiables o cargados de sabiduría; Saw/Dicho: frases aprendidas por repetición. Truism: verdad obvia de dominio público. (...) Hasta aquí la clasificación, ...ahora, no está de más aclarar que intentar aprender estas voces de memoria no debe de ser del todo agradable, por eso he pensado que no estaría de más, dar unos cuantos ejemplos para reforzar lo aprendido, por esta misma sencilla razón he decidido crear un conjunto de tips a modo de adelanto de lo que será, el Manual de Lingüística Aplicada, que —dios mediante— estará pronto en las pantallas de sus computadoras, y, aunque muchos podrían opinar, que bien se habría podido bautizar este producto como Lingüística para Dummies, puedo asegurarles, anónimos lectores, que tales apreciaciones no vienen al caso, lo que sigue no es para principiantes, pero eso ya se evidenciará un poco más adelante, por ahora, vamos a terminar esta primera parte con tres consejos útiles para el charlatán de levita; Primero: no atraer la atención si no se tiene algo bueno que decir; Segundo: no hacer las cosas de memoria; y tercero: nunca perder de vista al auditorio. Recuerden que es imperativo saber lo que se quiere antes de aplicar tal o cual estrategia, y, si lo que se desea es impresionar, se necesita algo más que un libro de aforismos para conseguirlo.

22.7.09

Fantasma


Me dicen el muerto, no entiendo por qué sigo aquí. Soy la sombra de lo que era, un artista sin arista. Una promesa caducada, un zombi asqueroso y desvencijado. Nadie puede matarme porque ya estoy muerto. Puedo aparecer y desaparecer a voluntad y vivo en la periferia del mundo. Nunca pago de contado y siempre hago lo contrario de lo que se espera. Mi lazo con el mundo es este continente corrupto de malas prácticas. El mundo está repleto de parásitos y marionetas para los cuales no tengo ni el dinero ni la paciencia. No creo en vírgenes inmaculadas ni en banderas empapadas de sangre. Busco el calor en el frío y soy una ruidosa chimenea que expele humo por doquier mientras mis pies fríos se quejan por debajo de las sábanas. Mi cuerpo está lleno de cicatrices y mis recuerdos son el lastre de mi conciencia. No me gusta mirar atrás o pedir perdón. Mi filosofía camaleónica cambia de ropas, de zapatos, de sombrero; «abracadabra» ...y el discurso es otro. Me gusta romper certezas, tabúes, tradiciones. Odio las fronteras y los presidentes, las armas que hieren y las que matan por verdades a medias. Odio los dibujitos, las notas al pie. La existencia que se conforma con el sentido de permanencia. No logro entender la estulticia de algunos, el credo de otros muchos, la valencia de ciertos elementos, la avaricia de los come-caramelos, el cabello en espiral, el amor propio desmedido, la falta de presa y represa, el fervor popular. Me siento cansado de las casualidades, de los viejos-hombre, de los hombre-niño que como yo, solo son fantasmas en este vuelo raso de la existencia. El lastre del zeppelín global cae sobre nuestras cabezas y se incendia, el humo de su combustión nos ahoga en lágrimas mientras tosemos el alma por la nariz. El ocio y la virtud son apasionados amantes de un sueño predestinado a fracasar. A vestir la ley natural del deterioro y la oxigenación. Levanten sus manos y digan —¡Sí¡ ¡He esperado tanto para este momento!— o, agachen sus cabezas y digan —¡No gracias¡ ¡Esto no es para mí! Hay que saber callar, saber enseñar es de maestros, no de sabios. Muchos niños están siendo explotados, no importa a dónde vayamos, la mendicidad nos espera a la vuelta de la esquina o, en el primer semáforo en rojo. No se puede tomar un bus sin encontrarlos rostros desencajados y descarados de la pobreza, he visto a niños pedir caridad de manera descortés, otros, persistentes como un dolor de muelas, los hay cantores, acróbatas, cómico-dramáticos y vendedores, trabajando para sus padres en lugar estudiar, mal alimentados y en contacto con los residuos que revisten las calles, niños que para aguantar las noches de frío se producen daños irreversibles. La educación debiera ser un derecho universal, el deber, una ocupación voluntaria. El cerebro es una máquina poderosa cuando se ejercita. ¡Silencio! Tráiganme al charlatán. ¡Qué hice yo para merecer esto! Y hay quién se queja por una exacerbada sensibilidad. Pónganse de rodillas y repitan conmigo. ¡Tenemos derecho! ...El animal contempla asombrado el desastre. Mucha gente apuesta al vendedor de baratijas, al crédito, al confort vía prepago. La ira se canaliza en forma de oración. Los que creen tener la razón firman sus cheques y levantan el pescuezo. Asistamos al funeral del ratón Mickey, a la disección del Topo Giggio. Reproduzcamos el réquiem de la oscura dinastía. Borremos los contactos inútiles, los correos no deseados. ¡Por favor! ...que alguien me calle, o que por lo menos, me dé algo para fumar, es fin de mes, hace mucho frío, y no quiero tener que salir a asustar.