24.10.16

pseudo-rich nonsense



Cualquier cosa que pueda escribir sobre ellas, o sobre lo que hacen, siempre será impreciso, ya que como sucede a nivel subatómico, al sentirse observadas, cambian de curso o desaparecen; al instante en que intento detallarlas, ya se han pintado el pelo o han perdido las gafas. A fin de mes, desde el fondo de la fosa, alguien abre una escotilla y todo se inunda de luz, y yo, cual principito con dos planetas, y con dos flores, planeo, alucino y sueño con un punto intermedio entre lo que me toca y lo que se supone que hay que alcanzar. Entonces rebobino y alucino para ver si de tanto darle forma a la idea se termina por decorar un poco la sobriedad, no corriente, del que no llega a aspirar a nada mejor que encontrar una caldera de oro a la mitad de un camino sin arcoíris; y contrariamente, sentirse vigilado en el pozo ciego de la neurosis, o saltando del avión de la cordura al vacío de la paranoia. ¿De dónde proviene el odio hacia la mano que nos alimenta? Hace unos minutos acabé de saludar al nuevo de la empresa; venía un poco arrugado y despeinado de La Troncal (quizás más lejos). Pártame un rayo pero para mí que viéndole lo gordito buena-gente, ella lo fue a saludar con ojos de amor, como viendo en sus no-divinas proporciones el volumen de aumento a las aspas de su negocio. A la gente la cambia el clima; no se diga el poder del dinero que aclimata el gusto del más inestable de los termo-sensibles. Las curvas en movimiento lo estupidizan. Si pasa en la carretera, pasa en la vida. Con frecuencia nos dejamos arremeter, atropellar, trasquilar y presumimos en la bohemia de nuestras cicatrices, de nuestros tatuajes, de nuestras heridas abiertas, como si sufrir fuera el propósito y ser desdichado el acto final de esta puesta en escena. Este lugar, en cambio, se ha ido llenando de gente, la mayoría extranjeros. Un buen número de costeños y dos que tres serranos. In-patriados blancos, altos y guapos ¿y los negros? Por aquí nos se ve ninguno. No, miento, hay uno; pero es americano. La horas pasan con la cabeza abajo, como si el futuro no fuese un destino cierto. Los días son eternos, el fin de mes es un espejismo, un oasis que se aleja en la medida en la que se avanza. Y las noches son cortas y el espacio se dilata y el cerebro se olvida de lo que alguna vez fue vital y referente. El ego se abraza a sí mismo y de tanto auto censurarse ahora no es más que una bolita que de tierna engaña lo madura. La edad desaparece a la voz de mando del instructor: Atentos niños, que viene el jefe! Y los viejos son tratados sin respeto ya que sus ollas son cada vez más costosas de llenar porque el tiempo pasa y la necesidad se multiplica. Y todos esos raros, precoces talentos, no son garantía de devolución de los auspicios y patrocinios, porque a medida que les da un tanto, les niegan buen pedazo, y por eso, mientras más obtienen, menor agradecimiento sienten. Sí, porque para “los otros” se permite la mediocridad; y (cosa graciosa) contrario a lo que debería suceder; se promueve al fulanito de tal por ser tal y no por otra cosa, ya que a veces, para subir, no basta con trabajar de sol a sol ni con tener la boca cerrada. Como la palabra ante la inmensidad se fatigan los males en las jaulas de oro, modestos condominios que por ser modestos no se privan de tener piscina, gimnasio, área social, juegos infantiles y cancha de soccer. Insuflado de falsa felicidad (algo parecido al orgullo) camino por las “piazas” y los “moles” y miro con timidez hacia donde ayer no me atrevía a mirar. Camino con un rostro nuevo. Desayunar bien siempre ayuda.

# 3

Llegamos tarde los dos,
a esta cita de ojo abierto
y corazón blindado.
Llegamos tarde los dos,
y siendo otros…
yo, piedra alisada por la corriente,
tú, ancestral mariposa gástrica,
habitante enquistado en mi encéfalo.
Llegamos tarde los dos,
y no hay remedio,
nuestras esencias partidas
y repartidas,
nunca fueron tripulantes
de un mismo vuelo.
Nuestras ganas fueron 
pura ansiedad y enfriamiento
mírame y no me toques!
tócame y no me mires!
Llegamos tarde los dos,
habiendo aprendido a golpes
las coces de la verdad
en escenarios de permanentes pérdidas
y substituciones,
haciendo honor a la mala reputación,
y habiendo decidido renunciar,
antes que caer en el abismo,
con las tripas infladas de malos versos.
Llegamos tarde los dos y lo confieso,
más acá o más allá,
seguiré escarbando,
seguiré olisqueando el trazo que dejas.
Llegamos tarde, lo sé,
aunque mis ojos que ahora te ven,
me sigan empujando a las fuerzas
de tus aguas profundas.
Llegamos tarde los dos,
a este futuro infectado de memorias,
memorias que cargamos como cadáveres,
como alfombras viejas
pisadas una vez
y otra vez,
en donde los símbolos
de nuestros encuentros únicos
se oxidaron,
como se oxida todo bajo sol.
Llegamos tarde los dos,
demasiado tarde,
tarde para reanimar esa sensación
que no flotará a mi presente ni al tuyo,
tarde para recuperar esa carpeta borrada,
esas líneas de código,
perdidas en lo profundo
de un directorio sin nombre.
Instantes preciosos
tú, subiendo por las escaleras,
tú, recostada con la blusa abierta.
Llegamos tarde y aún no es natural,
vernos de un lado al otro lado del puente.
Llegamos tarde los dos,
ahora que los sueños se han fugado a nuevos futuros,
ahora que la arena se ha convertido en piedra,
ahora que la piedra se ha convertido en arena.
Llegamos tarde los dos,
demasiado tarde para buscar un disfraz,
o para desaparecer.
Llegamos tarde los dos
y por eso ya estoy de regreso,
dibujando con mi egoismo un porvenir
en donde la felicidad es mi propio aliento,
en donde la poesía nunca se apaga.

15.10.16

Pleamar


Para Víctor Velasco

Era ligero como un tronco de balsa, y muy elástico, aunque no tanto como un buen calcetín. Cuando fuera sometido a presión, aguantó como los grandes, y es que, frecuentemente, tuvo que soportar esfuerzos que a cualquier fortachón le habrían hecho llorar. Repetidas fueron las veces en que la torpeza de algún que otro animal, que no escasean, le provocaran deformaciones que él temiera irreversibles, y que, so pena de exhaustivas jornadas de algo parecido a un soplar de botellas, pudo finalmente remediar. En una ocasión, el daño fue tal, que tuvo que esperar meses antes de ser pasado por una licuadora para ser vuelto a armar. Desde entonces, su mayor temor era ese ser frío y retorcido que fuera responsable, no solo de su desgracia sino de la de muchos de su semejantes. Frecuentemente, entre borrachera y resaca, entre resaca y borrachera, abría hasta el ultimo poro de su alma y confesaba sus anhelos a su mejor y único amigo (ese que nunca le supo ocultar nada) Su mayor sueño, su mayor alegría, era echarse, o ser echado, daba igual, a la mar. Quiero, decía, perderme en el horizonte, en dónde el azul del mar se funde con el azul del cielo; pero su amigo no le entendía, porque para él, el mar era verde, como lo era la tierra y el cielo. No quiero ser penetrado, decía, no quiero ser partido, quiero ser tratado con cuidado. Acaso es mucho pedir? y su amigo no le entendía porque sentía miedo de morir ahogado, de recibir malos huéspedes, de romperse contra un acantilado. Sin ti, le decía su amigo, no duraría ni un día en el mar, en cambio tú… Cierto día un amable hombre de manos delicadas, rascó y rascó hasta hacerlo volar por los aires, dejando tras de sí, la boca bien abierta de su viejo camarada. Cuánto tiempo mirando la puerta sin saber que iba a usar la ventana, pensó. Y volteó a mirar, y supo que, finalmente, había escapado de su aciago, como cíclico, como perpétuo destino. Y es que… cómo es la cosa por aquí? preguntó, ante la mirada curiosa de plásticos de todos los colores y de uno que otro vegetal. Pues nada, le dijeron, seguramente nos van a llevar a dar un chapuzón. Oh, oh, de veras?. De veritas, le respondieron todos con caras largas como recibos del súper; …y tras numerosas semanas de alegre oscuridad, de amable suciedad, y de dulces zarandeos, pudo sentir finalmente en sus fibras, el aliento salino del mar.