30.9.09

Curso de diseño Avanzado 3/10


Lo grotesco convive a dos clicks de lo sublime. Se cuentan las mismas historias una y otra vez. El malo recibe su lección y el bueno obtiene su recompensa. Lo fractal y lo floral, —muy de moda en estos días— me remiten a un lugar muy parecido a un cuarto de baño en donde miles de burbujas explotan por doquier. La cultura shampoo apoya la premisa «¡Más es más!»..., yo preferiría decir: «¡Para qué mas...!». Me pregunto si los que siempre dan más de sí pueden dormir tranquilos, espero que sí, también los respeto. Uno de los éxitos de la industria del cine es la capacidad de poder reunir en sus bolsas —tal y como lo haría un canguro— todas las disciplinas artísticas en desarrollo y todas las técnicas conocidas para entretener-asombrar al espectador y engancharlo de por vida al sistema. Diseñar, como parte del vender, es entrometerse en la vida de las personas ofertando y persuadiendo. Cada segundo es valioso y todo debe funcionar rápido: la publicidad, el cine, los bomberos, todo se estrecha peligrosamente al vacio. Multiplicamos actividades pero reducimos el entorno. El panorama se acelera y la vida se encoge. Dentro de poco, la información virtual del planeta entrará en un chip del tamaño de un chocho; y es muy probable tambien, que para ese entonces, haya gente muriendo de hambre mientras que a los que les sobra, les seguirá creciendo el cuerpo hasta que no puedan salir por las puertas de sus palacios.

PROYECTO MARIPOSA (10/100)
Miles de mariposas aletean en los lugares más recónditos del planeta. Como consecuencia de su incomprensible frenesí; el viento, la tierra y el fuego se conducen de manera atípica de este lado del mundo.

Objetivos:
Concientizar a la gente sobre las consecuencias del efecto mariposa.

Observaciones:
Se recomienda trabajar a nivel de boceto.
Los archivos deben ser enviados a: triplesentido@gmail.com.

28.9.09

Notabilísimo


Los recuerdos son barcos de papel sentenciados a zozobrar en las aguas del olvido. Al estar constituidos enteramente del papel de la experiencia son harto vulnerables a la acción de la humedad y a los efectos del tiempo. El otro día encontré en el fondo de un cajón una libreta con mis calificaciones escolares, para mi sorpresa, vine a enterarme de manera tardía que concluí el ciclo inicial de escolaridad básica con buenas calificaciones. Lengua Castellana; Notable; Matemáticas: Notable; Experiencia Social y Natural: Notable; Enseñanza Religiosa o de la Ética: Suficiente; Educación Artística: Notable; Educación Física: Notable. Para los establecimientos educativos, Notable representa el grado intermedio entre el Aprobado y el Sobresaliente y deja en clara evidencia que a mis siete años no era brillante pero tenía un claro potencial. Me tomó tiempo poder dejar de observarme en la foto de los datos personales. Nunca me gusté de niño y creo que a muchos de mis vecinos tampoco. Recuerdo que un grupo de niños me perseguía después de clases, no recuerdo haberles hecho nada pero la mayoría de las veces ni siquiera lograban atraparme, cuando se cansaban de perseguirme, se sentaban a esperarme en el portal de mi casa. Cuando era pequeño, carecía de la simpatía natural de la infancia, aunque mi rostro bien alimentado expresaba salud, mis prematuras ojeras y mi tímida sonrisa me alejaban de la expresión inocente que todo niño debe poseer para no ser atacado. Era el niño más feo en la foto del zoológico. Años más tarde, con ojeras y dientes torcidos posaba de rodillas en la banca de una iglesia vistiendo un horrible terno azul y sosteniendo una vela cuya luz hacía más drásticas mis facciones más espectrales. El complejo de patito feo nunca se apartará de mi esencia, aunque haya sobrepasado el rechazo y aceptado lo que me ha tocado, la belleza nunca va ha dejar de recordarme lo imperfecto que soy. El tema de lo económico me vuelca a otro círculo vicioso en que el tener y el dejar de tener se suceden hasta el infinito: el tener que pedir para sobrevivir; el deber y el tener que pagar para poder volver a pedir; el no tener ni a quién pedir. A esta sistemática y controlada pérdida de respeto hacia uno mismo la he bautizado con el nombre de 'complejo de niño pobre' y aparece de manera prematura como consecuencia inesperada y sorpresiva muerte de mi padre. Dicha tragedia -quisiera llamarlo así hasta encontrar una mejor expresión- extendió las dificultades desde el seno del hogar hasta un tercer grado de consanguinidad de la responsabilidad o dicho de otro modo, me tocó resolver la infancia como lo haría cualquier pelado en necesidad. Y luego alguien te presta atención, tus diferencias resultan ser atractivas y eres buscado por tu simpatía, belleza interior y don de gente; de repente, eres objeto de regalos y poseedor de atributos pasados por alto desde esa vieja libreta de calificaciones. No es de extrañarse; sigo siendo el mismo pero la gente ha cambiado de opinión, solo debo tomar un avión para volver a sentirme normal. Pasar desapercibido es un lujo que muy pocos pueden darse y yo estoy a un par de complejos de lograrlo; hasta entonces, tendré que creer en lo que me dicen y arriesgarme a volver al portal para enfrentar el miedo a ser humillado por los hijos de la risa y llegar a tiempo a la mesa como un niño normal.

24.9.09

Mujeres malas vs. hombres estúpidos

Mujeres y gatos comparten un claro complejo de superioridad; no necesitan hablar para ser elegantes ni ser listos para parecer interesantes; su silencio evidencia su discreción mas no su conformidad y si intentamos abusar de ellos, podemos terminar arañados o en la compañía de la más simple de las soledades. «Está bien cuidar los detalles mientras no se pierda de vista el camino» A los hombres, en cambio, nos comparan con los perros; innumerables paralelismos han sido trazados desde la intuición más inocente hasta la vengativa cátedra de ardientes defensores de género; la realidad es evidente y no hay que barrer mucho para llegar al fondo. Esto que se conoce como amor no es más que un desequilibrio. Los afectos desmedidos evidencian fallas en los procesos. Muchos de nosotros, muy a nuestro pesar y desde nuestras fibras más íntimas nos sentimos condenados al pensamiento promiscuo. El fin justifica los medios y desde el punto de vista de las circunstancias, no existen mujeres malvadas ni hombres estúpidos.

23.9.09

Escepticismo


Siempre he tenido problemas para hacerme entender. Esto no quiere decir que sea tartamudo o disléxico, simplemente quisiera quejarme por las malas interpretaciones que se dan de mis opiniones. Aunque la verdad sea incómoda o dolorosa, prefiero ser directo. Asumo mi condición de especie y me avergüenzo de mi humanidad, no puedo soportar tantas mentiras juntas. La mente humana tiende sus trampas y la vida se inclina a favor de la muerte. Lo gracioso de todo esto, es que al vivir de manera permanente entre la espada y la pared, la vida resulta ser tan inesperada como fascinante. Vivimos para satisfacer nuestros necesidades y somos esclavos de la ansiedad. La existencia es una condición, el entorno, un circo que suele arruinar la fiesta. La esencia es permanente e invariable, un elemento consustancial que evidencia la naturaleza y especialización de cada individuo. La existencia es una espera en la que los buenos modales desaparecen. Nos hemos ganado el derecho de estar aquí, ya sea por méritos o demérito de experiencias pasadas, pero sea como sea, dicha conciencia no forma parte de nuestra base de datos y por lo tanto, hablar al respecto no tiene caso. La clara especificidad de competencias en la carrera violenta de nuestra especie nos convierte en una simple variedad de algo que no comprendemos. ¿Por qué somos fuertes en determinadas circunstancias y en otras actuamos como cobardes? (...) Hay situaciones a las que simplemente es mejor darles la espalda y recuerdos que es mejor no invocar. A creérmelo todo, es mejor que no creer en nada, hasta entonces, seguiré sacándole filo a la navaja de Occam.

21.9.09

El juego del cómo te acuestas y cómo te levantas


Tres amigos rentaban un funcional departamento en la zona rosa de la capital. La noche en cuestión, unos amigos se les unieron para tomar algo y conversar otro tanto. Andrea y Daniela venían con Alejandro de un concierto, Cristiam se había quedado en casa y esperaba la visita de Daniel, Víctor se les uniría a medianoche.

Cristiam: ¿Han jugado el juego del cómo te acuestas y cómo te levantas?

Daniel: Sí, yo sí he jugado.

El resto de los presentes niega con la cabeza, mientras tanto Cristiam pide a Daniel que le recuerde cuándo, Daniel, cortésmente le describe la ocasión, Cristiam ríe y continúa su exposición.

Cristiam: Perfecto, les voy a contar cómo se juega.

Andrea enciende un cigarrillo y se pone cómoda, Alejandro levanta las cejas atento de no perder detalle, Daniel, por su parte, decidió desmoñar un cogollo con aire indiferente.

Cristiam: Lo primero que vamos a hacer, es decirle a la persona de nuestra derecha el cómo se acuestan. Por ejemplo: te acuestas desnudo, o, boca abajo; después vamos decir a nuestra izquierda el cómo se levantan ¿está claro?

Andrea: A ver, no entiendo…

Daniela: Yo tampoco.

Cristiam: Daniela está a tu derecha verdad, lo que tienes que hacer es decirle cómo se levanta: asustado, feliz..., como quieras ¡ah¡ y otra cosa, todos debemos hablarnos al oído, que nadie escuche cómo se acuestan los otros..., empecemos.

Daniela entendió con la segunda explicación y se dedicó a poner al tanto a su amiga, el resto, desorganizadamente y con fallas en el proceso, empezó, a modo de susurró, a comunicar los supuestos..., momentos después, empezaron las primeras risas.

Cristiam: Bueno, estamos listos, ya sabemos cómo nos acostamos, no lo vayan a olvidar, ahora vamos a decirle al de nuestra izquierda cómo se levanta.

En esta ocasión todo se hizo más rapido —las risas son generales—. Daniela y Víctor olvidan cómo se acostaban y recurren a sus respectivas fuentes. Se tuvo que pedir orden en la sala para poder continuar.


Cristiam: ¿Quién quiere empezar?

Daniel:
Me acuesto cagado del frió y me levanto con una arrechera de las mil flautas.

Alejandro: Me acuesto oliendo a pescado y me levanto excitado.

Andrea: Me acuesto caliente y me levanto con una ducha fría.

Daniela:
Me acuesto desnuda y me levanto mojada.

Víctor: Me acuesto pensando en ella y me levanto sin billetera.

Cristiam: Me acuesto cansado y me levanto con ganas de más... ¿Vamos de nuevo o jugamos al abogado?

18.9.09

Resistencia


La mayoría de los muchachos cumplen ciclos de carga y descarga. Los hay de todo tipo, como por ejemplo los del estilo represa, piscina y tanque de baño. Sea cual fuere su sustancia o intensidad, todos, en su respectiva escala, y como cualquier otro contenedor común, unas veces están llenos y otras veces vacíos, y del mismo modo y en sentido contrario, y de una manera muy bella..., dichos períodos pueden ser calculados con la misma precisión con que se cocina la pasta italiana, tomando en cuenta, las respectivas variaciones para cada caso en particular. En Q, por ejemplo; la pasta dental, el shampoo, el yogurt, etc., se comportan diferente a dos mil ochocientos metros sobre el nivel del mar y ni qué decir de los futbolistas —basta escuchar las declaraciones del técnico Maradona al respecto—. Volviendo al tema, desde la adolescencia, nuestros órganos sexuales producen, de manera contínua y sin mayores altibajos el material genético necesario para repoblar el planeta hasta que la edad natural del cuerpo resista dicha producción. La capacidad de recarga estimada —persona normal medianamente saludable, no zanahoria— del hombre promedio —que tiene el aspecto de un maniquí con ropa sport de ingeniero— a evolucionado con las características necesarias para producir entre... —antes de publicarlo, o de escribirlo, creo necesario disculparme por si la lectura se vuelca al erotismo o a la vulgaridad—. El hombre es capaz de tener varias relaciones sexuales en un solo día, sin embargo, seguir ese ritmo le puede costar la vida. La frecuencia sexual de las parejas unidas en matrimonio es de lo más abierta, pero como promedio, podríamos decir que una pareja —y presupongamos también que el promedio de duración de matrimonios es de cuarenta años— a sus veinte años de casados, tienen relaciones tres veces por semana. Para terminar, traigo de lo dicho la conclusión de que los ciclos masculinos oscilan entre —exagerando— diez veces por día, y en peor de los casos —digamos un abuelito de Vilcabamba que murió virgen— ninguna en la vida. Acercando más la lupa al objeto en cuestión, y abusando de la meta estadística, las características de nuestro género-especie son de lo más previsibles, limitando al grueso del percentil humano —restando las etapas de imposibilidad fisiológica— a contentarse con hacer el amor una vez por semana, y asegurar de alguna manera, que la velita dure para todo el entierro.

14.9.09

Errores comunes de relaciones atípicas

1. Pensar que dar el primer paso es sinónimo de disculpa.
2. Creer que lo que se tiene alcanza.
3. Dejarse de lado para satisfacer las necesidades del otro.
4. Hacer preguntas cuyas respuestas preferimos no escuchar.
5. Justificar la desinformación a la desatención de una de las partes.
6. Pensar que compartir las ganas es sinónimo de llegar a acuerdos.
7. Criticar la contraparte como forma de escape a uno mismo.
8. Hacerse el de la vista gorda con la única esperanza de perder la vista en un futuro cercano.
9. Creer que 'intensidad' es sinónimo de 'calidad'.
10. Pensar que la felicidad sigue a la vuelta de la esquina.
...

8.9.09

Sobre lo acontecido en la finca de Y


El otro día me dirigía a casa de mi madre cómodamente sentado en un «Marín-Carcelén» cuando tuve una visión que me hizo recordar esta historia. Sucedió hace mucho; cierta mujer —llamémosla 'A'— quedó flechada de mi encanto juvenil. Su amor duró muchos años aunque ciencia cierta nunca pasó algo serio entre nosotros. Algun tiempo después del segundo de los brevísimos episodios que experimentamos como pareja, fui invitado por ella, —estudiante universitaria- y, por sus compañeros de clase, a participar de la ya bien posicionada ‘Ida a la finca de Y'. De lo que decían por ahí, en la última incursión a esta finca, ella, junto a otros siete compañeros, se bebieron en dos días, dos cajas de ron y cuatro botellas grandes de gaseosa. Para esta nueva ocasión, donde el número de invitados era mayor, los organizadores del evento prometieron el doble de cajas que la vez anterior. 'A' me dio carta verde para invitar a algún amigo, 'M' accedió a acompañarnos pero nunca llegó en la estación. Un viernes como cualquiera a las ocho de la mañana, doce estudiantes de nivel superior partían hacia su tan ansiado destino. Durante el viaje, se pudo liberar un poco de la carga contenida en la cuatro cajas de ron blanco compradas a precio de comisariato por la hija de un militar. Los vasos de plástico rodaron por todos los asientos y la parte trasera del autobús sirvió de abastecimiento del mezclado de ron, cola blanca y hielo. Dos horas después terminó el asfalto y tras un breve trasbordo, continuamos por un camino empedrado por un par de horas mas. La hacienda no era muy grande y podía abarcarse con la vista, la pequeña construcción, de estilo costeño clásico, contenía diversos espacios distribuidos en dos pisos de techo alto, la puerta principal que conducía al medio de la sala, y por detrás, hacia el río por la cocina. Después de conocer el río —la única distracción natural y fáunica de los alrededores— nos acomodamos en grupos dentro de la casa a jugar cuarenta y a chupar. A eso de las seis se armó un picadito, como por esas épocas no rodaba mucho la pelota, no guardo del partido mayor recuerdo, es mas, ni siquiera podría asegurar haber jugado esa tarde; es más, ese picadito pudo nunca haberse dado, y ya que vamos a mostrarnos benevolentes, frente a la excepción de que de darse o no el hecho, la representación del mismo viene a dotarles de la misma satisfacción, digamos que el partido efectivamente se efectuó y que metí cuatro goles. Para dar mas luces a este asunto, añadiré que, de los presentes, exceptuando uno, todos eran maletas como yo, y que, de otro modo, pude haber hecho de arquero y ser esta la razón por la cual no recuerdo ningún gol. Horas después, tras llenar la pancita, tabaquito en mano y mirada distante al horizonte, llega 'Y' con mirada desafiante y levantando mucho la voz, averiguando si hay caballero dispuesto a domar una yegua salvaje de su establo. No recuerdo por qué habría que hacer tal cosa pero todos los 'caballeros' dieron un paso atrás o agacharon el semblante. Yo, desesperado por llamar la atención, y sin más miedos que ser fulminado por un rayo, —atmosférico o cardiovascular— hube de aceptar el reto y animar a la gente a presenciar el hecho. Fuimos a la parte frontal de la casa y esperamos que traigan a la bestia. Fijé la mirada en el bosquecito que bajaba a las cuadras y más allá al río. Entonces, súbitamente, se escuchó un fuerte relinche detrás de los árboles, sin lugar a dudas, los empleados de la finca tenían problemas para hacer caminar al animal. Al dar la cara, —¿tienen cara los caballos?— el jamelgo resultó estar un tanto disminuido de peso, pero a fin de cuentas, yo también. El animal permaneció vendado hasta que soltaron la rienda. No se si se agotó de tanto relinchar o si se debió a que tenía mucha comida en el estómago —me refiero a mí— pero el pobre caballo dio dos pasos y se desmoronó debajo de mis ancas como un saco de papas. La escena resultó ser de lo más graciosa; puedo asegurar que mi hazaña se celebro y repitió hasta el cansancio; repitiose hasta el punto de dejar de sentirme orgulloso. Por la noche se hizo más de lo mismo hasta que el cansancio nos fue venciendo uno por uno. 'A' tenía planeado dormir con su mejor amiga así que me procuré de un espaldar de sillón, una manta verde y una almohada, luego busqué una esquinita y a dormir. Al otro día, los religiosos madrugadores empezaron a molestar a los que acurrucados huíamos de la luz solar. Cuando la casa despertó por completo decidí salir a tomar aire e intentar dormir un poco. Escogí una de las hamacas del porche desde donde se podía ver aparecer y desaparecer, la carretera entre los árboles. Un camión de medianas proporciones apareció arrastrando tras de si una nube de humo, en la parte posterior de vehículo, alguien me hacía señas con los brazos a modo de saludo; contesté el gesto y el camioncito se detuvo; el hombre que acababa de saludar se acercaba desde la puerta principal con un par de maletas. El desconocido se acercó lentamente hasta que a una distancia de treinta pasos pude reconocerlo, se trataba nada mas y nada menos que de mi querido amigo 'M'. Al parecer, este había llegado a la parada de autobuses una poco después de nuestra partida asi que se montó en la misma dirección con el fin de alcanzarnos o por lo menos, seguir nuestros pasos. Todo marchó perfecto hasta que se quedó dormido. Fue despertado en la plaza de un pueblo que nunca había visto, empezó a preocuparse cuando le contaron que a esa hora no habían buses de regreso. Cuando logró encontrar un teléfono, no supo bien a quién llamar ya que en esos tiempos, no se disponía de celulares. Después de tres llamadas, con diez minutos de separación entre una y otra se dió cuenta de que estaba en donde no tenía que estar, que no podría salir de ahí hasta el otro día y, que necesitaba un lugar para pasar la noche. En ausencia total de hostales o posadas, caminó sin rumbo por ese pueblo fantasma. Unas calles más arriba encontró una construcción abandonada y sin más opciones ddecidió pernoctar en ese lugar. Antes de dormir, sacó uno de los bates que tenía preparados para el paseo, antes de terminarlo se quedó profundamente dormido. Luego de los respectivos recibimientos, integramos al nuevo invitado a la dinámica en curso y a eso del medio día ya era uno más de nosotros. La tarde discurrió sin que nada trascendental afecte su curso y por la noche, acomodados en la zona de hamacas, proseguimos la ingesta de licor hasta por la noche. En un momento de anticipado aburrimiento, y en condición de 'raros' dentro del grupo, decidimos aislarnos un poco más para fumar otro de los bates que 'M' traía consigo, escogimos el balcón del segundo piso para nuestra travesura. Después de fumar, nos quedamos charlando un rato para analizar el vuelo y preveer sus consecuencias. Media hora después entramos a la casa para darnos con la sorpresa de que todos estaban acostados y dormidos en sus respectivos lugares. Los sillones, las mantas y ni que decir de las camas estaban todas ocupadas. ¿Qué hacemos? ...nos preguntamos. Decidimos —sin pensar mucho— regresar a las hamacas que sin considerar el frío, nos proporcionarían la horizontalidad necesaria para conciliar el sueño. Recuerdo que cuando cerré los ojos, necesité sacar un pié y apoyarlo en el suelo, el vaivén de la cama colgante atenuó el efecto carrusel de la borrachera y me sentí tan mal que tuve que levantarme a vomitar. El escándalo fue tal que se escuchó hasta el pueblo vecino y me atrevo asegurar que ninguno de los allí presentes, excepto los que cuentan con la gracia del olvido, pudieron borrar de su memoria, tan desagradable acontecimiento.

3.9.09

No dejes para mañana... (Cap. siete)


//Mientras las veinte parejas se preparaban, el resto de los presentes formó un gran círculo alrededor, poco tiempo después se dio inicio al tan esperado concurso.//

Hipocresía: ¡Oh, querida Justicia¡ déjame apreciar tu vestido una vez más. No me digas que es obra de Perfecto.

Justicia: Lo diseñé yo misma, pero creo pudo haber escogido un mejor material. Tomé una decisión apresurada porque estaba con el tiempo justo para dictar una sentencia ¿tú qué tal?

Hipocresía: Para serte franca, hay algo que me preocupa.

Justicia: ¿De qué se trata?

Hipocresía: Quiero que observes a orgullo. ¿Notas algo diferente en él?

Justicia: /risas/ Estoy impresionada ¿cuándo aprendió a baila? No distingo bien a su pareja pero definitivamente, no se trata de Calma.

Hipocresía: Orgullo baila con Locura.

Justicia: Y tu estas celosa, ¿es eso?.

Hipocresía: ¡Pero qué cosas dices! Orgullo es mi amigo. Pero como bien sabes, desde que rompió con Calma las cosas no le han salido tan bien. Lo único que me interesa es que Orgullo se feliz y que se divierta. Se siente muy dolido y sigue obstinado en que un día de estos, Calma volverá a sus brazos pidiéndole perdón pero eso algo nunca va a pasar, querida.

Justicia: Comprendo tus sentimientos. Orgullo es un tipo extremadamente sensible, lo que no entiendo es cómo puedes estar segura de lo que sucede entre ellos.

Hipocresía: Lo sé. Orgullo me lo cuenta todo. El pobre está visiblemente desesperado, a veces ni siquiera quiere hablar conmigo. Debes confiar en mí. A estado cursando clases de baile por tres meses seguidos para esta noche, ¿no crees que merece ganar más que ningún otro este concurso?

Justicia: En un concurso de baile se premia el esfuerzo de toda una vida. Pero para que te sientas tranquila, déjame decirte que Locura y Orgullo hacen una estupenda pareja.

Hipocresía: Te ruego que no le menciones a Orgullo lo que te acabo de decir, nunca me lo perdonaría.

Justicia: Descuida Hipocresía, respeto tus buenas intenciones.

1.9.09

El comedido (parte cinco)


Tres pisos más abajo estaban los juguetes. Pasando la pierna por encima del espaldar, mi ficticia esposa tomó asiento frente al monitor de una pequeña familia de artefactos computarizados, luego puso el teclado sobre su pierna previamente entrecruzada y empezó a ingresar una serie de códigos en campos de texto sucesivos. Unos segundos después se desplegó una pequeña ventana y se inició una video conferencia. Del otro lado había una mujer rubia muy atractiva de no más de cuarenta años. Hablaron en un dialecto que no pude reconocer y peor entender. Ella habló primero, la impresión que me dio es que hacía una especie de informe, se ayudó de sus dedos para clasificar y enumerar su discurso y cuando terminó, su interlocutora meditó un por un instante y contestó como quien quiere tranquilizar las situación, luego le dio un par de órdenes, se inclinó un poco, —a lo que todos contestamos con el mismo gesto— y cortó la transmisión. La bella desconocida se quedó mirando el monitor pensativa, Mr. W puso su mano en mi hombro y me dijo muy cordialmente que hablaría en privado Mrs. P y que me ponga cómodo mientras ellos regresan. Me señaló hacia las escaleras y sugirió que sería mejor si esperaba en la sala de juegos del piso superior. El bar estaba en centro de la estancia. Me preparé un wyskey y encontré habanos frescos de excelente calidad. Me decidí por la mesa de pool, nunca había visto una de esas características; las bandas y el paño parecían no haber sido usado nunca a no ser por una pequeña línea muy cerca la punto de partida. Necesité ocho turnos para embuchar todas las bolas, insatisfecho, tomé el triángulo y cuando me disponía a armar una nueva mesa escuché gritos. Provenían de la boca de la escalera y muy seguramente se trataba de ella; hasta donde tenía noticia, no había nadie más en la casa. Bajé las escaleras de cuatro saltos y abrí con cuidado la puerta de la que salía el agónico escándalo. Mr. W estaba encima de ella, y forcejeaba con su víctima de espaldas a la puerta. Me deslicé rápidamente detrás de él y me ayudé del triángulo de madera para ahorcarlo. Estaba cansado y luchó poco. Dejé descansar el cuerpo sobre la alfombra y me senté al lado. Ella se acercó a mi posición y me dio las gracias. Miré sus ojos y sin esperar respuesta, le dije..., —¿Ahora sí me dirás cómo te llamas?.