20.3.09

Rapidito mix


Literatura y filosofía están unidas por el tallo. Cuando decimos `somos´ nos entendemos como una multiplicidad, como parte de un todo. Lo único real es lo que podemos percibir con nuestros sentidos. En toda intención subyace una necesidad y el reto es descubrirla. Si nuestro código genético fuese nuestro nombre, no tendríamos tiempo para presentarnos. Para estar dudando es mejor no creer en nada. La conciencia como cable a tierra de los instintos. Voy a luchar por mi libertad. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Escribir para decir lo que nadie se atreve a decir. Escribir para quitarse un peso de encima, para equivocarse o para tener la razón. Escribir sin sentido, acerca de lo irrompible, de lo inmutable, del absurdo que llevamos a cuestas con el gesto sumiso del vencido. Soy bulímico vital, vomito lo que no asimilo del mundo, y cuando espero, tengo recuerdos de mis vidas pasadas.

14.3.09

Caballeros


No se precipite, la paciencia es una virtud y como toda virtud tiene su recompensa. No la pierda de vista. Sea discreto. Prepare algo que decir mientras estudia su entorno. Fíjese con quién está y cómo actúa con ellos. Calcule su edad. Imagine cómo podría llamarse. Acérquese un poco más, esta vez con la intención de que ella lo vea. Si lo pasa de largo con la mirada sea realista, búsquese otra. Si se detiene en usted al menos un segundo es buena señal. Si le devuelve indiscretamente la mirada no vaya a romper el duelo comportándose como un cobarde. Mírela con deseo sin parecer un morboso. El contacto visual es como la luz de partida. Camine directo hacia ella. Si las cosas marchan bien ella estará observando sus movimientos. Imagínese que tuviese puesto su pijama y que camina resuelto por el pasillo para ir al baño. Con necesidad pero sin urgencia. Mire al suelo mientras camina, un tropezón sería fatal. Deje que ella lo vea acercarse. Si usted está en una fiesta tendrá que sacarla a bailar. Recuerde que va a entablar una conversación, no a hacer un interrogatorio. Si le gusta hacer muchas preguntas o si se dedica al periodismo deje esa práctica para otro momento. ¿Sabe usted algo de mujeres? Las mujeres se parecen pero no son iguales. Igual que los hombres. Hombres y mujeres somos iguales. Y no entremos en detalles. Haga preguntas para respuestas subjetivas. O sea, póngala a hablar. Sus respuestas vendrán cargadas de información que usted podrá usar de base para nuevas preguntas. Si está bailando tendrá que acercarse para escucharla. Su nuevo triángulo de atención estará formado por su cabello, su boca y sus manos. Déjela hablar. Atienda a los detalles. Imíte sus gestos, es una forma de empatía. Mucho cuidado con hacerle pensar que usted es un payaso o que quiere tratarla como tal. Concéntrese en el triángulo que forman los ojos con la boca. No mire su nariz. Ella podría pensar que la hace porque es muy grande o muy pequeña. Si está muy cerca pensará que es bizco. Hágala reír. Valen chistes tontos mientras no los cuente como un estúpido. No se ría si ella no lo hace. Esa cuadro es espantoso. Un tonto riéndose de otro tonto con cara de tonto. Sea frontal pero no deje que ella piense que usted está muy necesitado. Cuando el hombre común está próximo morir de inanición es capaz de comer cualquier cosa. Todos lo somos pero nadie quiere parecerlo. Dejémoslo así. Puede hablar de cualquier cosa mientras no la aburra. Repito, si lo que le cuenta la hace reír gana puntos. El tono de voz es muy importante. Mientras logre mantener un diálogo, ella se quedará con usted. Discutir me parece una forma rápida de conocer a alguien. Es una técnica peligrosa pero se usa mucho. Primero debe hacer que lo odie, luego, usted debe darle la razón como si ella le hubiese hecho cambiar de opinión. Si usted es principiante y quiere intentarlo adelante. No auguro éxito, ninguna técnica es infalible. Cada mujer debería venir con su propio manual. Si usted está en una fiesta no puede ponerse a hablar de cementerios. Si a usted le gusta leer debería empezar por ahí. Si nota que la literatura no es de su interés, recomiéndele un par de libros y cambie de tema. No la aburra. Para eso mejor baile un poco. Si están en la barra de un bar puede darse cinco segundos para pensar. Si están sentados, mire a otras mujeres y espere que ella tome la iniciativa. En este punto debe sentirse desgastado. Es hora de relajarse un poco. Si la están pasando bien es cuestión de tiempo. Hay que saber coger las curvas y salir con impulso de ellas. Ahora están juntos y la están pasando bien. No importa que se detenga la música o que uno de los dos tenga que ir al baño. En este punto termina lo técnico y empieza lo artístico.

10.3.09

Detalle de un proyecto


Adoptó una posición extraña para morir. Lo tomó de las bastas y lo arrastró al pasillo, aseguró la oficina y se lo montó al hombro. En el sexto piso, el cuerpo fue a parar escaleras abajo. Decidió cambiar de método: se ayudó de la gravedad y arrastró el cuerpo —poniéndose por delante— el resto de pisos. El parqueadero estaba en silencio. Guardó el bulto en el maletero y subió al auto. Condujo un poco más lento de lo habitual hasta llegar a casa. Su mujer dormía plácidamente. Se dió una ducha y escondió todo. Al día siguiente se concentró en acelerar la rutina matutina. Ya en la oficina, abrió las ventanas y limpió todo. A las diez en punto llegó un proveedor. Discutieron por treinta minutos. Más tarde llegaron unos policías. Le hicieron las preguntas de rigor: ¿Conocía usted al difunto? ¿Cuándo fue la última vez que lo vio? ¿Qué hizo ayer en la noche? Cuando se sintieron satisfechos, dieron las gracias y se marcharon. Al medio día fue a un centro comercial. Compró una pequeña pequeña sierra eléctrica y diez bolsas grandes de hielo. Consiguió un carrito y llevó todo al auto. Puso los hielos encima del cadáver y regreso al trabajo con la motosierra de copiloto. Un conductor lo adelantó haciéndole una mala seña con el dedo. Miró la sierra y respiró. Tenía que estar en la oficina antes de las tres. Ésta vez, los clientes querían realizar ‘pequeños’ cambios sobre cierta propuesta. Él se negó de raiz. Se retiraron indignados y sorprendidos quince minutos después. Cerró la oficina y se marchó apresuradamente. Una vez en casa, cargó el cadáver hasta el patio de atrás y lo cortó en pedazos. Su mujer lo encontró dormido a las nueve. Se había retrasado a causa de un embotellamiento.

El círculo de la gallina


La gallina odia al hombre pero se come al gusano. El hombre teme al gusano y se come a la gallina. El gusano se come a todos y no le hace malas caras a nadie. La sed humana, en su insaciable transcurrir, digiere y fecaliza sin poner límites, al punto que la mal llamada 'humanidad' es la peor plaga que camina por estos suelos. Se disfruta hasta en la peor de las tormentas, un buen desastre siempre será el pie de un nuevo descubrimiento /en el reino de los pies sucede todo el tiempo/. Nunca nada fue más cierto, más feliz cada día, subiendo por la escalera olvidando el pánico del descenso. A riesgo de resbalarme diré que nunca me ha llamado tanto la tierra. Todo lo que uno hace afecta el todo aunque nadie se queje. Se prefieren los puntos de fuga sobre todas las cosas. ¿Acaso han vuelto las ideas? Todos sospechan de quien nadie puede ver, de quien nada tiene que decir. Ayer, mientras me peinaba, me di cuenta de que mi cabello se está tornando más rubio. ¿Me estaré haciendo argentino?

5.3.09

Día primero.


El sonido de la alarma rompió el abrazo. Se vistió y me dio un beso a modo de despedida. Salí tras ella cinco segundos después pero el pasillo ya estaba vacío. Regresé al cuarto y me puse a ver televisión. Los noticieros estaban llenos de lluvia, derrumbes y carreteras. Llegué al terminal terrestre a las diez y quince. Compré un pasaje y me desplacé a los andenes. El ayudante del conductor aproximó cinco horas y media de viaje. La chica del asiento de al lado hablaba poco pero se reía mucho, a si que por lo menos pude repasar algunos chistes. El viaje duró, a fin de cuentas, seis horas y media.

Cuando llegué, tres personas espiaban por las ventanas del edificio. Hora y media de retraso para una reunión de dos. Hablamos del proyecto y recorrimos las instalaciones. Terminamos la visita a las seis de la tarde. Sin nada que hacer caminé para buscar un lugar para comer. Me detuve en un parque con una estatua de Bolívar. Luego entré a un hostal para preguntar precios y finalmente encontré un agradable restaurante-panadería. Pedí una hamburguesa y una porción de papas. Luego me puse a escribir. En las calles, la gente se divertía con latas de espuma y agua. Era carnaval y hacía frío, pero esto último parecía no importarles. A las tres horas me harte de estar sentado y salí a caminar.

Me puse como objetivo un semáforo a una docena de calles, la acera era estrecha y a veces había que bajarse de ella para dar el paso o para rebasar. Llegué a un lugar llamado las tres esquinas y regresé por el brazo opuesto. Una calle parecida a la anterior pero al revés. Luego otro parque y de nuevo el restaurante-panadería. Hice pis en una de esas medias tinas irrigadas propias de estadios y bares, dentro de un pasillo que conducía a un Karaoke. Me senté y seguí llenando el cuaderno de tinta y los pulmones de humo. A las diez y media me sentí estúpido pero decidí esperar un poco más. Había buena música y el ambiente era tranquilo. Escribía y fumaba con la cabeza abajo, de vez en cuando, levantaba la mirada y curioseaba un poco por la mesas vecinas. Dos personas se me acercaron y me ofrecieron un poco de cerveza mezclada con vino. Se presentaron y me invitaron a su mesa. Hablamos de música y de juegos de video. A las doce de la noche empezaron a despedirse.

Luego conocí otros dos. Hablamos de modales y religión. Eran profesores de escuela y uno de ellos quiso patrocinarme un programa de radio. No sé si era realmente cierto pero de lo que estoy seguro es que cuando nos despedimos había cambiado de idea. El otro era un poco mas conciliador pero aún así nunca compartimos puntos de vista. Eso no fue extraño para mí ya que me pasa muy a menudo. El hostal quedaba a unos pasos. Mientras uno de los educadores meaba en una jardinera, timbré el citófono. No quedaba lugar. Me despedí mis alcoholizados nuevos amigos y caminé por la misma calle y en la misma dirección que horas atrás.

Encontré un cajero. Nada. Un hombre barría el parque con un mandil blanco. Me sugirió un lugar a tres cuadras de allí. Caminé hasta una casa verde de tres pisos. Mientras tocaba el timbre vi pasar a alguien con dirección al parque. Como no salió nadie me dispuse a regresar. Al verme caminando detrás, el extraño aceleró el paso, luego se quedó de pie en la puerta de una especie de bar-karaoke. Pasé de largo hasta el parque. El barrendero me recomendó otro lugar. Misma suerte. Mientras regresaba por tercera vez distinguí al tipo de antes, levantó la mano a modo de saludo y caminó amistosamente a mi encuentro.

Con el dinero que tenía para hostal compramos una botella de aguardiente y media cajetilla de tabacos. Su casa resultó estar muy cerca de la casa verde. Entramos sin hacer ruido. Había mucha ropa colgada en el patio. Subimos a la segunda planta y entramos por una puerta azul que se abrió como si fuera una ventana. Entamos a una salita de estar antigua muy blanca. Habían muñecas por donde se fijara la vista, eran muy parecidas unas con otras pero vestían diferente. Muebles bajos y repisas a reventar de recuerdos y regalos de bautizos, matrimonios, aniversarios. Hablamos de música, de amigos, de borracheras. A la mitad de la botella decidimos dormir. Me acomodé en un sillón y me arropé como pude con un montón de cojines blancos. Antes de conciliar el sueño sentí que alguien encendió la luz. Abrí los ojos y vi que una señora arropaba al camarada con un par de gruesas mantas. Unos segundos despues, apagaron la luz.

4.3.09

No dejes para mañana (Cap. 3)


Hipocresía encuentra a Miedo en un gran jardín lleno de estatuas de mármol.

HIPOCRESÍA: Amado Miedo. Qué bueno que te encuentro.

MIEDO: ¿Por qué llegas así? pareces un fantasma.

HIPOCRESÍA: Miedo, escúchame bien. Terror y Angustia se enteraron de todo. Debes huir de aquí inmediatamente. Tu vida corre peligro.

MIEDO: No entiendo... ¿cómo se enteraron?

HIPOCRESÍA: Deseo le contó todo a su madre. ...No debiste confiar en el.

MIEDO: ¡Dónde está Calma¡

HIPOCRESÍA: No puedes hacer nada por ella. Su castigo será enorme. Pero a ti, mi querido Miedo, a ti.

MIEDO: ¿A mi qué?

HIPOCRESÍA: Terror hizo llamar a sus brigadieres. ¡Te están buscando¡

MIEDO: Hablaré con el, le diré que amo a su hija y que estoy dispuesto a morir por ella.

HIPOCRESÍA: Parece que no me hice entender bien. Ira, Furia y Venganza vienen a por ti. ¡Debes escapar mientras puedas!

MIEDO: Esto es inconcebible. ¡Dónde está ella¡

HIPOCRESÍA: Está encerrada en el palacio. Preocúpate por ti. ¿Quieres morir? ¿Acaso no sabes lo que tu muerte implicaría?

MIEDO: Tienes razón. Ese trío es lo peor que camina sobre este lugar. No tengo opción.

HIPOCRESÍA: Ahora sí estás usando la cabeza mi querido Miedo. Cuando las cosas se pongan mejor iré a buscarte. Debes marcharte ahora.

MIEDO: Quiero que des un mensaje a Calma por mí.

HIPOCRESÍA: Soy toda oídos.

MIEDO: Quiero que le digas que no me arrepiento, que no me arrepentiré nunca y que aunque caigan mil maldiciones sobre mí, estaré satisfecho con su recuerdo.

HIPOCRESÍA: No te preocupes, se lo diré personalmente.

MIEDO: Eres una mujer con agallas. !Muchas gracias por todo¡

HIPOCRESÍA: !Cuídate¡ y, ...no confies en nadie.

El comedido (parte tres)


Miré por el visor para ver quién estaba tocando. Era un enorme sujeto de raza oriental con un peinado rarísimo. Tenía un tatuaje en el cuello, ...una especie de serpiente o dragón. Su cara estaba llena de piercings e incrustaciones metálicas. Tenía unas profundas ojeras y parecía no haber pegado ojo en algunos días. Estaba visiblemente enfadado y nervioso... —¿Quién es?- pregunté. —¿Dónde está la mujer?- dijo el extraño. —Bajó por las escaleras- Respondí. —...por tu bien, espero que así sea—. Tenía un extraño acento oriental; rápidamente, dio media vuelta y se lanzó por las escaleras. Esperé tres segundos y salí al pasillo. Mientras esperaba el ascensor los pasos del gigante ensordecían por las escaleras. Pulsé el cero y me miré en el espejo. Estaba sudando y mi reflejo evidenciaba sin posibilidad de error que estaba muerto de miedo. Al salir del ascensor casi me choco con ella. —¡Alguien te persigue!— le dije. Se quedó mirándome con los ojos muy abiertos, entonces, en un acto no consciente la tomé del brazo y la arrastré hacia la calle. La noche era clara y tranquila. Dimos vuelta al edificio. El lugar del accidente estaba infectado de curiosos. Nos mezclamos con la multitud y cruzamos en diagonal al otro lado de la avenida. Subimos por una transversal volteando la cabeza cada tres pasos para cerciorarnos de que no nos estuvieran siguiendo. Después de dar vuelta a la esquina, la tomé de los hombros y la sujeté contra la pared. —¿Qué pasa aquí? ¿Quién era ese tipo?— le pregunté -¡Suéltame¡ dijo, ...te lo contaré despues-.