5.3.09

Día primero.


El sonido de la alarma rompió el abrazo. Se vistió y me dio un beso a modo de despedida. Salí tras ella cinco segundos después pero el pasillo ya estaba vacío. Regresé al cuarto y me puse a ver televisión. Los noticieros estaban llenos de lluvia, derrumbes y carreteras. Llegué al terminal terrestre a las diez y quince. Compré un pasaje y me desplacé a los andenes. El ayudante del conductor aproximó cinco horas y media de viaje. La chica del asiento de al lado hablaba poco pero se reía mucho, a si que por lo menos pude repasar algunos chistes. El viaje duró, a fin de cuentas, seis horas y media.

Cuando llegué, tres personas espiaban por las ventanas del edificio. Hora y media de retraso para una reunión de dos. Hablamos del proyecto y recorrimos las instalaciones. Terminamos la visita a las seis de la tarde. Sin nada que hacer caminé para buscar un lugar para comer. Me detuve en un parque con una estatua de Bolívar. Luego entré a un hostal para preguntar precios y finalmente encontré un agradable restaurante-panadería. Pedí una hamburguesa y una porción de papas. Luego me puse a escribir. En las calles, la gente se divertía con latas de espuma y agua. Era carnaval y hacía frío, pero esto último parecía no importarles. A las tres horas me harte de estar sentado y salí a caminar.

Me puse como objetivo un semáforo a una docena de calles, la acera era estrecha y a veces había que bajarse de ella para dar el paso o para rebasar. Llegué a un lugar llamado las tres esquinas y regresé por el brazo opuesto. Una calle parecida a la anterior pero al revés. Luego otro parque y de nuevo el restaurante-panadería. Hice pis en una de esas medias tinas irrigadas propias de estadios y bares, dentro de un pasillo que conducía a un Karaoke. Me senté y seguí llenando el cuaderno de tinta y los pulmones de humo. A las diez y media me sentí estúpido pero decidí esperar un poco más. Había buena música y el ambiente era tranquilo. Escribía y fumaba con la cabeza abajo, de vez en cuando, levantaba la mirada y curioseaba un poco por la mesas vecinas. Dos personas se me acercaron y me ofrecieron un poco de cerveza mezclada con vino. Se presentaron y me invitaron a su mesa. Hablamos de música y de juegos de video. A las doce de la noche empezaron a despedirse.

Luego conocí otros dos. Hablamos de modales y religión. Eran profesores de escuela y uno de ellos quiso patrocinarme un programa de radio. No sé si era realmente cierto pero de lo que estoy seguro es que cuando nos despedimos había cambiado de idea. El otro era un poco mas conciliador pero aún así nunca compartimos puntos de vista. Eso no fue extraño para mí ya que me pasa muy a menudo. El hostal quedaba a unos pasos. Mientras uno de los educadores meaba en una jardinera, timbré el citófono. No quedaba lugar. Me despedí mis alcoholizados nuevos amigos y caminé por la misma calle y en la misma dirección que horas atrás.

Encontré un cajero. Nada. Un hombre barría el parque con un mandil blanco. Me sugirió un lugar a tres cuadras de allí. Caminé hasta una casa verde de tres pisos. Mientras tocaba el timbre vi pasar a alguien con dirección al parque. Como no salió nadie me dispuse a regresar. Al verme caminando detrás, el extraño aceleró el paso, luego se quedó de pie en la puerta de una especie de bar-karaoke. Pasé de largo hasta el parque. El barrendero me recomendó otro lugar. Misma suerte. Mientras regresaba por tercera vez distinguí al tipo de antes, levantó la mano a modo de saludo y caminó amistosamente a mi encuentro.

Con el dinero que tenía para hostal compramos una botella de aguardiente y media cajetilla de tabacos. Su casa resultó estar muy cerca de la casa verde. Entramos sin hacer ruido. Había mucha ropa colgada en el patio. Subimos a la segunda planta y entramos por una puerta azul que se abrió como si fuera una ventana. Entamos a una salita de estar antigua muy blanca. Habían muñecas por donde se fijara la vista, eran muy parecidas unas con otras pero vestían diferente. Muebles bajos y repisas a reventar de recuerdos y regalos de bautizos, matrimonios, aniversarios. Hablamos de música, de amigos, de borracheras. A la mitad de la botella decidimos dormir. Me acomodé en un sillón y me arropé como pude con un montón de cojines blancos. Antes de conciliar el sueño sentí que alguien encendió la luz. Abrí los ojos y vi que una señora arropaba al camarada con un par de gruesas mantas. Unos segundos despues, apagaron la luz.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

que ansiedad .. y si.. hay noches que se busca quien sabe que.... diga?... a ratos nos sorprende

Martín dijo...

La ansiedad... cuántas estúpideces habré cometido por impaciente.

Anónimo dijo...

por impacientes... ganamos tiempo, por impacientes no leemos entre líneas

Martín dijo...

Bueno, si se lo ve de ese modo. Tengo oído selectivo, lectura rápida y soy un especialista para hacerme el que no entendió.

lappel dijo...

ja ja ja ja... ahora entiendo todo

lolita dijo...

la ansiedad será enemiga íntima de la reflexión... Muchas veces la ansiedad nos lleva a trabajar al doble con nuestro cerebro...

La cuestión es que la ansiedad me come ahora... Y leerte me ha hecho sentir que a vos también...

Yokasta dijo...

La ansiedad no es mas que la escusa perfecta para sacarse el disfraz y lanzarse al ruedo la ansiedad es decir con cada palabra no dicha el futuro insierto de la dicha

Martín dijo...

Lolita: No lo dudes.
Y: Me saco el disfraz a mordiscos y dejo de escuchar al público. Hoy he venido a encontrarme. Silencio ...que empiece la función.

Mariel Ramírez Barrios dijo...

vengo de Hipocresìa que le dice a Miedo que no confìe en nadie,lo cual YA me parece una frase para el màrmol,y me encuentro con esta historia
estructural
argumental
y estèticamente,en el sentido literario màs estricto
tan buena
que me quedo pensando ..un minuto .........casi con envidia:
QUIERO UN LIBRO.

liliana dijo...

QUIERO UN LIBRO también me quedo pensando...un minuto. Visité tu blog Mariel: Femeninamente revolucionario; conocí de tu voz a Milena Jesenka. Gracias, , ,
L.