30.12.10

La gata del árbol


El año termina en breve. Podría olvidarme de todo y descansar la cabeza pero detesto la moda frutal y su premisa de continua primavera. Las uvas que compré para una cálida cena fría llevan sobre la mesa más de una semana. Podría jugar con los gatos y enseñarles fiereza pero desde que se hicieron companía no me toman en cuenta en sus juegos. Resultó que ayer, saliendo de la oficina, poco antes de llegar al semáforo, escuché un maullido y al pié del árbol del que provenía, una chica a la cual hube de encargar mi paraguas para iniciar el rescate. La gata, visiblemente asustada, se rehusó a cooperar en un intrincado cruce de ramas. Hice lo mío y recibí caras de asombro, respeto y gratitud. Conté por primera vez esta historia al taxista que nos llevó a casa. La gata tenía unas burbujas de sangre en el hocico cuya naturaleza nunca pude descifrar ni con la ayuda de un veterinario especialista. Los detalles de esta visita, /al igual que los puntos suspensivos/ para no hartar y para empezar a buscar como terminar, han sido omitidos.

20.12.10

Instant karma


Me encontraba sobre el plano infinito de un nítido blanco espuma. No sabía qué hacía en ese lugar pero me preocupó más saber de dónde venía; es decir; tenía conciencia de haber estado en otros lugares sin saber por qué tenía la certeza de pensarlo; y es que a pesar de sólo haberlo presentido lo di por cierto, y durante un instante /que duró siglos/ enfoqué mi atención en un punto al azar de un imaginario horizonte. Cerré los ojos y una extraña voz dejó temblando en la atmósfera la última nota de su pregunta. Al no recibir respuesta, la extraña presencia empezó a acercarse. Retrocedí instintivamente como si se tratase de una amenaza hasta que me di cuenta del absurdo. Mi nuevo sentido /adquirido en instancias borradas de mis recuerdos/ tuvo una mejor idea y por segunda ocasión, me dejé llevar. Se acercó hasta quedar a dos pasos y volvió a interrogar. No sé cuánto tiempo pasó, pero la conclusión, siempre oportuna, apareció en forma de una nueva pregunta. El personaje reaccionó recogiendo sus pasos y una fuerza invisible me impidió seguirlo. Sin nada que contestar y sin nadie a quién reclamar, no me quedó más remedio que aprender a caminar de espaldas y hasta ahora no me detengo.