31.1.11

Flash back


Negándome a que me den llamando un taxi decidí salir a la principal. Vestía una gabardina color ratón de la segunda guerra y estrenaba corte de pelo; cargaba una maleta azul y como una extensión de mi brazo, un vistoso paraguas chino de cuadritos. En pleno redondel y a toda velocidad, apareció un taxi. El conductor, aunque un tanto mal encarado, estaba demasiado flaco para representarme una amenaza, así que le conté cuánto tenía y hacia dónde me dirigía y aceptó llevarme. Cerca de la González, el taxi se detuvo para ceder el paso y de repente, y sin parar de hablar y amedrentar, se subieron un par de fulanos. El que entró por la derecha me persuadió para que no lo mire y para que agache la cabeza; traía un destornillador en la mano y cara de pocos amigos; el otro, también colombiano, amenazó al taxista para que siga sus instrucciones y lo obligó a arrancar. El taxista, al igual que yo, guardó silencio y condujo. Abrí los ojos manteniendo la vista en mis rodillas y respondí a sus preguntas con calma. Les dije que sólo tenía dos dólares y para demostrarlo saqué la billetera de mi bolsillo. Uno de los antisociales se encargó de la requisa; lo primero que encontró fue la marihuana; lo supe porque no le importó mostrar su asombro; me preguntó si me gustaba triquearme, a lo que le contesté que sólo por las noches ya que no gustaba de salir cuando lo hacía. Antes de terminar mi respuesta, el tipo de la izquierda tocaba mi pierna con la tarjeta del cajero. Sin que me lo pregunten dos veces, les canté la clave y los fondos para precautelar mi integridad; luego se les ocurrió que tenía dinero en el bóxer pero pude convencerlos de que la idea era estúpida. Poco tiempo después, y para mi sorpresa, uno de los sujetos llamó con su teléfono a un cuarto cómplice listo a ingresar la clave del cajero automático. La transacción se realizó con éxito y por un segundo pensé en mi pobreza hasta que me dí cuenta de que lo peor bien podía estar por suceder. Cerré los ojos y traté imaginarme en los zapatos de otro, en la gabardina de otro, pero mi calma no duró mucho tiempo ya que casi en la oreja y con la voz muy baja, el tipo del destornillador me preguntó si alguna vez me habían hecho el amor. Con un movimiento rápido de la cabeza busqué sus ojos para saber si estaba bromeando, luego agaché la cabeza y traté de pensar en algo mas no se me ocurrió nada sino hasta segundos después de que me volviera a repetir la pregunta. Tal vez tenga una especie de shock pero no recuerdo mi respuesta, tal vez nunca dije nada y lo imagine, o tal vez y para no pensarlo mucho digamos que la suerte estuvo de mi lado, el caso es que después no se habló más del tema. Lo posterior que recuerdo es que empezaron a darme indicaciones de lo que tenía que hacer cuando me soltaran. Pusieron sobre mis piernas los libros y cuadernos, la billetera, la maleta y encima la gabardina que muy seguramente decidieron dejarme al no dar la talla para vestirla; y por fin, luego de veinte minutos de angustioso y zigzageante recorrido, el taxi se detuvo y me dejaron salir con la condición de correr sin regresar a ver, hasta voltear la esquina.

1.1.11

La noche de ayer

Bebí tanto ayer que no me sorprende que esta mañana me haya querido explotar la cabeza; esta tarde dejé vencerme por el cansancio y por la noche escribí: La velada fue formidable; me quedé acostado hasta que las ganas de fumar me obligaron a levantarme; después de comer me volví a acostar y no me preocupé de pensar hasta que llegó la noche y con ésta las ganas de decir: El ayer sucedió sin más; lo bueno es que pude hacer las tareas de la casa a pesar del dolor de cabeza. Por la tarde pasé encerrado y me olvidé de comer; luego de haber hecho nada todo el día, decidí obligarme a poner en palabras lo que me acontecía y ésto es lo que escribí: Ayer volví a emborracharme. Esta mañana quise satisfacer un deseo pero me dolía la cabeza; la noche me tomó por sorpresa y luego de observar por más de una hora la pantalla en blanco del computador resolví poner fin al absurdo y contar todo de nuevo: Volvieron los dolores de cabeza; me siento mal por haber dormido toda la tarde y es que no hay cosa que me agote más que estar enfadado; debo comprar tabacos para la noche y pensar muy bien lo que voy a hacer, ya que si sigo de este modo, nunca llegaré a mañana.