1.9.09

El comedido (parte cinco)


Tres pisos más abajo estaban los juguetes. Pasando la pierna por encima del espaldar, mi ficticia esposa tomó asiento frente al monitor de una pequeña familia de artefactos computarizados, luego puso el teclado sobre su pierna previamente entrecruzada y empezó a ingresar una serie de códigos en campos de texto sucesivos. Unos segundos después se desplegó una pequeña ventana y se inició una video conferencia. Del otro lado había una mujer rubia muy atractiva de no más de cuarenta años. Hablaron en un dialecto que no pude reconocer y peor entender. Ella habló primero, la impresión que me dio es que hacía una especie de informe, se ayudó de sus dedos para clasificar y enumerar su discurso y cuando terminó, su interlocutora meditó un por un instante y contestó como quien quiere tranquilizar las situación, luego le dio un par de órdenes, se inclinó un poco, —a lo que todos contestamos con el mismo gesto— y cortó la transmisión. La bella desconocida se quedó mirando el monitor pensativa, Mr. W puso su mano en mi hombro y me dijo muy cordialmente que hablaría en privado Mrs. P y que me ponga cómodo mientras ellos regresan. Me señaló hacia las escaleras y sugirió que sería mejor si esperaba en la sala de juegos del piso superior. El bar estaba en centro de la estancia. Me preparé un wyskey y encontré habanos frescos de excelente calidad. Me decidí por la mesa de pool, nunca había visto una de esas características; las bandas y el paño parecían no haber sido usado nunca a no ser por una pequeña línea muy cerca la punto de partida. Necesité ocho turnos para embuchar todas las bolas, insatisfecho, tomé el triángulo y cuando me disponía a armar una nueva mesa escuché gritos. Provenían de la boca de la escalera y muy seguramente se trataba de ella; hasta donde tenía noticia, no había nadie más en la casa. Bajé las escaleras de cuatro saltos y abrí con cuidado la puerta de la que salía el agónico escándalo. Mr. W estaba encima de ella, y forcejeaba con su víctima de espaldas a la puerta. Me deslicé rápidamente detrás de él y me ayudé del triángulo de madera para ahorcarlo. Estaba cansado y luchó poco. Dejé descansar el cuerpo sobre la alfombra y me senté al lado. Ella se acercó a mi posición y me dio las gracias. Miré sus ojos y sin esperar respuesta, le dije..., —¿Ahora sí me dirás cómo te llamas?.

9 comentarios:

lolita dijo...

Esto de trabajar a tiempo completo me corta la posibilidad de escribir más... pero ya hay una nueva entrada.

Buenas noches.

Marko dijo...

¿Q pasó con El comedido en la 5?
5: empty!!!

Martín dijo...

Perdóname la vida, confundí la numeración.

lappel dijo...

"Tiré la cámara sobre la cama, cogí las llaves y la chaqueta; al atravesar el marco de la puerta, me dio un mal presentimiento. Regresé a buscar mi linterna y salí rápidamente. ..."
ohhhh!, así empieza el comedido su aventura, , ,
Siempre me intrigó las fotos que guarda la cámara.

Martín dijo...

Ya vamos a saber como se llama la rubia ¿no te intriga eso?

lappel dijo...

la besstia!!!, , , cómo se llama la rubia?, como se llaman , cómo, cómo, , , cómo se llama el comedido, , , ja ja ja

Martín dijo...

Pues habrá que esperar para saberlo....

Anónimo dijo...

ojalá pudiera conjugar el verbo poder.... la rubia se fué con-migo

Martín dijo...

Muy bien, me quedo con la pelirroja y asunto arreglado.