8.9.09

Sobre lo acontecido en la finca de Y


El otro día me dirigía a casa de mi madre cómodamente sentado en un «Marín-Carcelén» cuando tuve una visión que me hizo recordar esta historia. Sucedió hace mucho; cierta mujer —llamémosla 'A'— quedó flechada de mi encanto juvenil. Su amor duró muchos años aunque ciencia cierta nunca pasó algo serio entre nosotros. Algun tiempo después del segundo de los brevísimos episodios que experimentamos como pareja, fui invitado por ella, —estudiante universitaria- y, por sus compañeros de clase, a participar de la ya bien posicionada ‘Ida a la finca de Y'. De lo que decían por ahí, en la última incursión a esta finca, ella, junto a otros siete compañeros, se bebieron en dos días, dos cajas de ron y cuatro botellas grandes de gaseosa. Para esta nueva ocasión, donde el número de invitados era mayor, los organizadores del evento prometieron el doble de cajas que la vez anterior. 'A' me dio carta verde para invitar a algún amigo, 'M' accedió a acompañarnos pero nunca llegó en la estación. Un viernes como cualquiera a las ocho de la mañana, doce estudiantes de nivel superior partían hacia su tan ansiado destino. Durante el viaje, se pudo liberar un poco de la carga contenida en la cuatro cajas de ron blanco compradas a precio de comisariato por la hija de un militar. Los vasos de plástico rodaron por todos los asientos y la parte trasera del autobús sirvió de abastecimiento del mezclado de ron, cola blanca y hielo. Dos horas después terminó el asfalto y tras un breve trasbordo, continuamos por un camino empedrado por un par de horas mas. La hacienda no era muy grande y podía abarcarse con la vista, la pequeña construcción, de estilo costeño clásico, contenía diversos espacios distribuidos en dos pisos de techo alto, la puerta principal que conducía al medio de la sala, y por detrás, hacia el río por la cocina. Después de conocer el río —la única distracción natural y fáunica de los alrededores— nos acomodamos en grupos dentro de la casa a jugar cuarenta y a chupar. A eso de las seis se armó un picadito, como por esas épocas no rodaba mucho la pelota, no guardo del partido mayor recuerdo, es mas, ni siquiera podría asegurar haber jugado esa tarde; es más, ese picadito pudo nunca haberse dado, y ya que vamos a mostrarnos benevolentes, frente a la excepción de que de darse o no el hecho, la representación del mismo viene a dotarles de la misma satisfacción, digamos que el partido efectivamente se efectuó y que metí cuatro goles. Para dar mas luces a este asunto, añadiré que, de los presentes, exceptuando uno, todos eran maletas como yo, y que, de otro modo, pude haber hecho de arquero y ser esta la razón por la cual no recuerdo ningún gol. Horas después, tras llenar la pancita, tabaquito en mano y mirada distante al horizonte, llega 'Y' con mirada desafiante y levantando mucho la voz, averiguando si hay caballero dispuesto a domar una yegua salvaje de su establo. No recuerdo por qué habría que hacer tal cosa pero todos los 'caballeros' dieron un paso atrás o agacharon el semblante. Yo, desesperado por llamar la atención, y sin más miedos que ser fulminado por un rayo, —atmosférico o cardiovascular— hube de aceptar el reto y animar a la gente a presenciar el hecho. Fuimos a la parte frontal de la casa y esperamos que traigan a la bestia. Fijé la mirada en el bosquecito que bajaba a las cuadras y más allá al río. Entonces, súbitamente, se escuchó un fuerte relinche detrás de los árboles, sin lugar a dudas, los empleados de la finca tenían problemas para hacer caminar al animal. Al dar la cara, —¿tienen cara los caballos?— el jamelgo resultó estar un tanto disminuido de peso, pero a fin de cuentas, yo también. El animal permaneció vendado hasta que soltaron la rienda. No se si se agotó de tanto relinchar o si se debió a que tenía mucha comida en el estómago —me refiero a mí— pero el pobre caballo dio dos pasos y se desmoronó debajo de mis ancas como un saco de papas. La escena resultó ser de lo más graciosa; puedo asegurar que mi hazaña se celebro y repitió hasta el cansancio; repitiose hasta el punto de dejar de sentirme orgulloso. Por la noche se hizo más de lo mismo hasta que el cansancio nos fue venciendo uno por uno. 'A' tenía planeado dormir con su mejor amiga así que me procuré de un espaldar de sillón, una manta verde y una almohada, luego busqué una esquinita y a dormir. Al otro día, los religiosos madrugadores empezaron a molestar a los que acurrucados huíamos de la luz solar. Cuando la casa despertó por completo decidí salir a tomar aire e intentar dormir un poco. Escogí una de las hamacas del porche desde donde se podía ver aparecer y desaparecer, la carretera entre los árboles. Un camión de medianas proporciones apareció arrastrando tras de si una nube de humo, en la parte posterior de vehículo, alguien me hacía señas con los brazos a modo de saludo; contesté el gesto y el camioncito se detuvo; el hombre que acababa de saludar se acercaba desde la puerta principal con un par de maletas. El desconocido se acercó lentamente hasta que a una distancia de treinta pasos pude reconocerlo, se trataba nada mas y nada menos que de mi querido amigo 'M'. Al parecer, este había llegado a la parada de autobuses una poco después de nuestra partida asi que se montó en la misma dirección con el fin de alcanzarnos o por lo menos, seguir nuestros pasos. Todo marchó perfecto hasta que se quedó dormido. Fue despertado en la plaza de un pueblo que nunca había visto, empezó a preocuparse cuando le contaron que a esa hora no habían buses de regreso. Cuando logró encontrar un teléfono, no supo bien a quién llamar ya que en esos tiempos, no se disponía de celulares. Después de tres llamadas, con diez minutos de separación entre una y otra se dió cuenta de que estaba en donde no tenía que estar, que no podría salir de ahí hasta el otro día y, que necesitaba un lugar para pasar la noche. En ausencia total de hostales o posadas, caminó sin rumbo por ese pueblo fantasma. Unas calles más arriba encontró una construcción abandonada y sin más opciones ddecidió pernoctar en ese lugar. Antes de dormir, sacó uno de los bates que tenía preparados para el paseo, antes de terminarlo se quedó profundamente dormido. Luego de los respectivos recibimientos, integramos al nuevo invitado a la dinámica en curso y a eso del medio día ya era uno más de nosotros. La tarde discurrió sin que nada trascendental afecte su curso y por la noche, acomodados en la zona de hamacas, proseguimos la ingesta de licor hasta por la noche. En un momento de anticipado aburrimiento, y en condición de 'raros' dentro del grupo, decidimos aislarnos un poco más para fumar otro de los bates que 'M' traía consigo, escogimos el balcón del segundo piso para nuestra travesura. Después de fumar, nos quedamos charlando un rato para analizar el vuelo y preveer sus consecuencias. Media hora después entramos a la casa para darnos con la sorpresa de que todos estaban acostados y dormidos en sus respectivos lugares. Los sillones, las mantas y ni que decir de las camas estaban todas ocupadas. ¿Qué hacemos? ...nos preguntamos. Decidimos —sin pensar mucho— regresar a las hamacas que sin considerar el frío, nos proporcionarían la horizontalidad necesaria para conciliar el sueño. Recuerdo que cuando cerré los ojos, necesité sacar un pié y apoyarlo en el suelo, el vaivén de la cama colgante atenuó el efecto carrusel de la borrachera y me sentí tan mal que tuve que levantarme a vomitar. El escándalo fue tal que se escuchó hasta el pueblo vecino y me atrevo asegurar que ninguno de los allí presentes, excepto los que cuentan con la gracia del olvido, pudieron borrar de su memoria, tan desagradable acontecimiento.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Tremenda historia mi querido amigo H...como olvidar esa experiencia de supervivencia!! La verdad es que fue una suerte increible haber dado con la finca de Y..y sin la ayuda de GPS ni celulares de ultima generacion. Me parece que estuvimos horas de horas en esas hamacas fumando bates, mientras el resto de invitados terminaba de remojarse en alcohol...jajaja sin duda una experiencia inolvidable. Algo parecido al dia q fuimos a Vina del Mar. Te acuerdas? andabamos con suerte...

UN abrazo mi querido amigo H. y gracias por el recuerdo!

Martín dijo...

La Cato de Valpo y sus dealers, el Keophs con su pantalla gigante y su cerveza alemana, la vista mañanera desde el pasillo entre el baño y el cuarto de Hollywood..., tanto por contar y tanto más por vivir...
Un abrazo desde latitud cero Mr. M.

lappel dijo...

4 cajas de ron
4 goles
1 escena de lo más graciosa (la domada de la yegua)
otro de los bates de 'M'

merecido final, diga?, ja ja ja

Marko dijo...

Q mal!!! capaz q si habia 'una' -me refiero a las ... kamas!!!- no te sucedia tal scandalo, digno de contarse.

Martín dijo...

¡Fué horrible! je, je, je.