Reaparecí en una urbanización a la que me gustaba llevar mis pasos, por allá temprano, en la infancia. Dos niños caminaban conmigo. La niña me hablaba de muchas cosas, el niño se mantenía cerca pero no decía nada. No consigo recordar nada de la charla: sé que filosofamos y que reflexionamos hasta llegar a una especie de cuarto de lavandería. En este punto, la conversación fue cambiando de tono y el niño empezó a no quitarme la vista de encima. Mi sexto sentido onírico (que funciona como un reloj atómico) me mandó un aviso: algo va a suceder !prepárate!, y como canchero que soy, y como Juan sin miedo que soy, decidí esperar a ver qué pasaba. La pequeña rubia me hablaba cada vez más cerca ¿Qué me decía? No lo sé y creo que no quiero saberlo. Si hubiese sido una peli de miedo, se habrían escuchado las disonantes notas que anteceden a los momentos más terroríficos, pero no; ese pequeño patio soleado no asustaba a nadie, ...a nadie que no haya flipado con el grotesco-sublime de Linch. La niña se fue acercando hasta quedar muy cerca, y como ya mencioné, no recuerdo lo que decía. Ya me esperaba algo raro, lo admito, mi inconsciente me había venido alertando. Contenía la respiración y me preparaba para lo peor. Entonces, ante mi cuerpo paralizado, la niña estiró su boca y luego todo su rostro para envolverme. La miré como quien no teme la muerte hasta que tapó por completo mis ojos, y cuando todo se hizo negro, le escuché decir: Nosotros no somos los demonios de este universo.
8.1.20
Terror bajo el sol
Reaparecí en una urbanización a la que me gustaba llevar mis pasos, por allá temprano, en la infancia. Dos niños caminaban conmigo. La niña me hablaba de muchas cosas, el niño se mantenía cerca pero no decía nada. No consigo recordar nada de la charla: sé que filosofamos y que reflexionamos hasta llegar a una especie de cuarto de lavandería. En este punto, la conversación fue cambiando de tono y el niño empezó a no quitarme la vista de encima. Mi sexto sentido onírico (que funciona como un reloj atómico) me mandó un aviso: algo va a suceder !prepárate!, y como canchero que soy, y como Juan sin miedo que soy, decidí esperar a ver qué pasaba. La pequeña rubia me hablaba cada vez más cerca ¿Qué me decía? No lo sé y creo que no quiero saberlo. Si hubiese sido una peli de miedo, se habrían escuchado las disonantes notas que anteceden a los momentos más terroríficos, pero no; ese pequeño patio soleado no asustaba a nadie, ...a nadie que no haya flipado con el grotesco-sublime de Linch. La niña se fue acercando hasta quedar muy cerca, y como ya mencioné, no recuerdo lo que decía. Ya me esperaba algo raro, lo admito, mi inconsciente me había venido alertando. Contenía la respiración y me preparaba para lo peor. Entonces, ante mi cuerpo paralizado, la niña estiró su boca y luego todo su rostro para envolverme. La miré como quien no teme la muerte hasta que tapó por completo mis ojos, y cuando todo se hizo negro, le escuché decir: Nosotros no somos los demonios de este universo.
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