20.10.09

Fe de erratas


Un compañero de trabajo fue contratado para editar un libro de historia escrito por un viejo abogado oriundo de Checa. Por lo extensivo del proyecto, dicho editor decidió dividir el trabajo con un amigo y este, en gesto similar, volvió a dividir el trabajo con una tercera persona. Un par de semanas después, me fue entregado de manos de los editores un par de respetables carpetas con los originales y los respaldos digitales de las tres cuartas partes del contenido total. Resulta que la parte faltante había sido encargada a una estudiante de comunicación amiga de uno de los editores. Las explicaciones y disculpas dadas por dicha colaboradora no terminaron de convencerme, mi desarrollado instinto de diseñador supo que la chica estaba mintiendo y que con suerte tendría su parte a la mitad, así que, calculando el tiempo que me tomaría escanear las fotos le dije que podía tomarse unos días más sin retrasarme. Una semana después me entregó un diskette con un par de archivos de extensión desconocida, a pesar de mi escepticismo, ella juró y rejuró que los archivos provenían de una aplicación de texto que, de haber sido verdad bien podría haber sido Linux. Dos días después un virus atacó su C.P.U. Debió haberse tratado de un virus letal ya que primero saboteó las extensiones de los documentos, y luego acabó con el mainboard dejando graves secuelas entre pérdidas y fragmentación de contenidos. Tardó más de una semana en repararla. Como no había tiempo que perder empecé a trabajar con lo que tenía. Cuando hube acabado con todo lo disponible, la editora badulaque empezó a traerme por partes el contenido faltante. Aunque suene fantástico, las cosas empeoraron poco después. Cuando terminé la diagramación cité al autor para devolverle las carpetas y entregarle una impresión de su nuevo libro. Una semana después, el nonagenario abogado apareció en la oficina —cuatro pisos sin ascensor— sudando y cargando entre brazos, el sobre de Manila con las doscientas cincuenta hojas de papel bond de noventa gramos en las que había sido impreso su preciado trabajo. El pobre hombre llegó afectado y no encontraba forma de mostrar su descontento sin dejar de ser cortés. Para no entrar en detalles, digamos que muchas de las correcciones hechas por los editores no fueron de beneplácito para el autor y para colmo, en ciertas partes del libro, habían palabras que había sido reemplazadas por otras. Este tipo de errores son comunes cuando se escanea texto, tampoco me engañé esta vez. Reparar todo era una tarea de nunca acabar. Entonces, llegó el momento que todo diseñador teme, el momento en el que te dices ¿Para qué chuchas me metí en esta huevada? Tuve que cambiar la palabra Chilpe por Chilque y Chilqueño por Chilpeño más de cincuenta veces y así otras tantas palabras más. Como si esto no fuera bastante las viudas se convirtieron en noche de solteras y las huérfanas se transformaron en orfanatos a causa de párrafos que el autor escribió —otra vez, de puño y letra— con las correcciones respectivas. El auspiciante, amigo cercano del autor, quería que el libro sea publicado antes de la muerte de su interesado que, al parecer, veía cercana. A mi modo de ver, el hombre seguía fuerte como un roble pero uno nunca sabe. Y para no hacer de este relato una queja continua, les cuento que tuve que trabajar mucho para terminar de diseñar el bendito libro. El autor quedó tan agradecido por mi trabajo y tan convencido de mi profesionalidad que me encargó escribir un pequeño texto para la contratapa de su libro. No recuerdo con exactitud lo que puse pero tenía algo que ver con ‘cultura y pensamiento’. Para terminar seleccioné una imprenta y —lo admito— me equivoqué en la decisión. El libro impreso, a pesar de estar lejos de mis expectativas, tuvo buena acogida. La breve dedicatoria sobre la pagina de cortesía reza: —Para mi cordial amigo CH con todo afecto por su labor en la publicación de este libro—. El día de la presentación, me sentaron hombro con hombro con el alcalde y con el cura de la localidad, y más tarde, compartí la mesa con el autor y su familia. Algunas horas mas tarde fui traido de vuelta a la ciudad con cuatro libros gigantes bajo el brazo y un nuevo CD de rock clásico con mi canción favorita de INXS.

6 comentarios:

Chihuahua Punk dijo...

Jajajaja qué perfecto final.
Tengo miedo, mucho miedo, ahora en taller nos han encargado hacer un libro, y bueno, después de esa coma tenías que leer un montón de quejas y falta de autoestima y pereza por hacerlo, pero voy a eso ahora. Morí con lo de "¿Para qué chuchas me metí en esta huevada?" jaajja...

alektro dijo...

El cura borracho que bautizó y comulgó a mi hermanito, vaya con que personajes decidió mi madre volverse a encontrar con su catolicismo perdido en desde los medios setenta a finales de los ochenta, fiu de la que me salvé...

Martín dijo...

Ch: Uy Marce, te decidiste por el diseño... espero no desencantarte con mis cronicas, hay gente que disfruta diseñando pero no es mi caso.

a: Recuerdo al cura, hijo de papi-cultor. Se tomó un vinito y se fué. No hay duda de que se trataba del mismo.

Chihuahua Punk dijo...

:P jajajajajajaja
(por un lado Liliana me felicita por escoger diseño, y ahora tú me das condolencias jajajajaa)
...
Si igual a veces me desencanto, pero a la vez no podría verme en otra carrera, quizás ilustración, pero también dudo, y como ya es segundo año, seguiré :)!

liliana dijo...

"El poeta se dirige sólo a aquel que ya está compenetrado con la poesía, es decir a uno que ya es poeta, pero esto es como si un cura endilgara su sermón a otro cura.
¡Cuánta más importancia tiene, sin embargo, para nuestra formación el enemigo que el amigo! Sólo frente al enemigo podemos verificar plenamente nuestra razón de ser y sólo él nos procura la clave de nuestros puntos débiles y nos pone el sello de la universalidad."
Contra los poetas de W. Gombrowicz

Ja ja ja ja, bien CH Diseñador, bien!, por el choque salvador.

Martín dijo...

Tal vez por eso no entiendo de poesía, sin embargo, puedo evidenciar la minusvalía humana detrás del sermón y la insignificancia del hombre detrás del hábito.

Uno puede dedicarse a lo que le guste y la carrera de diseño es de las que gusta a primera vista. Dos años no son nada Marce, encontrar una vocación puede tardar mucho tiempo.