21.10.12

La zancadilla del arte


Lejos del bullicio saturado de La Mariscal, incrustado en los bajos del edificio más insignificante de una productiva zona comercial, una pequeña familia de artistas ha posicionado, a punta de esfuerzo y persistencia, un atípico café cultural; guarida de soñadores como verdes promesas del arte, insomnes ilustres o resignados; arsenal de talento humano envuelto en sí mismo y listo para entrar en acción cuando la sociedad lo demande. En este lugar se habla mucho del oficio del arte, algo que no es de extrañar ya que Bocabierta es también una galería. Es en este contexto en que más de una vez he podido escuchar cosas como: la industria del arte está mal manejada; y conclusiones del tipo: ya va siendo hora de hacer algo al respecto. El argumento más sólido para respaldar el diagnóstico antes mencionado, es que tanto los artistas como las galerías parecen haberse puesto de acuerdo para obrar de conformidad a un canon misterioso y aburrido; como si centros y actores culturales formaran parte de un mismo cuerpo; en una especie de simbiosis, que a la vez, funciona como un seguro de vida, como garantía de permanencia ante la invariable amenaza del arte por venir. Este país sigue lejos de ser la ‘potencia cultural’ que intuía Benjamín Carrión. Su ‘nación pequeña’ sigue teniendo el aspecto de ‘sauce podado’, sólo que con una que otra ramita extra. El escaso número de consumidores de los productos culturales que se ofertan nos revela una cruda verdad, y es que nuestro arte: sea este pictórico, audible, o conceptual, sigue sin llegar a la gente. No es fácil admitirlo, pero muchas de las recetas que alguna vez funcionaron han quedado insípidas de tanto masticarlas. Gracias a la gente con la que he compartido estos años, he podido enterarme que los caminos del arte se recorren de muchas formas, pero pueden agrupar en tres: Vías de Primer Orden: que incluyen asistencia médica y seguro contra de accidentes; Vías de Segundo Orden: mal iluminadas y llenas de charcos, y; Vías de Tercer Orden, o alternativas: es donde rara vez pasan vehículos y llueve desde que sale el sol hasta que anochece. De vuelta en el café, justo al frente del lugar en el que suelo sentarme hay una pintura con un par de niñas jugando en la puerta de una iglesia. La forma en la que está plasmada la piedra revela la innegable calidad y el genio de un fenómeno del arte. El salto a ese nivel de representación no es del todo un secreto, del otro lado del umbral de la cocina: una pequeña colección muestra obras del artista en su paso por la U. Católica; en su paso por la U. Central; conduciéndose, o, dejándose llevar por los más insospechados caminos. Una evolución incomprensible para quien quiera negar la influencia del medio sobre el mensaje. Es triste saber que las decisiones de la mayoría no se basan en merecimientos, ni siquiera en gustos. Si realmente se pudiese escoger, el panorama no sería tan desalentador para algunos, pero no importa, conocemos a la perfección el final del cuento: muchos lo intentan pero pocos lo logran; y para probar eso no hay más que hacer números.

2 comentarios:

lele dijo...

agradecer suena a despedida, y merece entonces quizá verte desde la pintura con un par de niñas jugando en la puerta de La Catedral de Quito, mirarte,ahí al frente del lugar donde sueles sentarte, o mejor desde la esquina del cuadro doblado que trajiste de Chile, y entonces verles y sonreirles.

Martin Hervás dijo...

:)