6.1.09

El señor del hielo


Para tomar el autobús del colegio tenía que caminar hasta la parada de Los Dos Puentes, a quince minutos de mi casa. El bus pasaba a las cinco y cincuenta, por lo que tenía que salir de mi casa a las cinco y media. A esa hora de la mañana todo seguía en la más completa oscuridad.

En el tiempo que me tomaba descender, el negro del cielo se pintaba de azul. En la cima de la cuesta se tenía la perspectiva de un palco. Los dos puentes parecían estar tan lejos como abajo. No se veía mucha gente. Tal vez por esta razón, un personaje extraño llamó mi atención. Era un hombre pequeño de mediana edad. Cargaba una caja de madera a la espalda, la cual sujetaba con un inmenso costal de yute. Le tenía un poco de miedo, pero por suerte él salía antes que yo.

Un día llegué a la calle y no lo vi bajando. La primera parte de la cuesta era rápida y conforme se descendía, la inclinación mermaba. De repente, apareció detrás de mí. En la parte más oscura del trayecto. Casi me muero del susto. Por suerte, un señor salió a lavarse los dientes en la puerta de su casa. Tomé valor y le dirigí la palabra, justo cuando estaba por adelantarme.

—Disculpe, señor… ¿Qué lleva en la caja?
—Está vacía.
—¿Y de qué la llena?
—Hielo seco.
—¿Hielo seco?
—Para que no se derritan los helados.
—Ahaaaa ¿Y por qué sale tan temprano?
—Vuelta tengo que ir a ver el helado.
—¡No le creo! ¿Se sube de nuevo la cuesta?
—Sí. Debo llegar a la escuela Espejo antes del recreo.
—¡Qué arrecho!

...Y así empezó la amistad. Cuando nos encontrábamos, bajábamos juntos. Veíamos salir el sol mientras él nos veía bajar la cuesta. Un día dejó de asomar, y no me refiero al sol.

3 comentarios:

miLkBoX dijo...

Que tal Mr. Airbuss, aca estoy leyendo tus historias para empaparme un poco de recuerdos y sentirme q camino de nuevo por las calles de Quito q veces extraño en cantidades...y obviamente de la grata compañia de amigos como tu. Un feliz año compadre!

Martín dijo...

Se siente nostalgia por los lugares a los que se pretende volver.

Jeronimo dijo...

Hola, linda y sencilla historia. Me recordó a alguna escena de esas películas suavitas que dejan un buen sabor de boca.