19.1.09

Naomi


Cuando tenía seis años y mi hermana siete, mi madre nos inscribió en un curso de natación. Era indudablemente verano. El instructor era un tipo grande y bronceado. No recuerdo su nombre. La piscina quedaba a la vuelta de mi casa. Al tercer día de clases, mientras estaba en la mitad de la piscina, el flotador se me escapó de las manos. Mientras luchaba por mantenerme a flote pude ver al socorrista lanzándose a rescatarme. Llegué a casa con un mal sabor en la garganta y con el claro deseo de que se terminaran las vacaciones o, en su defecto, el verano.

Si uno estaba en el parque, entre las diez y las once, podía ver a un socorrista persiguiendo a un niño flaco y moreno. No sin dificultad, lo bajaba de algún árbol y lo regresaba a la piscina. Mi madre y mi hermana se burlaban de mí. Para colmo, había una niña rubia llamada Naomi. Me dedicaba a observarla desde la piscina de los pequeños. Un día la vi jugando clavados con el niño más tonto y abusivo del parque. ¡Tenía que aprender a nadar!

Esa noche, entré clandestinamente a la piscina. Bajé por los peldaños y me solté. ¿Por qué nadie me dijo que podía nadar como rana?

Al día siguiente, asegurándome de que mi madre, mi hermana y el socorrista me estuvieran viendo, tomé carrera y me lancé a la parte más profunda de la piscina. Naomi ya había regresado a la ciudad. Era el fin del verano.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

En el centro de nuestras vidas hubo un verano... Al recordar aquel tiempo voy resucitando una parte de mí mismo. Como un paisajista que al pintar los ríos, las hojas de los árboles y el azul de las montañas que tiene frente a él estuviese dibujando el contorno de sus ojos. Su autorretrato.

tomado de ANTONIO SOLER

lolita dijo...

Y siempre se nos acaba el verano no?

Martín dijo...

Llevo una parte de Andalucía.