21.1.09

Cuatro tiempos


Los autos y los niños son inseparables. Donde hay un niño, hay un carrito de juguete. Los hay por millones. Se los encuentra en los armarios, debajo de las camas, en la mitad de una escalera. Ultramejorados, supersofisticados. Ya no son lo que solían ser. Cuando era pequeño robé un Mustang verde que todavía conservo en el fondo de alguno de mis cajones. Lo lanzaba por las escaleras, lo chocaba contra las paredes.

Por suerte, ahora tengo Play Station. La mejor manera de correr sin cansarse y sin matarse. Puedo conducir donde me plazca. Visitar el castillo del Morro o dar una vuelta por El Vedado en La Habana vieja. Hacer carreras en Los Ángeles o pasear por Niza. Sintonizar buena música. Escoger la hora y el clima. Atropellar gente, saltar semáforos, destrozar las bancas de los parques.

La vida real es muy diferente. Estoy tan acostumbrado al reset y al try again que no sé si pueda conducir un auto de verdad. Podría endeudarme y hasta perder la vida. Prefiero quedarme tranquilo en casa fuera de todo peligro. Esperando que el ruido del motor de cuatro tiempos termine su ciclo en el mundo. Aspirar. Comprimir. Incendiar. Expulsar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuatro Tiempos: como meditar.
L.

miLkBoX dijo...

has jugado el Need for Speed Underground 2 ?????

filete viejo!

un abrazo compañero!

Martín dijo...

De ley... pero solo he terminado el Most wanted¡¡¡