26.1.09

Chacal


Hice una fiesta en casa. El primero en llegar fue el primo de mi prima y su cara de condescendencia. Empezó a darme consejos sobre el buen vivir y economía del hogar. Inventé una sed que no existía y fui corriendo a la cocina. Al salir te vi junto a un tipo bajito y moreno. Te sorprendiste, como si no esperases encontrarme en mi propia casa. Después de cruzar un par de preguntas, te propuse subir al cuarto a ver fotos viejas.

Se produjo un silencio incómodo. El pasillo interminable terminó con un beso antes de llegar a las escaleras. Fue una especie de reflejo. Un acto tan premeditado como inconsciente. Llegamos arriba y empezamos a hacer cosas de enamorados. Entonces tuve un mal un presentimiento. Cambié de posición y me apoyé en la puerta, frente a las ventanas. Para mi sorpresa, un águila gigantesca estaba mirándonos desde el edificio de la calle de enfrente. Cuando se vio descubierta, tomó impulso y voló hacia nosotros. Pude haber tenido tiempo suficiente para abrir la puerta y volver al pasillo pero no podía moverme ni hablar. Tú seguías sin percatarte de la situación y me dabas besos con los ojos cerrados.

El ave empezó a transformarse en un chacal. Vestías un kimono con un gran lazo rojo en la espalda. De un fuerte tirón, el chacal deshizo nuestro frágil abrazo. Te arrastró mientras tratabas de aferrarte a las cosas. Yo seguía inmóvil. Ni siquiera podía gritar.

El chacal desapareció de un salto en la noche oscura. En cuanto pude moverme fui al balcón. En la calle solo había un gato, que en medio de un tranquilo paseo, parecía estar completamente desentendido de la situación. No hay buena fiesta sin platos rotos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Con este relato TRIPLESENTIDO, pasó de un mero momento adjetivo a un momento fundante; se ve, ahi, se apoyan multitud de perspectivas.
Liliana

Anónimo dijo...

Cuando las ventanas, lo mismo que la mirada del chacal y el deseo, taladran la aurora, unas cabrias de seda me levantan sobre las pasarelas del suburbio. .. Entre los frenos y los edelweis sombríos reposan formas subterráneas semejantes a corchos de perfumistas.
André Breton

Martín dijo...

...«Llamo entonces a una muchacha que sueña en la casita dorada; se une a mí sobre el montón de musgo negro y me ofrece sus labios, que son piedras al fondo de un río presuroso. Velados presentimientos descienden los escalones de los edificios»...

André Bretón

Anónimo dijo...

Lo mejor es huir de los grandes cilindros cuando los cazadores cojean en las tierras destempladas. Si se toma un baño en el muaré de las calles, la infancia regresa a la patria, galga gris.
...
André Breton

Anónimo dijo...

Recibir a alguien en la planta baja funciona, pero hacerlo el los pisos de arriba, suele ser incomodo.

Martín dijo...

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