16.2.09

LG


Mi celular tiene el tamaño del ancho de mi mano. Puedo hacerlo girar veinte o treinta veces mientras lo mando a volar por los aires. El noventa y nueve por ciento de los casos cae seguro en mi mano. El uno por ciento restante —nada despreciable ya que juego mucho con el teléfono— lo logro detener al menos un poco antes de que caiga al suelo.

Manipulo todo lo que cae en mis manos. Y claro… ¡Qué en este mundo no está diseñado para la mano!. Podría clasificar en este punto, el mundo de las cosas, según su relación con la mano. Para empezar, las clasificaré en relación con su permisibilidad.

Lo tocable: Desde una nuez hasta una montaña con todo lo que puede haber entre medio. Incluye turistas, osos de anteojos, botiquines de primeros auxilios, lanchas rápidas, etc... Lo intocable: Sierras en movimiento, cuchillas de guillotina en caída libre, sapos venenosos, ácido sulfúrico, arsénico, gas pimienta, etc. En esta misma clasificación también se encuentra: Penélope Cruz; la hermana de un amigo; la madre de un vecino, etc..

El celular —mí celular—es entonces, un artefacto tocable. El celular de otro se puede tocar pero hay que pedir permiso —no es lo mismo—.

Los objetos tocables se clasifican a su vez en: agradables y desagradables. Dentro de los agradables tenemos: Un barnie. Un casimir inglés. Una orca en un parque de diversiones. Una taza con chocolate caliente. La seda azul del forro de los asientos de un Chevy. Y… lo desagradable —aunque no me guste hablar del tema— como una multa, una babosa, o los restos del fregadero.

Un celular es del tipo agradable. Es un objeto tocable-agradable.

Los objetos tocable-agradables pueden a su vez clasificarse en objetos del tamaño de la mano o más pequeños denominados Palmares y, objetos más grandes que la mano o No palmares —o superpálmicos—. Luego, según la resistencia del material pueden ser clasificados en: inmortales, desechables y semiresistentes..

Y resumiendo. El celular —mí celular— es un artefacto tocable-agradable-palmar- semiresistente.

Dentro de este fabuloso grupo se encuentran los objetos más divertidos: Los controles remoto de máquinas y consolas. Los llaveros —palmares claro está—. El jabón. Una linterna. Una cuchara. Una fosforera. Una moneda. Un esfero. Una pelota. Unas baquetas. Etc.

Existen objetos que son más grandes que la palma de la mano pero que se los puede considerar como palmares por la forma en la que se utilizan. Este es el caso de paraguas, bates de béisbol, hachas, pliegos enrollados de cartulina, pan francés.

Los objetos palmares tienen tres tipos de libertades; Total: Celulares, Llaveros, pelotas; Parcial: palancas, picaportes; y, Nula: Cerraduras, seguros, corchos.

Los objetos palmares-libres están diseñados para ser manipulados.

Manipular. Viene del latín manipŭlus. [Manojo, unidad militar]. En el sentido tradicional, manipular es operar con las manos. Tiene una acepción que se refiere al exceso: [Trabajar demasiado algo, sobarlo, manosearlo]. Y otra al método: [Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares]. O también: [Manejar los negocios de alguien o mezclarse en los ajenos]. En fin, una palabra con mucha evolución.

Ser manipulador no es bien visto. Las manías no se quedan a atrás. Cuando un oponente captura una de tus piezas y empieza a manosearla te entran ganas de matarlo. Así las cosas. Lo mismo pasa cuando alguien tiene un tic nervioso, una muletilla o cierto tono de voz.

Cuando lanzo el teléfono por los aires —me he encontrado en la misma situación con un amigo más bestia que yo—. Los espectadores —impresionar es parte del show— en el fondo suelen desear que se me caiga el teléfono para poder soltar una sonora carcajada y poder pensar ‘eso te pasa por estúpido, celular cuesta plata’ y decir ‘que pena amigui, pero fresco, solo es un Nokia 12-80… mejor y te compras uno como el mío, ve, pantalla a color, ve, emepetrés’.

Lo lanzo mientras camino, a baja altura pero con bastantes revoluciones. Tengo que ser rápido. Me gusta ver el teléfono dar vueltas a la altura de mis ojos. Con eso es suficiente para saber donde atraparlo y seguir prestando atención al camino. Es raro. Muy raro que se me caiga. Nunca he roto un teléfono. Todos los que he tenido, o los he perdido o me los han robado. Lo máximo que me ha sucedido es tener que recoger el aparato en tres tiempos, empezando por el cuerpo del teléfono, seguido por la tapa de la batería y luego por la batería —que es la que suele volar más lejos—. Pero eso sí. En la mayoría de los casos, no han habido testigos —y eso se debe a que practico más cuando estoy solo—.

Necesito hacer algo con las manos. Tal vez por eso juego con el celular, con el control remoto del televisor. Y si tuviese una pistola. Por más intocable que pueda ser. Le sacaría las balas y jugaría como alguna vez jugué a ser vaquero —vaquero en una forma en la que me resulta difícil de explicar—ésta vez sería Travis en Taxi driver—. Are you talking to me? Are you talking to me?

Los seres humanos tenemos una manía con la muerte. Queremos morir de cualquier cosa menos de viejos —al menos se piensa así en la juventud y parte de la adultez— luego, ese ímpetu es mermado por la vejez y el adormecimiento del espíritu. Personalmente, cualquier cosa que ponga en peligro la existencia es muestra del espíritu que se mantiene indómito en el interior y por lo tanto un ejercicio de libertad —de rebelión—.

Poner en peligro a mi celular es mi forma de expresar al sistema que no me importa quedarme incomunicado. Que no necesito mensajes ni minutos para estar vivo. Que no soy uno más. —ojo que hablo del modelo global—. El mundo puede ser tan homogéneo como nos lo imaginemos. Si nos fijamos en el tamaño de las manos por ejemplo. Diestros, zurdos. Por qué todavía no nos ponemos de acuerdo. Claro, este modelo no sirve para las minorías. Por eso somos mudos en el plano mundial. Por eso tenemos que gritar. ¡Vamos zurdos del mundo¡ !Vamos a acabar con el sistema¡ —por si acaso soy diestro—.

En fin. Me lanzo el juguete de una mano a otra. De otro modo me estorbaría en el bolsillo del pantalón —en la chaqueta no estorba pero casi nunca lo llevo ahí—. Cuando no estoy jugando con él, el teléfono es un objeto inerte cargado de energía en reposo. Una forma de encontrar pero también una forma de evadir. El medio de las buenas y las malas noticias —generalmente de las malas—. Una alarma para empezar el día. Una calculadora para hacer cuentas —deudas, en el mayor de los casos—.

El otro día vía a un amigo discutir con su pelada por el celular. Apretaba el aparato con tanta fuerza que pensé que lo aplastaría. Me pregunto que hará con las manos cuando pelea con la chica en persona. Debe cerrar los puños y agachar la cabeza como un simio. Imagino que si tuviese una pistola en la mano, de seguro la apuntaría para que se calle o para que le dé la razón.

A ésto es a lo que yo le llamo pensar con la mano.

4 comentarios:

liliana dijo...

Expuesto mi Bildung
caigo a tus manos
por no decir
a tus pies.
f: tu celular


ja ja ja ja ja ja ja ja

Martín dijo...

...pienso en mi muñequito budú y en los 120 voltios que pasaron por su cabeza hasta volverlo rubio.

Mariel Ramírez Barrios dijo...

Bueno.Si debo ser honesta te cuento qwue me levantè de la silla y me fuì a buscar una bolsa de bizcochitos.me gusta comer algo cuando me encanta lo que leo.
luego,que he muerto de risa.
Brillante.
luegoque me he reconociodo en el manipulador de artefacto tocable-agradable-palmar- semiresistente.
Y en la variable tripartita de la caìda.Carcajada.
y te cuento
El que màs he amado ( me encanta lavar tres veces las sàbanas con triple enjuague) era un V3 que me comprè en las Uropas y terminò LAVADÌSIMO.
lo llorè màs que a mi ex-marido.
Por ùltimo..( espero que el inicio del cuento superior estè debajo)
en què lugar del mundo le dicen "pelada" a la mina?
Please.
Gracias.
Bravo.

Martín dijo...

En Quito. ...el uso de la palabra tiene sus variantes. Suele decírsele a la así a la novia, pero a veces funciona para todo el género femenino.