13.2.09

Otro incidente menor


Se observa en el espejo. Se lame desde la cabeza hasta la punta del rabo. Recuerda sus travesuras. El miedo le hace sentir vivo. Termina su limpieza y sale a la calle. Camina por los tejados, observando y olfateando el territorio. Levanta la cabeza y apunta las orejas hacia la casa vieja del final de la calle.

Sube al muro y se sienta a la sombra de una frondosa rama. Olfatea. El viento no ayuda. Salta desde el muro a la terraza de la casa siguiente y continúa su camino por el borde. El olor empieza a ser más fuerte. No hay duda. Es una gata y está en celo.

Abre muy bien los ojos y explora los alrededores. No percibe ningún peligro. Si el olfato no le falla, la gatita está en la planta baja o en el sótano. La casa es un perfecto cubo de cemento. Como no puede bajar desde la azotea, regresa sus pasos al muro para buscar un acceso desde la calle o desde el patio. Se queda sentado estudiando la situación. Un montón de niños persiguen una pelota en al frente de la casa. El patio trasero está custodiado por un gigantesco pastor alemán.

Exponerse a ser atrapado por los niños del barrio no resultaba ser una buena idea. Ir por el patio de atras sería un suicidio. Ahora busca un poco de sol. Levanta la nariz y sigue olisqueando el ambiente. Intranquilo, vuelve a la terraza de la casa y hace marcas con su orina y con sus uñas. Los gatos de los alrededores no tardarán en darse cuenta –piensa-. Tendrá que montar guardia hasta que llegue oscurezca.

La noche llega con un reflejo intestinal. El gato tiene hambre pero su instinto no le permite pensar en eso. Los niños son llamados por sus madres y la calle queda en completo silencio. Baja del muro y asoma la cabeza por la rejas del cerramiento. Nada. Solo la noche.

Toma aire y salta a la acera. Pega una veloz carrera y busca por donde colarse a la casa. La pared es alta pero no es obstáculo para un gato adulto. Después de trepar se queda sentado encima de la cubierta de la puerta del garaje. Hay gente en casa. A través de las cortinas ve dos siluetas yendo de la sala a la cocina. Después, una niña baja con una gata en brazos. Es blanca y tiene un ridículo lazo rojo en el cuello.

Se ovilla y permanece inmóvil. En el segundo piso hay una habitación con la ventana abierta. Tiene que esperar a que todo el mundo se duerma. Ve a la familia cenar. Tiene hambre y frío pero permanece en la misma posición. Escucha a la gata maullar y se le erizan los bigotes.

Después de comer, la familia recoge los platos y va a la cocina, permanecen un momento allí y luego suben a los cuartos. La niña entra a su habitación y a los quince minutos apaga la luz. La gata queda dormida sobre la cama, a los pies de la niña. La ventana sigue abierta.

Espera un poco y se anima. Baja al jardín y sube por la pared. La niña está profundamente dormida. Se coloca en el pie de la ventana y empieza a maullar. La gata lo escucha y se despierta. De repente se abre la puerta principal. El perro sale súbitamente y empieza a correr frenéticamente por el patio. Olfatea el ambiente y se pone nervioso. No tarda mucho en percatarse de la presencia del gato y empieza a ladrar hacia la ventana.

La niña se despierta. La madre enciende la luz y entra al cuarto. El gato, sintiéndose amenazado por los dos frentes pierde el equilibrio y se cae. El perro lo recibe en el suelo y con una letal mordida lo sacude como a un muñeco. El hombre hace que el perro suelte a su presa pero ya es demasiado tarde. La cabeza cuelga de su cuello como una flor marchita. La gata se acerca a la ventana y maúlla en tono casi inaudible.

La niña pregunta por el escándalo. La madre hace que la niña vuelva a la cama y cierra la ventana. Se sienta en la cama y le cuenta una corta historia de princesas, cuando la niña queda dormida, apaga la luz.

6 comentarios:

ANA JULIA PADILLA dijo...

y el Roko enterró para que yo no viera, a la gatita sorda; despellejada por el perro grande e ignorante que no sabía qué era.

Julia. (parte de mi historia)

Martín dijo...

Rocko también me lo contó. Lamento haber desenterrado malos recuerdos. Gracias por pasar¡¡

Ana Julia PADILLA dijo...

no desentrraste malos recuerdos.... menos mal!! jaja...
porque ahora si la desenterraras ya no sería una gata peluda y sordita, sino un antiguo tesoro que guarda recuerdos hermosos, pero foscilisado y sin pelos, ni orejas, así que ya no puede ser sorda.... ...mas bien, la historia hace que la recuerde más...

Estaba leyendo un poco de tu diálogo entre
"Orgullo e Hipocresía"
y pensé en que yo también tengo un montón de personajes que conversan muy a menudo, como si estuvieran en un escenario teatral...
son diferentes a los tuyos, obviamente,,, están; el Conde de Odeim (miedO), La Señorona En Vidia, el señor Conse Jo... Vander Celós, el mago Orotuf (futuro).... AiluJ... Oflé...
y creo que sería más Hipócrita tu personaje "Hipócrita", si no tuviera tan a la vista su nombre, sino camuflado, como suele ser y actuar algún hipócrita ¿verdad?,,, como la dama tapada, sí,
así tal vez logre engañar mejor a Orgullo....


Julia-Ailuj

Martín dijo...

Encantador...

Cambiando de tema... Orgullo está reconvencido. Ahora mismo, Hipo está convenciendo a Miedo para que huya del Nido de los Sentimientos. (Lo publicaré pronto).

Los personajes están desnudos, funcionan arquetípicamente. Todos son, de alguna forma... predecibles (...solo Locura se salva).

Mariel Ramírez Barrios dijo...

AY QUE HORROR QUE MALO!!!!!!
Està bien que el autor tenga el poder pero no yaçtanto como para matar al pobre gato !!!!!!!!!
No me lo esperaba.
mmmmmmmm
Està bueno.
( sin embargo,segùn la etologìa es la gata la que seduce,la que busca,y a veces encuentra.)
Por què lo mataste malvado!!!!
Ahora abajo està el comienzo del cuento que busco.
Sigo.
te sigo..no?

Martín dijo...

Ja ja ja ....tienes toda la razón. También me arrepentí, pero si te cuento el porqué te vas a decepcionar.