8.6.09

Vendetta


Invité a unos amigos del barrio a la fiesta de un compañero del colegio. Para no equivocarme, diré que fue al norte de la ciudad, del lado oriental del aeropuerto. Quedamos en juntarnos a un paso de la estación de buses, en un lugar al que llamábamos La power. Si mal no recuerdo, fuimos: JP, A, CG, y yo. La fiesta estuvo malísima, pero esa noche, CG contó un chiste de caperucita roja que hizo revolcar por el piso a todos los presentes. A raíz de tan destacada interpretación se ganó el sobrenombre de Chiquito Gay. Aclaro que no se rieron del chiste, se rieron de él. Más tarde, en el patio, quise hacerme el gracioso y al parecer escogí mal, un chico del colegio que había estado escuchando se refirió a mi broma en los siguientes términos: —«¡Qué chiste para agrio! Te ganaste el limón de oro» (...) JP regresó a la acera en donde hacía poco había estado riéndose de caperucita. A, no se quedó atrás. Ese par debió haber dormido a pierna suelta esa noche. Por mi parte, largo tiempo estuve deseando la desgracia de tan despreciable sujeto. Pasé recreos enteros maquinando la forma de vengar mi orgullo mancillado. Todo tenía que parecer un accidente —como sucedió con V, en la escuela de curas—. Tenía el poder de la sorpresa y el justificativo de la venganza. Me sentía el dios de la guerra a punto de lanzar su furia sobre la tierra, pero, dejé pasar el tiempo y el plato de la venganza se enfrió más de la cuenta. Un día, estaba sentado en las escaleras que daban acceso a las aulas, cuando este tipo se me acercó y preguntó: —«¿Por qué me miras así? ¿Te he hecho algo?» —Me sorprendieron mucho sus palabras, pese a haber sido más grande que yo, ni siquiera buscaba un enfrentamiento, solo quería una respuesta. Pensé por un par de segundos y mirándole a los ojos le respondí: —Este colegio me pone de mal humor, nada personal—. Aquel que me había ganado una batalla, estaba ganándome la guerra. No solo me puso en evidencia —quitándome el factor sorpresa— sino que me hizo dar cuenta de lo estúpido que había sido. (...) Desear la muerte por un mal chiste solo se me puede ocurrir a mí.

12 comentarios:

Mariel Ramírez Barrios dijo...

PERO ES SÒLO EN LA FANTASÌA DE LOS NIÑOS CUANDO SIRVE PARA ALGO
EXORCISAR LOS DEMONIOS DE LA INFANCIA ES MUCHO MÀS SANO QUE ASESINAR POR ENFERMEDADES CONSECUENTES,LO CUAL ACE EL ADULTO.
MUY BUEN POST.PERO MUY.

Martín dijo...

Escribir me ayuda a recordar.

alektroMaldad dijo...

¡V.E.N.D.E.T.T.A! power dude! si ha de haber sido un chiste terrible... jajajaja

Martín dijo...

Seguro que si, je, je, no lo dudes.

ffandra dijo...

venganza o justicia??... si... si.... casi la mayoría de personas dicen que la venganza es mala! Pero, a quien no le gusta sentir ese placer culpable???...

triple dijo...

mmm..., como comerse un chocolate.

lolita dijo...

Creo que te vi un día. Estabas en el aguijón y no sé si eres amigo de Juan Pablo Castro pero bueno.

Mi post tiene que ver mucho con lo que dijo sajo y el tuyo? exorcizando demonios???

Suerte

Martín dijo...

L: Que raro, solo voy al aguijón por las noches. Je je, je. La próxima vez, me gustaría que me saludes, no muerdo.

lolita dijo...

A "un día" me refería con "una ocasión" je je, pero realmente no sé si eras tu entonces no tenía caso acercarme a saludar...

Suerte

Martín dijo...

Bueno, será para la próxima.

Zyrkero dijo...

Ya que mencionaste a V, recordé que en "The Preacher" el personaje de Herr Starr si que sabe lo que es vengarse en la escuela. Saludos

Martín dijo...

Voy a echarle un ojo, buena onda!