5.8.09

Yellow 7.5


El cumpleaños número quince de la menor de mis hermanas cayó en un tranquilo período de bonanza económica; mi familia, fieles a la tradición y conscientes de que cumplir quince años solo sucede una vez, decidió celebrar la ocasión con todas las de ley. No recuerdo cuantas personas se invitaron, pero nos vimos en la necesidad de alquilar un semi-lujoso local de recepciones. Las invitaciones venían dentro de vistosos sobres de color rosa que, invariablemente, debían ser entregados en persona. Decían algo como: —La familia H tiene el honor y el gusto de invitar a sus distinguidas personalidades para el evento en cuestión; (...) ...se ofrecerá un brindis de honor antes de la cena; (...) ...Habrá servicio de bar—. Bajo supervisión expresa, pude invitar a mis amigos del barrio y a unos cuantos compañeros de la universidad. Uno de estos últimos, R, —para ser más exactos— acababa de llegar a la ciudad y no disponía de traje para la ocasión. Comprar uno habría sido innecesario —al menos, dentro de sus prioridades— así que decidimos escuchar el consejo —ya que yo me ofrecí acompañarlo— de comprar uno de segunda mano, en el extremo centro sur de la ciudad. Salimos temprano y rápidamente encontramos un local en una imponente esquina de una pequeña zona comercial, de su fachada, colgaba una bandera americana con grandes letras blancas que decían: ROPA y USA. Justo lo que necesitábamos, R tardó tres minutos en encontrar algo a su gusto y cinco más en encontrar algo a su medida. Al enterarse del precio de los artículos, me dijo sonriendo; —Coja algo si le gusta marica, yo invito—. Agradecido, por tan generosa muestra de solidaridad, empecé a revisar una percha de chaquetas. Entonces la vi. Su color me llamó la atención. Cuero teñido al amarillo más puro, solapas atrevidas y botones dorados. R cumplió con su palabra y regresé a mi casa, vistiendo orgulloso mi nueva/vieja chaqueta. Esa noche fue la fiesta de mi hermana. Del evento, poco se recuerda. R bailó con A, y, E fue el encargado de quitarle la liga a la quinceañera, en las fotos, aparece reclinado, con su largo cabello recogido con una liga blanca, dejando ver, en sus botas, unas espuelas parecidas a las de Chuck Norris; mientras mi hermana sonriente, levanta su falda rosa hasta la rodilla. Esa chaqueta me acompañó por los más insospechados caminos, situaciones e historias de las cuales no logro acordarme —la memoria puede ser un tanto caprichosa— pero gracias a mi hermana, pude recordar que con esa chaqueta puesta, ella conoció al que llegara a ser su marido. En diferentes ocasiones, se comparó a esa chaqueta con la que usara el músico norteamericano Beck en uno de sus videos más promocionados; lejos de ser una fina chaqueta de diseñador, mi chaqueta amarilla solo costó 7500 sucres. Para terminar, he de contaros, que en una de tantas —tan común como extrema— temporadas de escasez y/o pobreza, terminé cambiándola por una libra de marihuana prensada, que bien o mal, me proporcionó una larga temporada de quietud e independencia.

7 comentarios:

lappel dijo...

buena vida!, diga?, , , este relato me gusta!, "ay!, quién fuese abrigo, para andar contigo", dice la canción, en este caso es chaqueta ja ja ja, , , yyy de cuero teñido al más puro Yelow, , , noooo!, es que realmente, es la prueba de que sabes escoger!

Martín dijo...

Se pasó lindo...

Carla dijo...

Que relato tan genial!
Muy bueno...

Marko dijo...

Vaya chaqueta cumplió su ciclo. TÚ si la sentiste!!!

lappel dijo...

dónde estará?
la chaqueta digo, ja ja ja vayas a pensar hablo de la larga temporada de quietud e independencia. ja ja ja

Martín dijo...

Que chistosa!!!! mmmm...nadie sabe dónde Mr. C ...peor mi ex-chaqueta.

Martín dijo...

M: A pesar del vacío mental sé que juntos pasamos muy bellos momentos je, je.