7.10.09

Cinturita


El paradigma cognitivo de la ciencia tiene para rato. Se desata un nudo para encontrar otro —en el mejor de los casos— y la ciencia resuelve comparar el misterio de la materia con una nube de probabilidades. Es importante volver la vista hacia uno mismo, tan profundo como sea posible y sin perder de vista a la salida. El inconsciente suele ser comparado con un vasto océano; personalmente, me basta un vaso de agua para contenerlo; cualquiera puede ahogarse en un vaso de agua. La materia se reserva su intención íntima, su propia esencia le es incomprensible y sin embargo, cumple su trabajo como lo haría cualquiera, —cualquiera con más ganas de trabajar que yo—. Como ya dije por ahí, no sé por qué me gustan las aceitunas y detesto las pasas, lo claro es que si solo pudiese comer una cosa dicha preocupación no vendría al caso. Mi ser es en si mismo de la misma manera en que la cosa es y ¿por qué no? Pensemos que pensaríamos si no hubiese que pensar. La materia debe funcionar como la milicia. Imaginemos un pequeño ejército. Cuando la formación se encuentra en estado de descanso, la energía del sistema es cero, pero como todo sistema, necesita mantenerse activo para no atrofiarse. Para que exista un sistema deben existir límites, lo inconmensurable es una entelequia pero la idea de infinitud no escapa de mi cabeza. Si el universo terminase no tendría derechos ya que los derechos de cualquier entidad terminan donde empiezan los de la siguiente. Tampoco podría existir, ya que nunca sería vista sino por sí misma. La realidad se percibe por los sentidos, y los sentidos se realizan en la percepción —aplausos— la vuelta es la misma para todo. Llevamos una doble vida. Y nuestro comportamiento, apariencia, sofisticación, pudiera ser tan ajeno e indescifrable como la planta que, en su propio yo, lee el perfume de otra sin poder ver o entender a otros que no sean sus semejantes. La conciencia brota del ser en la base de su propia complejidad. Si la mosca estuviese dotada de conciencia, el hombre sería, por antonomasia, su depredador más voraz, versátil, inhumano y tenaz de todos, con cuanto rencor nos mirarán con sus miles de ojos. ¿Habrán intentado darnos algún mensaje? ¿existió acaso el comedido que cometió la locura de autodenominarse intermediario entre las conflictivas relaciones de moscas y humanos? Había una vez en la que todos los animales hablaban, el hombre permanecía en silencio hasta que un día se hartó del ruido y de la imprudencia de los animales. Entonces hizo a todos callar, y el silencio no se rompe hasta hoy. Cuentan las leyendas animales —transmitidas de generación en generación— que aquella especie que se atreva a romper el silencio proclamado por el hombre, será exterminado de la faz y de la contra faz de la tierra. Pues la tienen difícil; de los múltiples casos, el que más me impresiona es de las hormigas. Disculpándome mucho con ella, por hacerla sujeto de mi experimentación, quiero compartir el pequeño experimento que realicé en mi habitación con una pequeña y simpática hormiga. De alguna forma, mi intención primera fue hacerla pensar diferente, o dicho de otro modo, quise que desconfíe de su única forma de ver el mundo. La descubrí en mi velador, la tela que lo cubría era amarilla, así que el animalito, acostumbrado a miles de años en tierra, resaltó por su color y apresurado andar. No teniendo nada mejor que hacer, me limité a observar su trayectoria y poder, como siempre, a elaborar juicios y entelequias —una vez al año no hace daño—. En el centro de la planicie se erguía una gran columna de cristal, su base tenía más de mil antenas de diámetro. La rodee un par de veces más, estaba limpia y olía bien, muy probablemente se trataba de agua pero estaba casi seguro de que ese objeto se parecía mucho a otro en cuyo fondo encontramos una generosa reserva de licor. Di vueltas sobre la base, detrás de una película de detergente, se encontraban abundantes restos de vino. Asegurando que no había moros en la costa y después de hacer un par de cálculos me decidí a subir. Olía a vino tinto pero se veía blanco. ¿Se tratará de alguna broma? —me pregunte. Rodeé el canto de la copa por tres ocasiones y descendí. Para mi sorpresa, la copa solo contenía agua y no me quedó más remedio que lamer un poco antes de regresar al hormiguero. Circundó la copa por tres ocasiones deteniéndose de vez en cuando para frotarse las antenas, cuando por fin se decidió a subir, hizo lo mismo alrededor de la base. Tal vez tenía sed y buscaba agua. Subió por el cuello y se detuvo en el canto, luego dió dos vueltas más y vuelta a lanzar antenazos a ninguna parte ¿En qué piensa esta hormiga loca? Así hasta que se decidió a bajar y en cuando entró en contacto con el agua reaccionó como si hubiese visto al mismísimo oso hormiguero. Sorprendido como estaba —por tan extraña reacción— solo se me ocurrió preguntarle si buscaba agua o si por el contrario se dejó engañar por la copa mal lavada.

6 comentarios:

Lele dijo...

hombre-hormiga!, , , desconcierto!, cómo volviste a tu hormiguero?

Martín dijo...

Llegué tan cansado que me hormigueaban las patas je,je,je.

lappel dijo...

descubrí otro mundo, , , real, , , "Tampoco podría existir, ya que nunca sería vista si no por sí misma."
ese si no, es sino?
"La realidad se percibe por los sentidos, y los sentidos se realizan en la percepción —aplausos—"
Me descubrí en sueños, descubrí otro mundo!!!

Martín dijo...

Ya le arreglé (aplausos).

Quinquina dijo...

no los arregles mucho, por favor me gustan como estan.

Anónimo dijo...

uy!