31.1.10

Del amor después


Escena primera

Interior de un funcional departamento ubicado en la González Suárez de la ciudad de Quito. Los ventanales dejan ver una privilegiada vista nocturna de la ciudad. Una línea marcada en el piso divide en dos la estancia. Martin llega primero y enciende la luz; se quita la chaqueta, se sirve un trago y se sienta frente al televisor. Leona llega después. Ambos permanecen de su respectivo lado del departamento.

Leona: No hay nada como llegar a casa y ver al vago de mi marido sentado en el sillón mirando el fútbol. ¿Me estás escuchando?

Martín: Fuerte y claro. Tengo hambre ¿qué hay de cenar?

Leona: Hay pizza en la refri ¿quieres un pedazo?

Martín: Pues claro, te acabo de decir que tengo hambre.

Leona: Entonces usa las manos y calienta lo que te vayas a comer.

Martín: Esperaré al medio tiempo

Leona: /Hambrienta/ ¿Cuánto falta?

Martín: Acabó de empezar. El Liverpool está arriba con uno. Si empatan se van a los penales. No tengo más opción que aguantarme el hambre.

Leona: Claro que tienes opción. Por que no te vas a la casa de tu madre.

Martín: No te metas con mi santa madrecita.

Leona: Jamón o peperoni.

Martín: Me da igual.

Leona calienta la pizza y se sienta del otro extremo del sillón. Suena el teléfono.

Leona: Contesta el teléfono¡¡¡¡¡

Martín: Para qué si ya sabemos que es tu madre.

Leona: /furiosa/ Está de tu lado bestia peluda

Martín se levanta y acto seguido Leona se apropia del control remoto. Baja el volumen para escuchar la conversación.

Martín: ¿Quién es? /Silencio/ Ya te he dicho que no me llames a casa para discutir problemas de trabajo. Mañana lo arreglaremos. Te veo en la oficina.

Leona sube volumen. Se escucha la locución de un documental de felinos. // Qué dice…???

Leona: ¿Quién era?

Martín: Un compañero de trabajo.

Leona: Algún problema.

Martín: Ninguno

Leona: /Exaltada/ No me engañas, ni siquiera me has reclamado que me haya metido en tu lado para cambiar de canal.

Martín: Está bien, te lo contaré. Como bien sabes, tu padre confía ciegamente en mis capacidades y ha puesto una inmensa responsabilidad sobre mis hombros.

Leona: Voy a hablar con mi padre para que te de unas vacaciones. A ver si así dejas de quejarte y de poner el strees como justificativo de tu holgazanería. Por cierto, no me has dicho de quién se trataba, no me pareció una buena forma de tratar a un subordinado. ¿Que pasó con el tono sutil que te caracteriza puertas afuera de esta casa?

Martín: Pues supongo que debe encontrarse junto a la caja en la que encerrabas tu lengua cuando querías parecer agradable.

Leona: /Enfadada/ ¡Quién era¡ Sabes que puedo averiguar que estas mintiendo y por eso no me lo dices, ¿Quién era?

Martín: Desde que dejaste de ver al doctor pastillas has estado un tanto paranoica. Era el Gus ¿contenta?

Leona: ¿Paranoica? ¿Crees que ya he olvidado lo que pasó con tu celular? Eres mentiroso y falso. ¿Sabes que voy a hacer? Llamaré a la oficina para ver si lo que dices es cierto.

Martín: Sabes muy bien lo que pasa si invades mi territorio. Debo persuadirte de que desistas.

Leona toma aire y cruza al otro lado para usar el teléfono. Martín sube el volumen del televisor y se acerca a Leona sigilosamente por la espalda sin que esta lo vea. Se apagan las luces.


Escena segunda

El sonido de los autobuses ensordece el ambiente. Un rayo de sol ilumina la sala que luce como si un tornado hubiese pasado por ahí. Martín y Leona están acostados y abrazados en el sillón. La ropa de ambos está rota y ambos lucen cansados y sucios. Leona despierta primero y cuando se da cuenta de que está abrazada con su esposa reacciona con prisa y se levanta asustada. Cuando Martín despierta reacciona de manera similar y se retira a su lado del apartamento.

Leona: /Enfadada pero sin energía/. Te odio.

Martín: /Cansado/. Te lo advertí.

Leona: Eres un animal.

Martín: ¿Animal? Tengo arañado todo el cuerpo y siento como si me hubieran arrastrado de los pelos. Estoy empezando a creer que lo disfrutas.

Leona: Estoy completamente baboseada y a apesto a caballo. /Fuera de si/. Mira la casa, parece un basurero. Cómo se te puede ocurrir que me gusta. Eres un simio orangután, perro sarnoso hijo de tu…

Martín: Con mi madre no te metas. Tu propiciaste todo esto basada en sospechas ridículas e infundamentadas. Acaso quieres volverme loco. Tu despertaste esto en mí.

Leona: Y tú en mí. No me digas que no recuerdas nada. Leona va hasta la línea y empieza a maullar y Martín reacciona colocándose en cuatro patas y olisqueando el ambiente. Suena la puerta.

Martín: Esperas a alguien.

Leona: A nadie. Se acerca a la puerta. ¿Quién es?

Matilde /off/: Soy yo, hija.

Leona: Un momento mamá, Martín acaba de salir de la ducha.

Matilde: No te preocupes hija, puedo esperar toda la mañana.

Leona hace señas a Martín para que se moje la cabeza y mientras tanto arregla su lado del departamento. Abre la puerta y aparece Matilde, madre de Leona. Cincuentona, chapada a la antigua, Frívola y sufridora como ferviente religiosa.

Matilde: Hija mía, lamento mucho interrumpirles a estas horas de la mañana…

Leona: No es molestia madre ¿Sucedió algo?

Matilde: Esta ciudad se ha vuelto un lugar muy peligroso, parece una selva llena de animales. ¿Qué es lo que huele?

Leona: Martín a estado haciendo sus ejercicios matutinos… pero cuéntame, qué te trae por aquí tan temprano. /Mira desafiante a Martín/.Tengo una reunión a primera hora .

Matilde: Entiendo hija, tu padre me ha contado que los negocios no han ido bien últimamente. /Mira de reojo a Martín/

Martín: El mundo de los negocios también es una selva, pero a diferencia de su querida ciudad, en esta todos los animales son carnívoros. La empresa de su marido, hoy por hoy, es un arrogante león acechado por jaurías de lobos que esperan pacientemente que nos quedemos dormidos. Trabajo sin descanso para que eso no suceda.

Matilde: Lo que dices suena muy bien, pero si los números siguen bajando como hasta ahora, en poco tiempo seremos unos lindos gatitos. No dejaré que eso pase.

Martín: Estoy a punto de hacer un negocio importante.

Matilde: Todos los negocios son importantes

Martín: ¿Vino a decirme que duda de mis capacidades?

Leona: Si madre, estoy intrigada, ¿qué pasó?

Matilde: Anoche, a eso de las cuatro, escuché ruidos en la calle, era como si un perro hurgase violentamente entre la basura. Encendí la luz y cuando me asomé a la ventana dispuesta a gritarle algo, el animal ya se había ido. Esperé unos minutos por ver si al animal se le ocurría volver y un rato después me rendí y fui a dormir. Esta mañana encontré la basura estaba esparcida por toda la calle. Ese animal inmundo se dio el trabajo de destrozar todas y cada una de las fundas.

Leona: Es terrible, pero no se puede culpar a un animal de su conducta incivilizada.

Matilde: Por culpa de ese perro inmundo todo el edificio sabe que uso pañales para la incontinencia. Quiero que me acompañes a comprar un arma. Si ese animal vuelve a meter sus narices en mi basura lo voy a mandar a mejor vida. Y quien sabe si con suerte mate dos pájaros de un tiro. /Dedica otra mirada de soslayo a su yerno/.

Martín: Yo personalmente le ayudaré a comprar lo que necesita, sería muy cruel de su parte herirlo y dejar que se desangre lentamente afuera de su casa. Creo que para la próxima vez, lo mejor será que llame a la sociedad protectora de animales. No me gustaría que se meta en problemas.

Leona: Es tarde, nos vemos más tarde mamá, no te preocupes, solucionaremos el problema.


Escena tercera

Leona y Martín entran abruptamente al departamento, Leona se apresura a desplazar la televisión de su lado mientras que Martín lleva el sofá al suyo. Leona no tiene dónde sentarse. Leona continua el juego y lleva a su lado todos los objetos que puede alcanzar desde su lado.

Leona: No puedes llevarte el sillón, estás rompiendo las reglas.

Martín: El televisor nos sirve a ambos. Tu empezaste.

Leona: Pero no estoy privándote de que lo veas, sin embargo, ahora solo tú puedes sentarte. Pero sabes qué. No me importa, quédate el mugroso sillón, nunca más verás un partido de fútbol. /Se sienta en el suelo/

Martín: Pero por lo menos, a mí no se me van a achatar el trasero.

Leona: Carroñero narcisista

Martín: Tengo hambre

Leona: Si no me pasas la mitad del sillón no habrá pizza para ti esta noche.

Martín: Eso si que no, está prohibido especular con la comida.

Leona: Pues mala suerte mi amor. /Empieza a comer frente a el desafiante./

Martín: /Con actitud animal/ Dame un poco o no respondo.

Leona: Solo tienes que darme mi parte del sillón, no es tan difícil.

Martín: Está bien, tu ganas.

Martín pone el sillón a su lugar y espera ansioso el pedazo de pizza que Leona pasea de manera burlona por sus narices. Leona empieza se aprovecha de la situación y empieza a bailar y a cantar. Martín adopta una posición animal y cada segundo que pasa se vuelve más ansioso y agresivo. Finalmente, ella tira el pedazo de pizza y él lo recibe con la boca abierta tal y como lo haría un animal. Mientras Martín devora su presa, Leona se pone a ver la televisión de su lado del sillón. Se escucha en off el sonido de un documental con un top ten de los depredadores más temibles.

Voz en off: //Como número uno tenemos al gato doméstico. Se tiene constancia de que es capaz de asesinar por placer más de dos mil especies distintas, desde arañas hasta poderosos voladores//.

Martín: Estará incluido el hombre en esa lista /sigue comiendo/ se conocen casos de gatos que se han alimentado de sus propios amos cuando estos pasan a mejor vida.

Leona: El amor dura toda la vida.

Martín: Tú no me amas

Leona: Tú no sabes lo que es el amor, solo tienes ojos para ti mismo.

Martín: Tu me volviste engreído.

Leona: Hice más que eso. Cuando te conocí no eras nadie. Es por mí lo que eres y tu vida entera me pertenece. Podrás permanecer aquí mientras yo lo desee.

Leona toma otro pedazo y anima a Martín a pasar al otro lado.



Escena cuarta

Es sábado por la mañana. El lugar está luce completamente destrozado. Leona está dormida y sostiene la cabeza de Martín sobre las piernas. Martín yace inconsciente, tiene la camisa empapada de sangre pero Leona no se percata de ello al principio.

Leona: Sucedió otra vez, maldición. /Se levanta enfadada/. Martín cae bruscamente al suelo/. ¡Qué te pasa grandulón¡ no quieres ir a trabajar otra vez… conozco todos tus trucos simio holgazán¡ /Ve la sangre y se asusta, aún así no se anima a cruzar para cerciorarse de que esté vivo —o muerto—.Toma el teléfono y llama a su madre/ ¡Tienes que venir ahora mamá¡ /impaciente/. ¿Sin policías? entendido.

Matilde aparece en escena vestida con una gabardina veis, carga consigo una enorme bolsa de basura naranja y su rostro está oculto con la ayuda de un jersey con capucha y unas gruesas gafas de sol.

Matilde: ¿Está muerto?

Leona: No he podido comprobarlo, tengo que ir a trabajar y no puedo arriesgarme. Necesito que lo examines.

Matilde: /Revisa el cadáver/ Lamento mucho lo que pasó hija, pude soportar que sea un cerdo machista, un desinteresado, y descomedido holgazán, y hasta pude haberle perdonado que me destroce la basura por una segunda oportunidad, pero negocios son negocios y ese bruto nos los estaba echando a perder.

Leona: Ay mamá.

Matilde: Y mi chiquitina que ya se estaba enamorando. Ahora como solo chulla vida tienes, vamos a pensar que hacemos de nuestro futuro mientras tu padre se encarga de solucionar todo.

Leona: No me digas que papá...

Matilde: No hija, pero lo llamaremos camino al centro comercial, debemos encontrarte un nuevo pretendiente.

Leona: ¿Conoces a Gus?

Matilde: ¿Quién diablos es Gus?

Leona: No lo sé en realidad, es solo que me gustó su nombre, pero no importa, le preguntaré a papá. Vámonos de una vez y quién sabe si también consigamos a alguien para tí. Que sería del amor sin el amor, o del amor después del amor.

Matilde: Bien sabes que esta ciudad es pequeña y poco falta para que todos se conozcan. Mejor hazle caso a tu madre que sabe de estas cosas. Encapricharse de un nombre es completamente inapropiado.

7 comentarios:

Martín dijo...

En portada: Rodrigo Vergara.

PD: Espero poder especificar el nombre de la obra en un futuro cercano.

liliana dijo...

un trozo de hielo, , ,

Martín dijo...

agua endurecida

liliana dijo...

el aire lo habitó

Anónimo dijo...

-¿quieres un pedazo?-

-Pues claro, te acabo de decir que tengo hambre.-

-ponte otra, de las mismas-

lele dijo...

si

Martín dijo...

Y bue...