25.7.11

Cortocircuito


Sintió como su alma era sacada del cuerpo y puesta en el vagón de una montaña rusa. En cuestión de un minuto, todos los presentes observaba con ansiedad y morbo al silente personaje. Uno a uno, buscando el extremo ridículo de las cosas, fueron abriendo sus bocas para lograr el efecto de eco, la risa amplificada de la histeria, la mueca del gusto insano, desmedido, en un evidente y claro acto de abuso; un derroche gratuito de energía colectiva que no tardó en tomar factura. Y el silencio trajo consigo las primeras esporas de remordimiento y como ya se había hecho costumbre, es decir, sin mucho discutir, se decidió sacar al espectro de la vista y recobrar la compostura. Los hubierais visto. Imaginen la sorpresa de todos al cerciorarse que el personaje de la noche no los había estado acompañando; de caminar ni hablar, ajeno al bullicio que se había formado alrededor yacía frío y tieso como una estatua. El doctor Bones, hasta entonces encubierto, se aprontó a chequearlo. La pupila no reaccionó a la luz, pero el cuerpo latía y respiraba débilmente, tal y como lo haría un reptil en estado de hibernación. Don Espalda, devoto del ejercicio, se había reído tanto que se sentía en deuda, pero por más que soltó unos cuantos pedos y resoplidos no pudo moverlo del sitio. Ya no hubo risas, solo preguntas. La señora ardilla, un poco pasada de revoluciones, propuso tapar al fenómeno con un mantel y no entenderse más del asunto; suficientes problemas tenía ya para estar preocupándose por la vida de otro. (...) Un trueno hace temblar la casa fundiendo el sistema eléctrico. El señor y la señora Buck encienden velas con fósforos de madera. El tiempo parece haberse detenido ante la mirada atónita de los invitados. El maestro Migraña informa a la concurrencia sobre la pérdida total de contacto con el exterior. La noticia provoca el desmayo de Penélope, una muchacha que para la alegría de muchos se había dado el tiempo de pasar por el lugar. El viento hace silbar a los árboles y nadie puede entrar o salir. El señor Jones hace un llamado a la calma y desaparece escaleras arriba llevándose una de las velas.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Existe un factor que se repite, ese gesto de lo incompleto o inacabado. Visión o ficción?

Mercurius ter Maximus dijo...

Pienso que se trata de un detalle, la intuición de lo que sucede tras las apariencias. Me valgo mucho de la imaginación, pero nada como vivir para contar.

lili dijo...

de re/vuelta, te/re/leo leo, , , hallo , hallo, repetido el el, , , ?
"Y el el silencio trajo consigo las primeras esporas de remordimiento"
vele/vele
ja ja
L.

Mercurius ter Maximus dijo...

Volvistesss!! Desaparezco lo que fuera invisible a mis ojos. Como siempre, gracias.

lili dijo...

en lo valioso de tus escritos FRASES (esa aparente insignificancia) incluye la sorpresa dada a ti mismo
"Desaparezco lo que fuera invisible a mis ojos"
, , , por eso volvi vea! ja ja ja, vaya a ser que me desaparezcas, , , y no halle FORMA de vivir con ello, mejor dicho sin ello, mejor dicho sin vos, sin tus escritos. Y te confieso que ME ENCANTA ESTAR.

Mercurius ter Maximus dijo...

tan bella! qué he hecho yo para merecerlo,,, si se trata de CONTAR... cuenta con ello.