20.9.11

Ultramarinos


El conversatorio se retrasó por falta de público. Terminadas las palabras del director, el encargado de la logística se apuró en mover el pedestal hasta donde visiblemente estresada, esperaba la anunciada artista. Luego de varios intentos fallidos y a pesar de la intervención de un comedido, decidieron hacer lo que debieron haber hecho desde el principio, es decir, prescindir de la base. Tras breves palabras de agradecimiento, la residente de París dio un adelanto de lo que estaba por verse; en principio: Retratos de famosos y video poemas con todo lo que se pueda meter en el medio. Abriendo el primer video, la conexión con el proyector se interrumpe y las ventanas se cierran. Entendiblemente ofuscada y disculpándose por los inconvenientes, la artista buscó nerviosamente entre sus archivos, pero, ¡oh sorpresa!, los videos no se ejecutaron. Un amigo periodista, con muy buena fe de mis conocimientos tecnológicos y por supuesto, conocedor de mi debilidad por el acento francés, me animó a ayudarla. No le di atención y seguí en lo que me encontraba. Dos minutos después, entre la impaciencia murmurante de veinte gatos, se me ocurrió de qué podría tratarse. Me senté a su lado y con la voz muy baja le pedí que cierre todo las ventanas, doce en total y por supuesto, la aplicación. Simple como efectivo. Cuando ya parecíamos disfrutar las fachadas ondulantes y de la gente duplicada, el cable de señal empieza nuevamente a fallar, acompañado de vez en cuando por el protector de pantalla. Pintura cuadrimensional en Venecia. Música y movimiento, bueno, el cable del audio no funciona y hay que amplificarlo desde la portátil con el micrófono. Terminado el video, la pintura, y como si se tratase de una maldición, o de una broma, el proyector se apaga antes de llegar a la docena. El aparato, perceptiblemente sobrecalentado, resucitó tres veces, cada vez peor que la anterior, y terminó muriéndose ante el asombro de todos y la resignación sonriente del responsable. Nuevamente las disculpas y la preocupación. Con la valentía de quien no tiene remedio, la artista llevó su charla a las diferencias existentes entre su país de origen con respecto al país de residencia. Un profesor de universidad fue el primero en hablar, lo hizo por cinco minutos y no preguntó nada. Hubo una respuesta, pero no la recuerdo. A continuación pide la palabra un antiguo colega quien luego de expresar su admiración, criticó un par de cosas. La respuesta vino acompañada de interrupciones y nuevas preguntas. Para no elevar más el tono, la artista decidió dar por terminada la participación del conocido y darle la palabra a una señora sentada a mis espaldas. Por fin una pregunta normal, pensé al oírla empezar, pero por cómo se habían dado las cosas esa noche no me dejé engañar. Sí, la conocía desde pequeña, había seguido su progreso y visto su obra, decía admirarla como mujer, pero algo en el tono la delataba, ese tono que se antepone al ‘pero’ y que es el tono del ‘pero’ mismo. Y claro, al rato la adulación se tornó en crítica y posteriormente en reclamo. En resumidas cuentas: ingratitud; luego las felicitaciones y el sincero interés de un par de jovencitas; y finalmente; las palabras de una señora matemática que flipaba con los números de uno de sus videos. Muy sobre la hora, el impaciente encargado de la sala encendió las luces.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ella, es la única artista francesa elaborada con 100% pura tradición. Una artista de calidad superior, hecha con la misma destreza y cuidado que los Franceses pusieron en sus obras.

Mercurius ter Maximus dijo...

definitivamente es ella.

Mercurius ter Maximus dijo...

Siento haberle dicho gorda a la matemática, pero creo que estamos a mano por la desconfianza.

L dijo...

uyuyuyuyyyy!!!!, , , leo y parece salí, ¿por qué vas?, te preguntaría, , , seguro me dieras respuesta, , , y, ya me dirás, a la vuelta de la esquina te hallaré para ello, para ello y,...entre otras para el maravilloso acto de nombrar, , , entonces la buscaré en internet, , , y, sonreiré, , , te sonreiré aunque ya no estés ahí, , , y, , , lo sabrás, , , seguro lo sabrás...

Mercurius ter Maximus dijo...

La maestra de ceremonias me invitó en las escaleras, :)