6.2.13

Una cara vale más que mil palabras



Hace dos semanas fui a la aseguradora de fondos para intentar retirar un dinero. No se trataba de una gran suma pero lograría sacarme de apuros. Sin entrar en detalles, se trataba de un fondo de ahorro a plazo fijo que a la vez funcionaba como seguro de vida. Las oficinas quedaban tan cerca de mi casa que de no ser por la particularidad de que solamente podía retirar el dinero un día del año, octubre 'algo' si mal no recuerdo, de seguro nunca habría logrado reunir la cantidad que intentaba retirar. Entré a las oficinas y el guardia me dio un turno y me senté por ahí. Había dos chicas atendiendo. Una, en particular, llamó mi atención mientras esperaba. Se veía tan segura de sí misma, hablaba con tanto entusiasmo. El monitor de los turnos estaba junto a la televisión. No pasaron más de diez minutos y alertado por el molesto como necesario sonidito me fue asignado el módulo tres, el de la chica. Qué bien, pensé sin la menor intención de ligar. Me bastaba con que sea amable. Se levantó alegremente, me extendió mano, me preguntó en qué podía servirme. Mientras calculaba por dónde empezar fijé la vista en el aparato de evaluación del servicio, seguro han visto uno. Le conté que me habían echado del trabajo y que quería cerrar la cuenta en vista de la crisis que dicho imprevisto había ocasionado. La reacción fue inmediata, de un segundo a otro, la alegre ejecutiva de servicio al cliente era otra persona, bueno, al menos su expresión era otra. Me pregunté en dónde había visto esa cara antes, esa mirada esquiva, ese no sé qué, pero el cerebro no me ayudó y me quedé, lo confieso, un tanto picado. Y claro, imaginen mi sorpresa de hace un rato, en que caigo en cuenta de haber vuelto a ver esa misma cara, pocas horas antes, en la clínica veterinaria. Me explico. Llevamos a castrar a mis gatos. Mi amiga LG me acompañó, debo confesar que de no ser por su gentil colaboración, para estas fechas estaría buscando casa para dos camadas de inquietos renacuajos. La dejada de los gatos, como ya me habían previsto, fue dura, y no tanto por la separación en sí /debía retirarlos por la tarde, luego de una jornada laboral en la que no los habría visto de todos modos/ sino porque desconfiaba un poco de la profesionalidad del establecimiento. Perder la virginidad no es perder nada, pero si te sacan un órgano, esa sí que es una pérdida. Uno no le puede preguntar a un gato qué le hace feliz o qué le hace falta. Supongo que es por esa razón que no los había castrado con anterioridad. Dejar ‘ser’ al gato implicaba un gasto total: desde lo afectivo /separarse de un gato, separar una familia de gatos no es fácil/; pasando por lo económico /saltar de tres a nueve gatos, más que capricho es una locura/, por lo práctico /exagerado, innecesario/, o por simple proyección / luego no habría quién los detenga ni quien lo resista/. En fin, se portaron bien cuando los pesé. Sin duda mejor de lo esperado. Los gatos estaban sumisos, abatidos por el obligado y claustrofóbico viaje en las cestas, vencidos por el calor, o porque no les quedaba más. Llenaron la ficha y me hicieron pasar, gato por gato, a un cuarto lleno de animales y de olores. Metí al Sálem en la celda primero, y cuando quise meter a la Suka, me arañó y me tocó salir a perseguirla por el pasillo hasta el consultorio de uno de los veterinarios. Al segundo intento, no sin resistencia, logré meter a la gata a la celda. La Sukini no dio problema. La herida sanó, no hubo pérdida. Gatos en posición, busco a LG y nos acercamos al cuartito, un lugar atípico para el que está acostumbrado a ver el equipo tradicional de un doctor que medio se precie. El veterinario se presentó a sí mismo como el doctor fulanito, ni idea. Y las preguntas de rigor tanto para obtener información de los animales como de mi persona, tutor de los mismos. El caso es que firmando la autorización de cirugía se me ocurre decirle, no recuerdo con claridad, /me salió del alma/ algo como: mire doctor, la Suka es mi vida, los otros dos no me importan tanto, me importa ella, es muy, muy especial para mí. Y entonces me pone esa cara...

8 comentarios:

So dijo...

Es una cara de usted está loco cómo se le ocurre, o qué tipo de cara es?

Martin Hervás dijo...

Me hice el retrato con una aplicación que encontré por ahí. No encontré mi peinado en despeinado, jeje. Pero algo tiene.

Isis de la Noche dijo...

:S o :/

know it :)

L. dijo...

caras vemos, corazones no sabemos, ja ja ja

Martin Hervás dijo...

Todo salió bien después de todo. No debería quejarme tanto...

LG dijo...

algo me encanta del tiro y retiro, en el mismo papel, la misma moneda, cara o cruz, , , la misma cara, y a la final te dieron o no te dieron los fondos del mismo fondo?

Martin Hervás dijo...

ya me gasté también, jeje

The Pilgrim dijo...

Y qué pasó con la chica de la caja de seguros?