5.2.13

Delirios de un ogrólatra de tocador


Invoco mi reflejo 
y el reflejo de la sombra saca su peor rostro, 
los malos tiempos 
la mueca de tanto insistir, 
la deslustrada dentadura, 
el hueco de lo que se fue dejando un enorme vacío. 
Defectos de fábrica y etcéteras, 
luces grasientas, 
sombras secas, ojos rojos, caspa. 
Levanto los brazos, 
el reflejo de la sombra es un espantapájaros, 
el aire empieza a viciarse de aliento, 
lavo mis manos y el asco desaparece, 
imagino una mujer de tetas pequeñas, 
pero el reflejo imagina una negra de grandes caderas 
la sombra celebra y el espejo se empaña 
el algo al que hay que obedecer 
hace el ridículo y desdobla su propia máscara 
como parte de un acto cínico, 
en absoluta ausencia de público 
mientras dice en voz alta, 
que nada le hace falta. 
El gesto complace,
el ego de la sombra deja vivir la idea 
como un mármol romano, 
que ante el menor cambio de luz 
no es más que un garabato. 
La sombra obedece, 
la aguja de cronos se desgasta, 
el tiempo salta de un lado al otro del espejo. 
Parece haber un faro en algún lugar, 
un faro lejano desde donde viene cantando una voz, 
una voz que se transmite como la luz, 
cálida y nítida, 
voz que parece emanar de uno mismo 
voz que es la sombra del reflejo que se manifiesta. 
Los segundos se decantan en el olvido, 
el ego está de fiesta, 
y la proyección de la sombra obedece, 
y el reflejo, 
y la sombra, 
coinciden sin estar de acuerdo, 
en consecuencia de su forzada simultaneidad.

2 comentarios:

LG dijo...

la sombra obedece
la voz es el reflejo de la sombra

bien!, vea, no le vayas a mochar, a la sombra digo.

Martin Hervás dijo...

suficientes mochedades por este año, jeje :)