1.12.08

... y hacer burbujas de amor en tu pecera


Hay momentos de reflexión aguda en que las ideas bombardean la conciencia y el ser se retuerce en el inconsciente. En este estado de ingravidez, se desarrollan ideales, se calculan procesos, se construyen sueños. Cuando se agudiza el sentido, nada escapa al análisis, todas las posibilidades son consideradas. En fracciones de segundo nos hacemos una idea de las cosas y pocas veces nos equivocamos.

Abrí el correo electrónico, su nombre aparecía en el buzón de entrada. Tomé aire y di doble clic al mensaje. La ventana se desplegó. «Estoy embarazada. He repetido la prueba tres veces y en todas salió positivo. Quiero hablar urgentemente contigo porque he decidido tenerlo».

Cerré el mensaje y me puse a ver dibujos japoneses para luego quedar profundamente dormido. Me desperté asustado a eso de las tres de la mañana. Aún recuerdo el sueño. Estaba en la casa en la que viví cuando era muy pequeño. Fui hasta la sala y vi la hermosa pecera de mi padre, dos peces, uno de color negro y otro rojo, daban vueltas sin percatarse de mi presencia. Miré los peces, sus bocas se abrían y se cerraban. Tomé una silla y me subí a ella para ver mejor. Al lado de la pecera estaba el alimento para peces. Empecé a alimentarlos, primero un poco, luego otro tanto, así hasta acabar con el frasco, luego me fui a acostar. Cuando mi padre llegó, lo escuché lanzar un grito; sus pasos hicieron temblar el pasillo. Tapé mi cabeza con la almohada, y luego, todo se fundió en un profundo negro. Abrí los ojos, ya era de día pero seguía siendo un niño. Mi madre estaba desayunando en la cocina. Le hice una pregunta pero no me respondió, llamé su atención pero no se percató de mi presencia, le grité, pero no me escuchó. Parecía un robot sin tarea. Esa noche mi padre no llegó a dormir.

2 comentarios:

LilianaGutiérrez dijo...

Me gusta el giro, las figuras imposibles, que cabe en la ilusión que hace de esa perspectiva del mismo plano un mismo objeto que, vistos desde diferentes puntos, lograron ocupar dos posiciones en espacio, creando una ambivalencia en su orientación,
Y la magia de la tridimencionalidad lo conseguiste vea, formas parte del arte óptico, desde mi vista, eh! que veo a mi padre que esa noche no llegó a dormir. Bien!

Martín dijo...

Una mentira disfrazada de verdades! ...como la vida misma.