2.2.09

La terraza


Como el noventa por ciento de las veces llegamos sin avisar. Andrés no pudo disimular su fastidio desde el otro lado del citófono. De seguro tenía algún programa y veía en nosotros una amenaza a sus planes. Tuvimos que insistir para que nos abra la puerta.

El departamento quedaba en el tercer piso de la casa, era un lugar amplio y luminoso. Pero claro, ya era de noche. Al entrar, vimos a un amigo de Andrés tocando sentidamente una balada. Andrés descansaba de medio lado sobre una de las camas con una vaso de cerveza en la mano. En la cama de enfrente, sentadas y aburridas, estaban un par de peladas.

La situación, en principio, resultó de los más extraña y absurda. El tipo de la guitarra estaba más preocupado por su guitarra que por otra cosa, Andrés, por su lado, estaría de seguro imaginando que en un momento u otro, alguna de las chicas saltaría a sus brazos muerta de amor.

Pasaron algunas horas y todo seguía igual. El amigo se tocaba un tema tras otro y ya estaba medio borracho, Andrés no se quedaba atrás y si tenía interes o intención de agarrarse a una de las peladas había sido un fracaso absoluto. Esperé una de sus incursiones al inodoro y jugué mis cartas. Me acerqué a una de ellas y le pregunté al oido si quería conocer la terraza.

Sin necesidad de entretelones empezamos a besarnos. A los cinco minutos salió Ronny con la otra. No pasó mucho tiempo antes de constatar que salieron a hacer lo mismo que nosotros. Cuando Andrés de percató de la situación se hizo el de la vista gorda y regresó con su amigo. Juntos entonaron una canción de Sabina. Cuando volvimos a entrar –media hora después- Andrés y su pana estaban profundamente dormidos. Un par de botellas vacías, un cenicero repleto de colillas y una guitarra.

Con toda la pena del mundo tuvimos que despertar a Andrés para pedirle un poco de dinero. Silenciosamente, sacó un par de dólares de su billetera y nos hizo un gesto con la mano a modo de despedida. Camino a casa no podíamos parar de reír. Rony se recordó una canción de ilegales que resumía muy bien el espítitu de la noche.

«Llegamos a la fiesta / Sin estar invitados / Llegamos a la fiesta / Sin estar invitados / Nos bebimos su bebida / Nos comimos su comida / Metimos mano a las chicas»

Al otro día nos invitaron a salir. Llegamos antes de la hora indicada. Estábamos preocupados, había que verlas sin el efecto embellecedor del alcohol. Cuando aparecieron, nuestro primer instinto fue dar media vuelta y regresar por donde vinimos. Saludamos con un besito en la mejilla —sacando el culo— y a los cinco minutos nos descolamos.

Cuentan que Andrés siguió llevándose con ellas. Me pregunto si ya logró meter mano.

9 comentarios:

lappel dijo...

cuánto tiempo transcurre entre éste texto y ...de esta habitacion, al espacio exterior?

Martín dijo...

Uno mes y un poco más de una semana. ¿Por?

lappel dijo...

Por la abismal diferencia, verás, en el texto del relato: …de esta habitación al espacio exterior, muestras mayor madurez, parece tuvieran años de por medio.

Martín dijo...

No enseña nada solo trata de contar algo. Refleja el espíritu de la época.

Anónimo dijo...

Enseña, vaya que te muestra!,, , , cuenta algo y refleja el espíritu de la época, , , me gusta!, , , especialmente tu propuesta al oido, ja ja ja.

lolita dijo...

Así que susurrar al oído... a los hombres les resulta muy fácil no? Las mujeres tenemos que hacer maromas jejeje...

Voy a dar una fiesta,
y no os voy a invitar.
Pero quiero que vengáis,
y que entréis por la cara.

Que os comáis mi comida,
que os bebáis mi bebida.
Y metáis mano a las chicas.

Martín dijo...

Wishpering in my ears¡
Put your ligths on, put your ligths on.

ronny dijo...

me encanta la forma de relatar no paro de reirme y creo que me voy a orinar, sigue adelante, tus relatos son de entendimiento facil. Viva Herbas, vivan sus historias. proximamente, RODO, RODO Y CON SU GRABADORA ROTA SE QUEDO. JAJAJAJAJAJA

Martín dijo...

proximamente... es una historia con mucho, mucho vértigo