6.1.10

La vida sin Nietzsche


Conseguí trabajo bien pagado en una pequeña corporación. Dos meses después, harto de las faldas de mi madre, alquilé una camioneta y me mudé a vivir solo en una gran ciudadela al extremo norte de la ciudad. Sin mucho buscar, había conseguido un pequeño departamento frente a la cancha de volley de un descuidado pero funcional parque. A mis espaldas, parecía no haber nada, el pavimento desaparecía y la tierra se secaba. Detrás del parque estaba el coliseo de la súpermanzana, una ciudad se extendía más allá pero -al menos desde mi ventana- no se la veía. No he vuelto a ese lugar en años pero imagino que se mantiene igual. Es curioso, todo el que vuelve llega tarde. Lo llamé Nietzsche por sus largos bigotes y por su color negro como noche. Amaba a ese gato. Un día me llamaron para que me haga cargo a lo bien. Pagué un taxi para que el animal no se estrese. Llegé a la cueva, lo saqué de la maleta y lo senté en mi sillón. Luego lo subí a la repisa y esperé a ver lo que hacía. Luego a jugar con el palito, luego el esfero, luego la soguita, etc... ya por la noche, el pequeño gato negro insistió y lloró para que lo dejé entrar bajo las cobijas. Llegó a la altura de mi cintura y descargó su vejiga. Actué lo más rápido que pude, lo tomé del cuello y lo lancé lejos, cerré la puerta del cuarto y me dormí. Me sentí mal por el animal. Al otro día, intenté fingir que no me molestaba haber tenido que dormir sobre la sábana de arriba tapado por la cobija de abajo. En fin, con la ayuda de un hilo blanco volvimos a hacernos amigos y y lo volví a subir al librero y encima de la tele y etcéteras. Por la noche le expliqué que había perdido mi confianza y que tendría que dormir en el sillón de la salita, como la noche anterior. Era entonces que ponía esa carita de ángel-demonio. Al final me ablandé y el animal repitió su hazaña de manera idéntica a la noche anterior. Es gracioso, mientras volaba por los aires, seguía soltando el residuo de la abundante leche que imprudentemente le había servido para cenar.

6 comentarios:

lolita dijo...

Es es lo que yo llamo una muestra de amor-odio...

lappel dijo...

m m m bien vea!,
"La vida CON Nietzsche"

Gabiru dijo...

Una sencilla y muy buena historia, estoy de acuerdo con lo que tú dijiste: salvo a enero, gracias Nietzsche me permitiste salir de la monotonía de mi escritorio por unos minutos

LG dijo...

Como se llama tu nuevo gato?

Martín dijo...

Zero

lele dijo...

oye man, tu gato aprendió a cantar, , , !!!, cierto vea!, , , y es esa canción que suena, , , "por qué me abandonaste??? , si tanto te querííía!!!!!". Cuándo vuelves, ve?!
(Carnavales de Ambato)