10.7.11

La memoria recobrada


Cuando tenía cinco años de edad levantaba castillos. Mi padre, conocedor del arte de la carpintería y el bricolaje, talló, pintó y lacó un buen surtido de columnas, cubos y prismas de diversos tamaños para que su hijo desarrolle nuevas destrezas, pero sobre todo, para que no note su ausencia; o mejor dicho, para que vaya acostumbrándose a ella por lo que le restara de vida. Cómo es de implacable la vida con los descuidos. En la mitad de un día cualquiera aparecieron dos hombres con la noticia. Mi madre corrió a su habitación y cerró la puerta. Edificaba altos castillos y luego buscaba a mi hermana para que se siente encima con sus enormes pañales. Desde temprana edad entendí que la destrucción era un factor determinante en el desarrollo de cualquier técnica. También recuerdo que por esos tiempos, entre un montón de cursilerías que no vale la pena mencionar, dibujé un dragón rojo de la serie animada Calabozos y Dragones. Hace poco revisé un par de capítulos en internet para probar el estado de mi memoria y me encontré exactamente con lo que había esperado. El arquero era afeminado, el mago muy tonto y el bárbaro demasiado bruto para mi gusto; luego estaba el amo del calabozo; un demonio pálido que acechaba los cielos sobre un imponente corcel negro. Escogí la bestia, sí, las cabezas parlantes con identidad propia, las lenguas viperinas, el aliento de fuego. Mi memoria está repleta de largas caminatas, al principio por la urbanización y luego más allá de sus límites; caminaba con la vista al suelo buscando monedas y rebuscaba los basureros; nunca me sucedió nada malo y ahora que lo pienso me sorprende. Recorría las calles en busca de objetos de valor o de intercambio. La colecta tenía un propósito, un vicio del que hasta hoy no me desprendo. Al gusto por lo oscuro y la comprensión del poder de la destrucción se añadió un ingrediente de carácter lúdico y perfil adictivo. Primero me envicié con los submarinos; poco más tarde encontré un juego de comandos en un bar cerca del parque, hasta que finalmente, del otro lado del puente y en dirección a la estación, abrieron una sala de máquinas que se convertiría en mi segundo hogar. Recuerdo que una de tantas veces, en que luego de haber realizado con éxito alguna productiva fechoría, llegara dispuesto a lograr la acrobática patada aérea en el juego del karateka y fuera recibido por las mágicas notas de la más sugestiva canción de Eurithmics. Habiendo perdido el miedo a los mayores y el respeto a lo privado, empecé a ayudarme de un destornillador que robé en una carpintería, pero como muchas veces en el futuro fui víctima de mi éxito. La frecuencia se volvió una rutina y luego una necesidad. Fue entonces que fui descubierto y de la segunda casi no vivo para contarlo. En un acto de conciencia, cuya madurez nunca terminaré de celebrar, me puse de espaldas al río y no de muy buena gana, pero en gesto firme, me deshice de la herramienta. Apenas escapó de mis manos sentí el deseo de recuperarla pero ya era demasiado tarde, los ojos que observaban atentos el flujo de la corriente tenían un brillo distinto. Un brillo que solo desde la oscuridad se percibe.

10 comentarios:

So dijo...

Hey, me parece que logré superar los inconvenientes y bloqueos para poder entrar a tu blog a comentarte. Si funciona, soy una genio! jajaja

Ahora, en el tema del post, tus recuerdos son poco comunes, viste que desde cierta edad todos casi recordamos lo mismo? me refiero a los juegos y los programas, o las golosinas. De lo tuyo, ninguno se me hace familiar, quizá por eso es que me ha gustado tanto, porque prefiero la falta de identificación. Al final, sería casi preferible que ese ataque de madurez en dónde lanzaste tu herramienta al río, nunca hubiera pasado, pero son momentos de lucidez, y está bueno tenerlos. Siempre puedes apropiarte de nuevas armas, si lo que harás con ellas, no sea sólo por un sentido de falsa "rebeldía".

Mercurius ter Maximus dijo...

Justifico la rebeldía fundamentada en causas justas, /como burlar bloqueos para acceder a nuevos contenidos/ en estado de permanente reflexión, diferenciando lo que te hace crecer de lo que te destruye. Todas las posibilidades, todos los caminos, convergen en un solo instante llamado presente.

Anónimo dijo...

Es bastante curioso como nosotros podemos llegar a distraernos tanto de la realidad que nos metemos de lleno con lo que tenemos alrededor, con "objetos" que nos llaman la atencion, aunque tenemos al presente, la distraccion se vuelve parte importante de lo que queremos vivir.. aunque parezca ausente uno siempre está consciente de que estos "objetos" son el escape, que nos ayudan a salir adelante, pero, tengamos la edad que tengamos y nos distraigamos con las maravillas que vemos,sentimos, tocamos.. ahí está siempre.. la sombra de la realidad, alado, haciéndonos compañía..

Mercurius ter Maximus dijo...

me gusta mucho la idea de estar siempre acompañado, aunque solo sea de sombras.

Anónimo dijo...

Si.. tienes razón..

Lele dijo...

ese pero, me encanta


pero como muchas veces en el futuro fui víctima de mi éxito

Mercurius ter Maximus dijo...

una peculiar manera de victimizarse,,, diga.
;)

Lele dijo...

es como dijo Anonimo> (anonimo lleva tilde, pero este teclado no deja) esta sombra de la realidad,al lado, haciéndonos compañía..
tambien me considero una victima con exito,(en este caso particular) ja ja ja, que no es lo mismo que una exitosa victima, , , ni... dificil confiar en las traducciones, diga? Es como dijo Anonimo> (anonimo lleva tilde, pero este teclado no deja) esta sombra de la realidad,al lado, haciéndonos compañía..

Mercurius ter Maximus dijo...

Cuando dices que nunca pierdo, que tengo suerte, me veo como victimario, pero todo tiene su revés... una fuerza de alcance similar, puesta en reversa, de una manera muy bella.

lele dijo...

oye!, leyendo bien, , , anónimo (ya tiene tildes el teclado), anónimo dijo
"la sombra de la realidad, alado, haciéndonos compañía.." capaz que quiso decir con alas, , , uyuyuyyy, , ,yyyy, con tu pero vea!!!, TODO TIENE SU REVÉS y porsupuesto en un sentido muy bello, ja ja ja, , ,