
¡Alcohol¡ ¿Dónde hay alcohol? Muy bien… Vasos, vasos, vasos… por aquí hay vasos vacíos, por aquí medio llenos…, por aquí tres cuartos. ¡Disculpe! ¿Es por allá la cocina? ¿Recto por el pasillo? ¡Perfecto gracias! La cocina... Una botella de tequila sobre una mesa blanca y media botella de ron olvidada sobre una lavadora roja. ¿Y ahora qué?... ¡Ya sé! …Un shot de tequila para el frío y un vasito de ron para mantener el calor. ¡Ahora si…! ¡Dónde están las chicas!
(…) Observar, esconder el deseo, mantener la calma y dejar que las cosas sucedan. Los fracasos tempranos pueden desencadenar más fracasos y uno puede terminar siendo el apestado de la fiesta. ¿La táctica? Simple. Todos tenemos alguna gracia y la mía es ser gracioso. No me quejo. Aunque claro, antes de ser payaso profesional lo hacía con frecuencia. Llego a la sala y me deslumbro con un par de largas piernas envueltas en medias de seda negra. Escaneo de abajo arriba. Por encima de la rodilla aparece un vestido generosamente torneado por unas anchas caderas. Está de espaldas y no puedo ver su rostro. Doy la vuelta manteniendo cierta distancia y me hago invisible para poder observarla un poco. Luego de reconocer el territorio —el arte de la guerra— y de asegurarme que estuviera sola, me acerqué.
—¡Hola!
—Hola.
—¿Sabes? Te vi desde el otro lado de la sala y me pregunté si te molestaría que te pregunte algo.
—¿Eres amigo de Fulanito?
—¿Fulanito?
—¡El cumpleañero!
—No… la verdad no. Vine de colado. He llegado a la conclusión de que paso mejor en los lugares a los que no me invitan.
—¡Ja, ja, ja¡
—¿Tú que tal? ¿Eres su hermana? ¿su prima?
—No. Soy amiga de Fulanita, (…) …la hermana del cumpleañero.
—Vaya que gusto. Me llamo Menganito.
—¡Susanita! ¡mucho gusto!
—¿Eres casada?... ¿soltera?
—Casada, tengo dos hijas. Una de cuatro y otra de tres.
—¿Donde están ellas ahora?
—Supongo que con su padre. En casa de mis suegros. Seguramente están dormidas.
—Y… ¿te va bien?
—Supongo. Ja ja ja.
—Ja.. ja.
Un buen intento pero lastimosamente no me gustan los tríos. Regresé a la cocina y dupliqué el combo. Una falda verde buscaba sal para su tequila.
—¿Qué buscas?
—¿Qué te importa?
Eso fue grosero. Tenía que bajar mi nivel u olvidar mis principios. Entonces fui a la terraza. Tres chicas formaban un triángulo —si hubiesen sido cuatro habrían formado un cuadrado, dos, una línea— sus pies apuntaban a la puerta por donde entré y obviamente —aunque no lo hayan hecho notar— me vieron entrar y hacerme el tonto por el filo de la terraza. El trío estaba compuesto —no es del tipo de tríos al que me refería anteriormente— por un ceñido pantalón blanco acompañado con una fina-transparente camisa blanca con flores, zapatos blancos y diadema del mismo color; una falda de cuero negra, camisa negra y labios rojos enmarcados con graciosas ondas de cabello y; un vestido de encaje blanco-azul de bandas horizontales con ojos verde de mar.
Me acerqué un poco para escuchar su conversación. Hablaban de lo aburridas que eran sus clases en la universidad, criticaban a un tal Doctor M por dictar las clases más aburridas de la facultad y por ser novio de la más apestada del curso. Antes de que cambiaran de tema…
—¡Hola¡
—Hola (por dos, una ni siquiera se molestó en saludar)
—Les escuché hablar del Dr. M. (sus rostros empezaron a tornarse graves. La camisa negra cruzó los brazos sobre su busto y el vestido de encaje se tapó la mano con la boca).
—Sí, nos está dando unos seminarios. (La camisa blanca con flores)
—Qué curioso, es mi tío (Ni siquiera lo conocía pero sabría manejar la situación si no me daba un ataque de risa).
—Qué bacán… ¿tu eres? (La camisa negra)
—Menganito M.
—¿Y qué estudias? (El vestido de encaje)
—Actuación, ¿Cómo se llaman?
—(Una de ellas se apresuró a contestar por las tres) Marcy, Chali y Vero.
—Bueno, ahora estamos a mano —dije.
—¿Por qué? —preguntaron.
—Porque estoy tan seguro de que esos no son sus nombres como de que no conozco a ningún Dr. M. Es que vine solo y pensé…
Sin dejarme terminar, el vestido de encaje me golpeó con su bolso blanco. Las otras dos hicieron gestos desagradables y se fueron indignadas.
—Lo de la actuación fue cierto ¿verdad? —dijo el encaje blanco—
—Tambien fué una mentira —agaché la cabeza— ...soy diseñador gráfico.
—¡Oh, qué lástima! ...me habría gustado tener un novio dramático.