
—¡Hay monstruos en la cocina!
—¡Monstruos en la cocina!... ¿tienes mata monstruos?
—Creo que me queda un poco...
—Entonces... ¿Por qué no lo usas?
—No creo que baste... ¿me acompañas?
—(nervioso) ¿Es necesario?
—¡No pongas esa cara! ¡Necesito que los veas!
—¿Tan grave está la cosa?
—¡No me digas que le tienes miedo a una inofensiva familia de monstruos!
—(preocupado) Si te caen tan bien por qué quieres matarlos.
—Yo no he dicho eso, la verdad es que ya me he encariñado con un par de ellos. Son seres muy listos...
—¡Para conseguir lo que les interesa!
—Los perros hacen lo que sea por comida...
—¿Estás comparando un perro con un monstruo?
—Un monstruo bien alimentado es un monstruo feliz
—¿Has visto monstruos felices?
—Hace días que no. El hambre les pone de mal humor pero siempre reaccionan bien con las visitas. ¡Se pondrán muy contentos cuando te vean!
—Tal vez otro día…
—Les he hablado muy bien de ti.
—¿Qué les has dicho?
—No mayor cosa, lo suficiente como para despertar su interés.
—¿Debo preocuparme?
—No si te tomas esto...
—¡Debes estar bromeando...¡ !No te saldrás con la tuya¡ Eres despreciable...
—Todos dicen lo mismo... ¡Ahora Chuck!
—¡Ahaaaarrrgggg!